Y tus Navidades…. ¿bien o en familia?

por Maite Ruiz Aquerreta

Se estima que más del 80% de la población percibe síntomas de estrés, ansiedad, melancolía o depresión en Navidad.

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“Noche de paz, noche de amor…”. La letra de este popular villancico navideño que refleja el sentido de la Navidad se esfuma en muchos hogares donde sucede precisamente lo contrario: los conflictos familiares se descorchan de forma incontrolable, como el tapón de una botella que sale disparado hacia el techo, y pueden convertirse en el detonante de una ruptura familiar. El mayor número de divorcios tienen lugar después del verano, y en segundo lugar, después de la Navidad. Asimismo, son muchos los familiares que dejan de hablarse después de las fiestas navideñas. Pero, ¿quiénes son los principales protagonistas de estos desencuentros navideños y por qué? Incluso, en familias que en apariencia no tienen ningún problema y parecen llevarse bien… ¿Qué es lo que ocurre?

Los conflictos que tienen lugar en estas fechas, pueden ser asuntos que tenemos en estado de latencia, adormecidos durante el resto del año, o pueden ser propios de estas fechas y causados por la toma de decisiones que implican.

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Entre las situaciones que actúan como factor gatillo, se advierten las siguientes:

La falta de comunicación en la familia, bien por omisión, o bien porque la comunicación es inadecuada. Para evitarlo, se recomienda probar la comunicación asertiva, es decir, una comunicación eficaz libre de emociones que puedan hacer sentirse a las personas como víctimas o verdugos.

Una mala planificación del tiempo y la economía de las navidades, es decir, tomar decisiones sobre el calendario de fiestas, las compras, los platos que se van a preparar, los regalos… y compaginarlo con el trabajo es una fuente indiscutible de estrés.

Tener expectativas demasiado altas o irreales pretender dar cenas de lujo sin tener dinero o esperar que te toque la lotería, por ejemplo, pueden llevar a sentirse frustrado, o tener actitudes. Para evitarlo, tanto en Navidad como en la vida, lo recomendable es marcarse metas y objetivos difíciles, para que motiven, pero reales y alcanzables, para que no generen frustración.

Dicho esto, las medidas a tomar respecto a los conflictos que surgen en estas fechas por los preparativos a realizar, serán:

Planificación previa. Es recomendable planificar las fiestas navideñas antes de que lleguen, y si es con el consenso de todos, mejor! Compras, comidas, cenas, regalos….

Colocación en la mesa. El enemigo mejor al lado que enfrente porque el contacto visual puede hacer que salten chispas, aunque lo ideal es cuanto más lejos en la mesa, mejor

Piensa en los demás. Aunque estés incómodo en alguna celebración, piensa en los demás, especialmente en los niños y las personas mayores, para los que las fiestas tienen siempre un valor añadido.

Cuidado con el alcohol. El alcohol desinhibe para lo bueno y para lo malo. Si la situación no es la mejor con tu familia, intenta no pasarte con las bebidas alcohólicas, ya que correrás gran riesgo de crear situaciones comprometidas.

Piensa que es temporal. Aunque en mitad de la celebración familiar te parezca que ya no puedes más y que la situación es insufrible, párate y piensa que, en unas horas, podrás estar disfrutando de nuevo de la tranquilidad y la paz solo con las personas que tú elijas.

Evita temas problemáticos. Además de no aprovechar para sacar a colación viejas rencillas, procura evitar temas problemáticos como  política, religión, futbol….

Por ultimo pero no menos importante, utiliza el sentido del humor…. ¡puede con casi todo! Un comentario simpático ayuda a relajar el ambiente.

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Respecto a los conflictos latentes, suele haberlos en casi todas las familias y pueden ser por diferentes motivos. Por ejemplo, esos cuñados entre los que siempre ha existido una relación “fría”, o ese testamento que hemos tenido que gestionar y hubo problemas por la adjudicación de los bienes, o nuestra empresa familiar que atraviesa ciertas dificultades y no sabemos como abordar,  o la relación entre nuestra hermana y su marido, que todos sabemos que atraviesa un momento muy delicado como pareja, y un largo etcétera de situaciones diferentes por diferentes causas que nos alejan y no sabemos cómo resolverlo.

Con este panorama el solo hecho de pensar en sentarte en la misma mesa todos, a comer y cantar villancicos, se visualiza como la mayor de las torturas.

La primera opción, es que aquellas familias que tengan conflictos abiertos de este tipo u otro similar y que no los hayan solucionado pueden optar por no celebrar las Navidades juntas. Lo idóneo será poner sobre la mesa la conveniencia de intentar evitar situaciones que no hagan más que agrandar las crisis abiertas, aceptarlo todos y dejar la celebración familiar para cuando se hayan resuelto.

Tenemos la idea de que la navidad es una fiesta para celebrar en familia pero no pasa nada porque un año no lo hagamos así. Quizá esto permita suavizar el ambiente y que en el año que viene se puedan abordar y solucionar los conflictos. Nosotras estamos trabajando diferentes procesos con familias por diversos conflictos y una de ellas ha decido precisamente no celebrar las navidades juntos para evitar roces que podrían perjudicar el proceso de mediación y los futuros acuerdos.

Pero si, pese a estos conflictos latentes, decidimos celebrar la navidad en familia, nuestra sugerencia es que hagamos un “kit kat” durante este periodo y dejemos los asuntos que nos separan aparcados hasta el día 7 de enero.

Y por supuesto si no queremos permanecer en esta situación, pongamos los medios necesarios para que en transcurso del año 2017 podamos solucionarlo y celebremos todos juntos la próxima Navidad.

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¡Seguimos en contacto!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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