Hasta que el divorcio nos separe

por Maite Ruiz Aquerreta

El matrimonio «hasta que la muerte nos separe» es cosa del pasado. Hoy en día por diferentes cuestiones las rupturas de parejas con o sin matrimonio, y con o sin hijos, están a la orden del día, y ahí están las estadísticas para constatarlo.

El aumento de la esperanza de vida, las costumbres y hábitos actuales, así como la evolución y cambios de nuestra sociedad a todos los niveles (económico, político, social, educacional, relacional, etc…), facilitan que se haya instaurado en nuestro inconsciente colectivo, aquello de que el matrimonio para toda la vida es una cosa del pasado. De hecho la dificultad de las personas para romper su pareja es cada vez menor.

Sin embargo, la mayor o menor facilidad para hacerlo dependerá en buena medida de si se trata de un divorcio de mutuo acuerdo o uno contencioso.

La diferencia entre ambos tipos de divorcio es enorme. A pesar de que todos sabemos que el mutuo acuerdo es más recomendable, no siempre es posible. La gestión de las emociones en momentos de crisis como es la ruptura de la pareja o de la familia, no es fácil. No todos podemos enfrentar esta nueva situación que en ocasiones no esperamos, de manera serena, y suele ser ese cataclismo emocional, el que no permite que seamos capaces de elaborar un divorcio consensuado con la persona que ha sido nuestra pareja durante años, pero que ahora no reconocemos y nos despierta unos sentimientos tan negativos.

El modelo de mutuo acuerdo tiene muchas ventajas. La primera es el plazo de tiempo en el que se resuelve, que es mucho más corto y en el que el ritmo temporal estará marcado por los protagonistas del divorcio. Otra importante ventaja tiene que ver con los costes. Puede ser que solo haga falta la intervención de un abogado y un procurador y que se presente la demanda de manera conjunta, en lugar de dos abogados y dos procuradores necesarios en el divorcio contencioso. También el mutuo acuerdo puede elaborarse a partir de la negociación de los abogados de cada uno de los miembros de la pareja. Siempre es mejor que el contencioso, pero en estos casos la ventaja del ahorro de costes por intervención de menos profesionales, no existe.

Para divorciarse, es necesario elaborar un documento que recoja diferentes medidas que van a definir la relación y la vida de los divorciados. Es lo que se conoce como convenio regulador. Las estipulaciones que tienen que aparecer en él son: atribución del domicilio familiar, pensiones compensatorias o de alimentos a hijos en común, patria potestad y todas aquellas medidas que tienen que ver con sus hijos, a los que tienen que mantener, y con los que deben seguir conviviendo.

Además de la redacción de un convenio regulador de divorcio, es habitual que la pareja, durante su vida en común haya acumulado dinero o bienes que, si su régimen económico matrimonial es de gananciales (o conquistas en Navarra), tienen que repartir. Esto supone componer dos lotes proporcionales, teniendo tanto en cuenta las deudas como los bienes. Si la pareja se pone de acuerdo acerca de este asunto, más mercantil que matrimonial, pueden añadir su propuesta de liquidación a la demanda de divorcio. Aunque este asunto patrimonial puede hacerse en cualquier momento de la vida matrimonial y por causas que no tienen nada que ver con un divorcio, acudiendo a un notario.

Nuestro modelo de trabajo en asuntos de divorcio, desde luego es el de llegar a acuerdos sobre los que elaborar el convenio regulador.

Pero como entendemos que se debe empezar por el principio, lo idóneo es que nos llaméis, os damos cita y en una primera reunión con ambos a ser posible, os explicamos todo lo que necesitáis saber sobre el camino que habéis decidido emprender, para que podáis decidir qué es lo que queréis y necesitáis para marchar con paso firme y seguro en esta nueva realidad que es el divorcio.

¡Seguimos en contacto!

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