Agua, agua y más agua

Dicen que al enemigo, ni agua. No se le puede conceder ni medio metro, ni un aliento, ni un pase, ni una pérdida ni medio miligramo de esfuerzo. Y cuando lo veas en el suelo, moribundo, hay que rematarlo. Nunca dejar que se levante, que recupere un hálito de vida o que siga respirando porque, como las cobras, te morderá y no te dará segundas opciones. Pues Osasuna es esa ONG que va levantando moribundos, que no es capaz de apuntillar al rival, en este caso el Nàstic, que no conocía la victoria esta temporada. Hasta la visita de los rojillos, claro.

Manu del Moral celebra con un compañero el gol del Nàstic ante las cabezas gachas de Aridane y Lillo. LFP

Manu del Moral celebra con un compañero el gol del Nàstic ante las cabezas gachas de Aridane y Lillo. LFP

Ni agua, ni pan, ni la mano para levantarse. Esa es la actitud para ganar en esta vida. Es triste, es lamentable y poco solidario, pero en esto del fútbol las cosas están escritas hace más de un siglo, y siguen imperando hoy en día. Los rojillos tenían una buena ocasión para lavar la imagen de visitante, denostada para los intereses de la parroquia navarra en el dubitativo arranque de campaña en el que el proyecto está todavía sin asentarse. Dos visitas y dos derrotas. Tres goles en contra y ninguno a favor. Se puede mejorar…

Osasuna nadó en la orilla del Nou Estadi de Tarragona, una tierra que tanto conocemos los de estos lares, para morir en la orilla y sin premio. Estéril viaje cuyo castigo se prolonga con la lesión de Xisco y cuya medio buena noticia es el papel destacado de Brandon Thomas, un chaval que nos puede dar mucho, que se erigió en el mejor del equipo. Por lo menos sobre seco, ya que sobre mojado…

Nunca mejor dicho. Llueve sobre mojado, y es que los errores de Mallorca y Granada se repitieron hasta la saciedad, hasta el aburrimiento, en el segundo tiempo. Porque en el primero la cosa era distinta, la situación prometía, parecía que el encuentro se podía sacar con un empate, como mal menor. Porque no se sufría atrás, quitando alguna que otra Aridanada de esas que el majorero hace y que, si no cuestan gol, nos salvamos.

Arriba, Brandon rompía con su velocidad a una defensa local atenazada por el mal inicio de temporada, por la presión de tener que ganar sí o sí y querer empezar a sumar para abandonar el pozo de la tabla. De esa tensión se beneficiaba un Osasuna que bailaba al son de Íñigo Pérez, con tres centrales y Vidal y Clerc de carrileros, con un Rubén García que despertaba conforme pasaban los minutos y un David Rodríguez que daba la réplica a Xisco, retirado por lesión antes de tiempo.

Osasuna se gustaba, nadaba a favor de la corriente y el partido llegaba al descanso con signo rojillo, mejor dicho, osasunista, ya que los nuestros se las prometían felices y esta vez lucían la camisola blanca con pañuelico en el cuello. “Con ajustar cuatro detallitos y juntar las filas, cuidando la retaguardia, nos traemos a Pamplona como poco un punto, chavales”. Esas palabras resonaron en los oídos de la hinchada navarra, que volvía ante la pantalla a certificar el triunfo y el hundimiento del rival medio herido.

Arranque parecido, con dos llegadas e incluso Brandon animándose a chutar. Y de golpe y porrazo se desató el diluvio universal, empezó a jarrear como no se ha visto por aquellas latitudes costeras y el agua purificó a unos y a los otros los ahogó, los anegó y pareció hacerles olvidar qué estaban haciendo y cómo lo estaban haciendo.

Agua que no has de beber, déjala correr. Es lo que pensaron Nacho Vidal y Oier, que salieron a por Tete como yo salgo al encuentro de mis gatos, Thor y Nana, blandito y cariñosón como soy a mi tierna edad. Y le dejaron correr al Morente, que pilló la vertical, metió a la espalda de los tres centrales por donde cayó Manu del Moral, seguido con la vista por Aridane. Y el delantero, que lleva en esto del fútbol más años que agua lloviendo sobre la Tierra, la colocó en el palo corto. ¿Rubén? Bien, gracias. El cuero entró llorando, y nosotros llorando porque no estaba el chaval, Juan Pérez, que para el caso es lo mismo.

Tocaba remontar. Tocaba remar, bogar, nadar, pelear contra el agua, buscar un gol, caracol miricol saca los cuernos y vete al sol. Si se quería sumar, claro. Pero nada. Ni remontar, ni remar, ni bogar, ni nadar. Pelear sí, mucho. Pero sin frutos. Y el caracol se quedó en la concha, que no Velasco. Resguardado, a la espera de que deje de llover y ya si eso, en la siguiente salida, a ver si los rojillos suman algo. Pero será muy tarde. porque ahora llegan dos encuentros en casa. Sporting y Numancia. ¿Qué veremos?

Mal encuentro en Tarragona, cerca de esa playa de Salou donde tanto nos bañamos pero poco nos mojamos. Los que se mojaron fueron los locales. Agua, agua y más agua. El proyecto no termina de arrancar, falta oxígeno, muchos bracean sin encontrar sitio en el campo, pero es lo que hay. Esperemos que los dos encuentros en casa sirvan para ver mejor fútbol y, de paso, su sumamos seis punticos, poder oxigenar el ánimo encharcado de la afición…

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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Perdonar, pagar, cascar

No es ‘Come, reza, ama’ ni mucho menos, pero la terna de infinitivos nos viene al pelo para el precipitado adiós copero de Osasuna. Una competición que claro, una vez que te largan a la calle, deja de interesar y activa el modo “lo que cuenta es la Liga”, paños calientes que no calman el sinsabor y la tristeza de haber salido a las primera de cambio de una competición que tantas alegrías y una única final nos ha brindado. Claro, es que la Copa no interesa. Y cuando uno perdona…

Perea despeja de cabeza poniendo la misma cara que el Fary catando limones. Agria derrota rojilla y adiós precipitado a la Copa del Rey. E. BUXENS

Perea despeja de cabeza poniendo la misma cara que el Fary catando limones. Agria derrota rojilla y adiós precipitado a la Copa del Rey. E. BUXENS

Si este partido termina 1-0 estaríamos todos contentos, felices, qué buenos somos, hay fondo de armario y ropa de recambio por si vienen las lluvias. Pero se cumplió la máxima de las máximas en esto del balompié: si perdonas, terminas pagando. Ergo la cascas y te eliminan. Tal cuál. Porque Osasuna pudo marcharse al vestuario con ventaja de uno o dos goles, pero por obra y gracia de un tal Pol, cancerbero del conjunto catalán, los guarismos se quedaron a cero tras el primer tiempo.

Todos veíamos cómo Flaño y David mandaban en la defensa, cómo Olavide se presentaba como alternativa en el ataque, cómo Torres dejaba detalles de su clase, cómo Barja pedía a gritos media titularidad desbordando, rematando y siendo un estilete con el que el mismísimo Luis Enrique podría contar para esta nueva ‘Roja’ que deslumbra a Europa y al mundo entero, hasta que llegue la competición de verdad.

Y como decía Alejandro Sanz, “se les apagó la luz”. Porque los chavales salieron del vestuario con la caraja subida y dejaron de hacer las cosas todo lo bien que lo estaban haciendo. Perdonaron en la primera parte, haciendo al tal Pol internacional, errando ocasiones a bocajarro que nos la falla ni el menda lerenda en Boscos, categoría que por otra parte está menospreciada y atesora mucha más calidad que más que algún tuercebotas que vive de esto.

20 minutos. Ese tiempo fue el que emplearon los chicos, del 45 al 75, en dilapidar la buena imagen, en pasar de ser los buenos, la alternativa y los del fondo de armario a ser los lógicos suplentes, los comparseros y los que sirven para los entrenamientos y poco más, no apuren tanto. Porque lo que poco antes era solvencia, seguridad, peligro en ataque y rapidez al corte acompañado de anticipación se tornó en lentitud, grietas defensivas, nulidad en ataque y permisividad a los rivales.

De ahí llego el primer gol de un Osasuna-Reus, tras tres choques, obra de Fran Carbia en una internada por la izquierda con rebote del cuero en Flaño y el propio Carbia, sin que Juan Pérez pudiera ni olerla. Un Juan Pérez que el segundo, minutos después, sólo podía mirar cómo entraba por la escuadra en un cuero suelto en el área. “Adiós, a la Copa, adiós…”.

La impotencia de la grada, ojiplática al ver cómo se había podido marcar dos o tres goles y sin embargo el 0-2 alumbraba a las polillas del luminoso era de las de aúpa. Pero como en la Copa, si no acordémonos del pasado año contra el Albacete, todo es posible, por ahí apareció Clerc para dejar un atisbo a la esperanza, diez minutos (cinco de juego más cinco de añadido) de centros al área, ocasiones de empate, más paradones del tal Pol y estériles intentonas que ya no movieron el marcador, apeándonos del torneo del K.O. a las primeras de cambio.

Si perdonas, lo pagas. Si lo pagas, pierdes, ergo cascas y te eliminan. Eso le pasó a Osasuna. Fuera de la Copa del Rey a las primeras de ca,bio, algo que más de uno verá con buenos ojos para soltar el “centrémonos en la Liga”. Claro, es que con el calendario tan apretado, con el Trofeo Ciudad de Pamplona, la Champiñons y la Copa Orbaiceta, amén de LaLiga 123, no interesa la Copa del Rey. Se la dejamos a otros equipos, como la UD Mutilvera…

¡Hasta la muerte, Forofillo has la muerte!

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A lo Johan

No lo vi jugar. Y es que, aunque peine canas, no son tantas. Pero los que sí que tuvieron la suerte de ver sobre el verde al flaco Johan Cruyff destacan todo de él. Sí que lo vi entrenar, al frente del Dream Team con su filosofía de fútbol ataque y su sempiterno chupa-chups en la boca. Daba igual que te metieran dos o tres goles, siempre y cuando tú hicieras tres o cuatro, pensaba. Siempre un gol más que el rival, aunque hubo honrosas excepciones como la final de Wembley, esa recordada primera Copa de Europa para los culés con gol de Koeman en la prórroga. Fue la excepción, tan poco gol, que confirmó la regla de que Johan fue un grande en el terreno… y en los banquillos.

Juan Villar celebra, en éxtasis, el primer tanto de la tarde contra el Almería. BEGOÑA GOITIANDIA

Juan Villar celebra, en éxtasis, el primer tanto de la tarde contra el Almería. BEGOÑA GOITIANDIA

A lo Johan llegó la primera victoria de la era Arrasate, de este nuevo Osasuna que saltó contra el Almería con más pólvora que una nave de transporte de oro en el siglo de los piratas o que Fort Nox tras su inauguración. Con mucho peligro arriba, con Xisco, con Rubén García, con Juan Villar, con Brandon… Casi nada. Y es como se tienen que hacer las cosas, poniendo todo en liza para ver si funciona. Vaya si funcionó…

Y como Cruyff, descuidando la parcela defensiva donde parece que más problemas vamos a tener. Pero qué quieren, sarna con gusto no pica. Y el menda lerenda prefiere que nos hagan uno si vamos a marcar tres. Que eso de estar siempre con el trofeo Zamora como único premio del año no es que sea muy alegre. Que lo es, pero en esto del fútbol el gol son las zanahorias, la cebolla, el pimiento y el jugo en el asado: la salsa, vamos.

Osasuna empieza a tener pinta de equipo, empieza a ofrecer cosas y a dar muestras que hacen que seamos optimistas. Hay un director en el medio del campo, Íñigo Pérez, acompañado de ese obrero del fútbol que es el yerno que toda madre quiere para su hija, Oier. Entre ambos dibujan el tiempo de los partidos. Si de ese eje central para arriba ves que tienes a gente como Rubén García, Juan Villar, Brandon, Xisco y que en el banquillo esperan Kike Barja, Torres o David García, la cosa se pone muy chula. Otra cosa es mirar hacia atrás…

Los errores en defensa se ven mucho más que los aciertos en ataque, eso es un perogrullo más grande que mi cabeza. Y gasto buen almendruco, no crean. Por eso, la única pega que dejó el encuentro contra el Almería fue las dudas en la zaga. Clerc descuida mucho su carril y da facilidades, la dupla Aridane-Unai debe acoplarse mejor y el único que se salva en el capítulo defensivo es Nacho Vidal, que se está destapando como una grata sorpresa. Muy bien el chaval, cuyo balance entre ataque y defensa no deja déficit apenas y, sobre todo en lo ofensivo, se sale con llegadas y buenas asistencias.

Hasta las actrices más bellas tienen algún lunar, así que este borrón para nada empaña el examen de notable alto que hicieron los rojillos en la cuarta jornada. Ahora, con el pistoletazo de salida ya sonado hace semanas y sabiendo cómo se debe jugar y qué es lo que son capaces de ofrecer, a seguir trabajando y a hacer mayor el saco de puntos. Y todo ello empezando con el encuentro en Tarragona y, sobre todo, los dos siguientes encuentros que se juegan en Pamplona.

Parece que la filosofía de Jagoba no es otra que hacer de Pamplona un fortín, y la parroquia navarra lo va a agradecer. Los dos primeros partidos en casa, la verdad, han dejado mucho para que se cumpla la máxima. Por ello, tras el choque contra el Gimnàstic, hay que hacernos fuertes en El Sadar contra Sporting y Numancia. Estos tres próximos encuentros pueden marcar la valía de este equipo. A ver si lo de Villar queda en nada y seguimos manteniendo el poder ofensivo. Porque como decía Johan Cruyff, “Prefiero ganar por 5-4 que por 1-0”. Eso es fútbol, señoras y señores.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

 

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Retrasados

Ojo, que no me refiero a nadie en concreto, eh, que aunque vengo calentito y ganas no me faltan de poner a bajar de un burro a más de uno, ante todo hay que saber guardar las formas en esta vida y tirar de educación. Para lo bueno y para lo malo, pero ante todo siempre educados, limpios y con ropa interior nueva. Por lo que pueda pasar. Pero somos retrasados o, mejor dicho, vamos retrasados. Y tras la derrota de Granada, un poco más.

Rubén se duele tras evitar un gol de falta de Vadillo y golpearse con la cabeza en el poste. LALIGA.ES

Rubén se duele tras evitar un gol de falta de Vadillo y golpearse con la cabeza en el poste. LALIGA.ES

Y es que decía Jagoba que un punto en los dos primeros partidos hacía que el equipo se quedara en posiciones bajas, alejado de un objetivo que todavía no se ha anunciado pero que todo el mundo dice con la boca chiquita: terminar mejor que el año pasado. A saber…

Nada más terminar el encuentro, por llamarlo de alguna manera, y antes de comenzar a hacer la primera entrada del año, no he podido evitar lanzarme a la hemeroteca a comprobar una cosa. A ver el Numancia, exequipo de Arrasate, si es que había tenido un arranque malo para ir remontando poco a poco, que todo puede ser, oigan. Pero nada. Todo lo contrario. Los sorianos, tras las tres primeras jornadas, sumaban 7 de 9 la pasada temporada. Dos victorias por la mínima en casa y un empate en el hoy clausurado por obras estadio de Vallecas.

Y para más escozor ahí que tenemos a Diego Martínez, en el banquillo rival, sumando un triunfo como local más cómodo de lo que jugó toda la pasada campaña en El Sadar, sin mencionar que Quique González, el exdelantero rojillo fichado por el Dépor merced a una cláusula más digna del Interpueblos que del fútbol profesional, ha empezado ya a marcar goles. En tres partidos lleva casi los que hizo en Pamplona…

Pero no pasa nada. Somos retrasados, mejor dicho, perdón, vamos retrasados. Con un puntico en tres partidos, con un gol a favor y cuatro en contra, aunque esto va para largo. Tan largo como el hacer que tengamos equipo, como que las ideas de Jagoba Arrasate se vean en el juego, como comprobar que se hace la presión, que su idea de Oier en el centro funciona, que los laterales y la defensa se acoplan o que la delantera empieza a marcar goles.

En Los Cármenes se me libran Íñigo Pérez, Justo Villar y el utillero, empeñado en dar agua con el calor que hacía. Y es lo que tiene el verano, que si juegas a las 18.00 en Granada te puede dar un aquello, pero si juegas a las 21.00… también te da. Porque Osasuna saltó al verde con golpe de calor, con ictus, con diarrea mental y con atolondramiento, todo junto y a la vez, facilitando la labor de los nazaríes.

No se vio nada. No se transmitió nada. Ni con defensa de cuatro, o de tres con dos carrileros profundos. No hubo centro del campo, no se utilizaron los carriles, sabíamos que jugó titular Xisco porque lo cambiaron al final. La verdad, poca cosa la ofrecida por los de naranja en Granada, y es lo que se ha ofrecido en lo que vamos de temporada. Aunque repito, esto va para largo…

Para largo hasta que se acople el proyecto, hasta que se dé con la tecla, hasta que llegue la primera victoria. Para largo, allí queda el mes de junio, promociones a un lado. Hay un proyecto y lo lógico es no volvernos locos y mantener la calma. No cometamos el error de la pasada campaña, cuando en 15 partidos estábamos ya sacando en abono de Primera y luego todos sabemos cómo acabó el cuento. Vamos a dejar trabajar a Jagoba Arrasatre, a Bittor Alkiza, a una plantilla que de largo puede ofrecer más de lo que ha hecho hasta ahora.

Seguimos de pretemporada. Incluso contra el Almería, la próxima jornada, se pueden sacar once titulares distintos. O siete nuevos, tampoco hay que hacer tanta sangre. Se pueden dejar jugadores que no rinden en el banquillo, no pasa nada. La cuestión es seguir haciendo pruebas para ir sumando poco a poco. Este año, haciendo propósito de enmienda, voy a esperar toda la primera vuelta antes de sacar el hacha. Y eso que contra el Granada, si de mí dependiera, rodaban cuatro o cinco cabezas como poco. Pero como tenemos proyecto nuevo, como la Segunda es larga y cada vez de más nivel, como creo que hay plantilla, esperaremos. Eso siempre que en diez partidos no saquen cuatro puntos, en cuyo caso me da que alguno que otro el turrón se lo come en su casita. Pero ante todo, paciencia y apoyo, es lo primordial. Pese a que seamos, o vayamos, retrasados…

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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Osasuna se Mata con las mates

Osasuna o cómo tirar al garete un 70,3 por ciento de posibilidades de lograr el objetivo. Ahí es nada, oigan. Si es que al final se veía venir, que si no la pifiábamos contra el Lorca en Pamplona, la pifiábamos en Pucela. Estaba en los escritos. Y como se ve que las matemáticas no son lo nuestro, la lógica se ha impuesto. Vicandis a un lado. Y es que esta Segunda en la que nos quedamos, porque queremos, claro, se va aponer muy bonita la próxima campaña. Con el Dépor, Las Palmas, el Málaga, el regreso del Mallorca y los que no suban. Porque de Numancia, Zaragoza, Sporting y Valladolid sólo va a subir uno. Ahí es nada…

Masip se sonríe ante Quique y Xisco. La guasa en los jugadores del Valladolid fue de atrás a la delantera. J.C. CORDOVILLA

Masip se sonríe ante Quique y Xisco. La guasa en los jugadores del Valladolid fue de atrás a la delantera. J.C. CORDOVILLA

Fracaso total del proyecto. Sin paños calientes. Ni los fichajes de Braulio, casualidad de la vida que deja el Valladolid y los pucelanos se meten en promoción, privándonos a nosotros de lo propio, ni la labor de Diego Martínez y su plana mayor. Se fichó con talonario, se hizo un equipo NBA en la Segunda para acabar muertos, ahogados en la misma orilla. Es hora de sacar los sables y depurar responsabilidades. Plantilla, cuerpo técnico, dirección deportiva… No se ha logrado un objetivo mínimo que era el casi obligatorio.

No puede ser que esté en tu mano meterte en playoff y tires a portería una sola vez en 90 minutos. No puede ser que se concedan faltas peligrosas con tal insistencia que al final Hervías, maldita maldición de exrojillos, te la clave superando con facilidad una barrera de mantequilla. No puede ser que ellos calienten la semana por la designación de Vicandi, un árbitro vasco, y los pucelanos se crean que Navarra es la cuarta provincia vasca. Agitando el nogal para coger los frutos durante el partido. ¿Y Osasuna? No puede ser…

El Valladolid puso el grito en el cielo porque el trencilla para el vital encuentro era vasco. Podría haber hecho lo mismo Osasuna, ya que el impresentable de Portugalete tenía de media cuatro tarjetas por partido. Media que sobrepasó de largo. Todo por la semana calentando el encuentro, que deja clara muestra de que el Valladolid sabía qué se jugaba, mientras que Osasuna iba de sobrado con ese 70,3 por ciento de probabilidad en la mochila.

Primera parte para meterla en una cápsula y comercializarla junto a la Dormidina o cualquier tratamiento para dormir como angelitos. Y eso que Osasuna se acercó para el primer minuto a los dominios de Masip, pero poco más. Borja Lasso prolongó su estado pésimo de juego y no apareció en toda la hora que estuvo sobre el verde. Desubicado, sin acierto, sin presencia, apenas rozó el cuero. Y esto hizo que Mérida y Torró sufrieran más de la cuenta por el centro. Y de una de esas veces que nos superaron, falta de Mérida y chicharrico de Hervías. 1-0 y a la caseta.

Osasuna estaba fuera del descenso. A tomar viento la bicicleta. Ni 70,3 por ciento ni cien por cien  algodón. Hacía falta marcar. Pero el Valladolid se encargó muy bien de sacar ese oficio del que tanto han carecido los rojillos este año. Somos conejos y en Pucela no iba a ser diferente. De ahí que la primera falta que hizo Lillo fuera protestada por toda la plantilla albivioleta, incluidos los jugadores del filial. Vicandi, con sonrisa socarrona, lo dejaba en una falta y parecía decir “no os paséis, que tampoco ha sido para tanto”. Pero debió serlo.

Porque en una jugada en el área con Mata cayendo ciento tres veces en el forcejeo con Lillo, al tal Vicandi le sobró aire para chiflar, señalar penalti y largar al lateral rojillo. Agita, agita, que queda alguna nuez. Y ésta cayó acompañada de helado, de gol de penalti y de postre, chulería del máximo artillero de la categoría ante Manu Herrera. Chulería sin amonestación, claro. Haber hablado vosotros, inocentones, a lo largo de la semana…

Y aún y todo David tuvo el 2-1. Y aún y todo Unai remató un par de córners. Y aún y todo, a última hora, un gol de la Cultural en Soria y otro del Huesca en Oviedo nos metía. Pero no hubo gol rojillo. No hubo gol en Soria, para desgracia de la Cultural Leonesa que se derramó a la Segunda B ni hubo gol en Oviedo, que los aragoneses andaban de resaca por el ascenso.

¿Y ahora? Pues a seguir trabajando. Diego tiene otro año más de contrato. Como Braulio. Lasso y Rober, dos de los destacados en el tramo final, vuelven a sus lugares de origen a seguir creciendo. Y habrá bajas. E incluso altas. No sabemos si se dará una palmada sobre la mesa y se cambiará todo o habrá continuidad. Yo prefiero lo segundo, con ajustes necesarios. No hay portero de recambio, falta un killer, alguien en el centro de campo. Cositas normales.

Lo que no va a cambiar es nuestra pasión por Osasuna. Pese al fracaso de temporada. Porque una y otra vez hemos estado ahí, vamos a seguir estando ahí y seguiremos estando ahí. Los Braulios y Diegos pasan, los Sabalzas y Canales vuelan, los Xisco, Mérida, Flaños y demás se retiran. Pero Osasuna va a ser eterno para nosotros y el prxóimo año volveremos a enfundarnos la camiseta, volveremos a colocarnos la bufanda y volveremos a chillar “Somos un equipoooo…”.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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El que avisa no es traidor…

Hace exactamente 41 partidos que el que suscribe, a saber, el menda este que ahora mismo aporrea las teclas para trasladarle a usted, estimado y querido lector, que puso sobre aviso a todo el mundo. Que esta Liga 123, al escondite inglés, es más perra que Niebla, pregúntenle a Pedro y Heidi, y que hasta el último segundo del último minuto del último tiempo del último encuentro de la última jornada nos íbamos a quedar sin saber el desenlace de muchas cosas. Amén de los ascensos directos, claro. Esos tienen dueño, Huesca y Rayo. ¿Y el resto? El resto se las promete apasionantes, tensas, más calientes que el avance del volcán Kilauea por tierras de Hawai.

Xisco se preocupa por Dorronsoro tras el gol anulado por falta sobre el meta. DAVID GARCÍA

Hawai, Bombay, son dos paraísos. Como la Primera. Todos quieren estar en ese limbo del balompié en el que manda el Barça, porque el Madrid, como decía el abuelito del anuncio. “otra vez campeón de Europa”. Y es la liga de la pasta, no italiana, sino los leuros, los millones, los derechos de televisión y la solución para muchas familias que viven de ello y no tienen la calidad (ni las ofertas) que les plantan a Xavi o Iniesta sobre la mesa para ir a los Emiratos o a Japón. Pon, pon, pon.

Osasuna es esto, no hay más. Es lucha, es garra, es entrega y es incertidumbre. Osasuna es pasión y así se traslada a la afición, a una grada que antes de que Unai cabeceara a gol retumbaba hasta las Bardenas Reales. Desde el Roncal, por Tierra Estella, Sangüesa y las foces. Es lo que más nos une a los navarros y, de paso, por qué no reconocerlo, lo que más nos pone. Por lo menos al que suscribe, Chuchu a un lado. Pero en lo de la pasión al deporte incluso ella me lo sufre. Somos así.

Como Diego. Es así, cabezón y listo. Porque si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Y con el mismo once que en los últimos partidos se saltó al verde de El Sadar, con ganas de ver ganar a los nuestros, que si en Soria se llega a cerrar la meta estamos casi en el playoff. Pero no. Somos así. Y con ese once que parece haberle cogido justo el gallego empezó el partido. En Pamplona y en los otros campos donde se jugaba todo, donde se apostaba un percal que hasta la Jornada 42 no se va a descubrir.

No vimos mucho fútbol, la verdad. Y eso que el Lorca, para ser un equipo descendido hace varios partidos, dio la cara como lo ha venido haciendo en las últimas jornadas. Ya ha dado más de un susto, y aquí no iba a ser menos. Y eso que Xisco marcó, pero el pitolari le quitó la miel al señalar faltita de las chiquititas sobre Dorronsoro que, para el que les escribe, fue más una estilo el meta del Liverpool Kariu, que falta en sí. Pero bueno, se señaló y a callar, que para algo el trencilla es autoridad.

Pocos balones le llegaron a Manu Herrera, sustituto del primo Sergio al que desde aquí se le mandan sacos de ánimos y esperamos verlo pronto con  guantes en las manoplas. Y los que llegaron los solventó con veteranía, cogiendo una confianza que nos va a hacer falta para el último partido y, quién sabe, igual dos (o cuatro) más. El caso es que en el segundo tiempo, y siguiendo el guión de partidos anteriores, Osasuna se lanzó a por un gol que enmaraña la cosa por arriba, mientras los transistores vomitaban los goles del Zaragoza al Valladolid, de la Cultural al Oviedo, del Sevilla al Numancia…

Todo estaba más apretado que el chándal de Paquirrín antes de ponerse a dieta. La cosa no tenía pintas de explotar por ninguna parte, la incertidumbre se vestía de varios colores y ni el playoff ni el descenso se decantaba hacia un lado u otro. Y de un lado, del izquierdo del ataque osasunista, partía un saque de esquina al que iba a saltar Quique González. “Deja, tonto, a ver si me sale algo”, parecía susurrarle Unai, que estaba a su espalda. Y el engominado le dejó. Y Unai colocó la cabecita, como él es, tímido, recién renovado, dirigiendo el cuero al fondo y haciendo inútil la estirada de Dorronsoro.

Se abría la lata y la cosa de encogía más, mucho más. Tanto que incluso Xisco, para no hacer spoiler, que somos Osasuna, fallaba un penalti y David se unía en el rechace y lo mandaba casi a fuera de banda. 1-0, nuestro sino es sufrir. Estamos en playoff, ahora no, ahora sí, ahora no, ahora… Gol del Tenerife en Cádiz. Triple empate en la quinta, sexta y séptima plaza. Amarillos quintos, albivioletas sextos, rojillos séptimos. ¿Y ahora?

Hace exactamente 41 partidos que el que suscribe, a saber, el menda este que ahora mismo aporrea las teclas para trasladarle a usted, estimado y querido lector, que puso sobre aviso a todo el mundo. Que esta Liga 123, al escondite inglés, es más perra que Niebla, pregúntenle a Pedro y Heid… Sí, les suena. Es el comienzo. Y es que la cosa está casi como el la Jornada 1. Todo por hacer, todo por decidir. Todo por pelear. Rojillos, Pucela espera. El año se juega en un encuentro. ¿Quién da más?

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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Mecachis en la mar…

“Papi, papi, ¿te puedo pegar una patada en el pie? No, Manolito. Soy de Osasuna. Pégamela en la espinilla, que duele más, rey…”. Así somos. Y punto pelota. Nos va la marcha, no hay otra explicación. Ahora espero que me deis la razón, aunque sea una miaja, puesto que me he cansado de repetir por activa y por pasiva, que decía el Butanito el siglo pasado, aquello de que hasta el último segundo del último minuto del último período del último encuentro de la Liga 123, al escondite inglés, no va a haber pescao vendido. Que esto lo decía el otro, el británico estómago agradecido que para criticar se acuerda de Osasuna, pero para aplaudir…

Escassi trata de frenar a Unai García, agarrándole por la camiseta. Igual le quería pedir el teléfono para quedar... LFP

Escassi trata de frenar a Unai García, agarrándole por la camiseta. Igual le quería pedir el teléfono para quedar… LFP

El caso, que no me quiero ir del tiesto ni sacar los pies del mismo, que vengo otra miaja escocido porque es para estar así. Que se aguanta estoicamente una primera parte de achuche del Numancia, uno de los equipos que mejor balance de puntos tiene en su feudo ya que tras el Sporting y el Huesca es el que más había sumado, cediendo sólo un empate y cuatro derrotas. Se hace el trabajo a la perfección, “mu profesional”, que decía Manuel Manquiña en el papel de Pazos en ‘Airbag’. Se arranca el segundo tiempo con los amarillos enchufados y logrando abrir la lata, esa portería de Aitor que es más difícil traspasar que una discoteca con mocasines y calcetines blancos. Para al final…

Nos va la marcha. Marcha como la que se oía en la grada del campo soriano, ese “Alé, elé, alé” reconvertido del gabacho y sus bleus, con Rober Ibáñez cubriendo el cuero en el tramo final junto al córner, haciendo válida la máxima del Pep Guardiola, la mejor defensa se hace con el balón, pero sin tener a Messi. O a Iniesta, que se nos ha ido, no al cielo sino a cobrar bien. Pero se ha ido. El caso es que sin esas estrellas, no nos hacen falta. Las nuestras son Miguel Flañó, Sergio Herrera, Borja Lasso, Fran Mérida, Quique González…

Una pena. Porque Diego tiene a todos más enchufados que excargos ministeriales en empresas energéticas. O del petróleo, que por cómo andan los precios me da lo mismo que lo mismo me da. Aguantando ese primer tiempo clave, incluso enseñando en el último cuarto de hora los dientes, que si Oier mete la que tiene en el último segundo de la primera parte, igual ahora estamos como estábamos en el minuto 90. Pero ojo, que los árboles no nos impidan ver el bosque. Un punto a estas alturas puede ser oro molido. Lo veremos en dos semanas…

Lo de remar para morir en la orilla, engordar para morir como hacemos con el masto o abrir el panal para que la miel se nos quede bajo la nariz, solo olerla y sin poder catarla, son expresiones que se quedan cortas para lo que nos pasó en Los Pajaritos, aunque hasta de esto se aprende. Quedan dos finales, dos finalísimas de órdago a grande y a chica, a pares si tienen los demás y a juego o punto. Pero para llegar a las 31, sean o no reales, hay que jugar las manos anteriores. Manda el Lorca. Nada más importa.

No importa el encuentro que realizaron los chavales en Soria. No importa la solvencia de Sergio Herrera por arriba, que faltó en el tanto de Higinio. No importa la seguridad que ha devuelto al centro de la zaga un perro viejo como Miguel Flaño, ni tampoco las cabalgadas cada vez más frecuentes y productivas de Rober Ibáñez. No cuenta el desborde de Quique ni sus remates, la labor que hace el triángulo de las Bermudas, Lasso-Mérida-Torró, en el cual es lógico que se pierda cualquier rival. No importan los fallos ni los aciertos. No importan.

Importa el Lorca, importa El Sadar en el cierre (¿o no?) de temporada contra los ya descendidos murcianos. Importa recuperar a Sergio Herrera, lograr tres puntos, seguir en la pelea y preparar la penúltima de las finales que quedan. Importa lo que nos pone, ese llegar a la última jornada jugándonos algo. Aunque sea la Copa Orbaiceta, el Zamora, el ser los más elegantes, da igual. Importa estar todos enchufados, todos a una como canta la grada. Importan nuestros jugadores, nuestro entrenador, nuestra historia, nuestra afición. Porque lo que al final nos importa es Osasuna. De ahí que cuando marcase Higinio en Los Pajaritos dijésemos “mecachis en la mar…”, por no soltar otro improperio más grosero.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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Esta sí que es nuestra canción

Mientras el que suscribe anda dándole a la tecla ahí que andan 26 países dejándose la voz en Lisboa, en el Altice Arena, para tratar de ganar el Festival de Eurovisión. España, con la navarrica Amaia y su chico, Alfred, actuaron los segundos, mientras rojillos y carbayones estaban en el vestuario tras una primera parte que nos había dejado los oídos tocados ya que los nuestros habían desafinado. 0-1 perdían. Ni el gallo de Manel Navarro, oigan…

Sergio Herrera se hace grande ante Linares, autor del tanto del Oviedo. Buena tarde para Osasuna. BEGOÑA GOITIANDÍA

Sergio Herrera se hace grande ante Linares, autor del tanto del Oviedo. Buena tarde para Osasuna. BEGOÑA GOITIANDÍA

El caso es que el compositor Diego tocó las teclas en el vestuario, arengó a sus músicos, movió a los instrumentistas, mandó calentar con gárgaras y gorgoritos a Mérida y David Rodríguez y componía otra canción para ver si, de una vez por todas y diez partidos después, lograba el triunfo y los twelve points que se tradujeran en tres en la tabla, hasta los 60 y a uno de la promoción.

La verdad es que el encuentro arrancó con el mismo once musical que había triunfado en Tarragona, un concierto cerca de las playas de Salou donde tantas veces nos hemos bañado los navarros. Y ese once desafinó en más de una ocasión, pero sobre todo cuando tenían que dar el do de pecho les salió la del canto de la rana. Cu-cú, cantaba la rana. Y cu-cú cantaba la zaga rojilla.

Porque un robo en el centro, un mal repliegue y unos huecos tremendos entre los centrales dejaron a Linares entrar hasta la cocina y batir a placer a Sergio Herrera. “Du yu for yu loooooooveeeee…”, con medio gallinero en la garganta de los futbolistas de rojo y dolor en las orejas del respetable. 0-1, sabiendo que los grupos roqueros de Numancia y Sporting habían fracasado en sus respectivos conciertos y que si se ganaba a los de Anquela se les pasaba en la tabla.

Leche con miel, arenga y gorgoritos. A afinar los instrumentos, a ser conscientes de que lo mejor es triunfar, a lo Pablo López en Baluarte, petándolo y agradando al respetable. En busca canción, mi canción, tú canción, nuestra canción. Y no es el anuncio del Titanlux, con el color. Es el deseo de una grada con ganas de cantar triunfos, que diez jornada sin ver ganar a los tuyos duele…

Saltó el tenor Fran Mérida al verde y la cosa empezó a acompasarse. Los sones de Osasuna empezaron ser melódicos, el fútbol fluía, la sonata cobraba forma. El juego empezó a discurrir por la clave de sol mientras el Oviedo trataba de dar el do de pecho. Pero fue Osasuna el que apretó los sí bemoles, y con el tono del Séptimo de Caballería se fue en busca de la meta rival.

Lasso, siempre Biorja Lasso, sacó el estribillo de sus melodía balompédica y filtró uno de sus pases que suenan a gloria para la carrera del incordioso Rober Ibáñez. Y el extremo tocó el cuero, lo desplazó y recibió la salida arrolladora del meta del Oviedo. Penalti, música de silbato del pitolari para certificar una pena máxima más clara y meridiana que el lalalala de Massiel. Y Mérida sacó el violín, para dibujar con su arco el empate.

El director de la orquesta, don Diego, se desgañitaba en busca del hit, tratando de dar la vuelta al marcador y colocar a su equipo en primera posición de los superventas. O, por lo menos, hacer una melodía que opte a subir a las listas de éxito la próxima temporada. Por ello puso a David Rodríguez en el campo. Por ello y porque Xisco estaba derrengado, afónico, sin oído y más dolorido que nosotros tras escuchar más de una de las canciones de Eurovisión…

El primer remate del talaverano se fue fuera por un pelo. El segundo, a la jaula. Pero anulado por un fuera de juego de esos que sólo le señalan a Osasuna. Y es que estamos más que acostumbrados a esa cantinela. Y cuando parecía que nos íbamos a quedar con un punto, que por lo menos sumábamos, llegó el alarido, el último son de la melodía perfecta, el acorde que ponía el broche final a nuestra canción. Lillo envió la corchea y David metió el tobillo. Sutil, suave, como canta nuestra Amaia. “Siento que marco por primeeeera veez…” Y gol.

Bien cerrados. Bien defendidos, Tirando de estrategia Amarrategui, que diría ese presidente de nombre Mariano. Aguantando el estéril chaparrón del Oviedo, desgañitado en hacer una canción de protesta, de respuesta que dejara a las claras su mal cuerpo tras ser remontados. Para tratrar de arreglar esa situación con la que Amparines estaba a disgusto. Pero no pudo ser, amiga Amparo. Allí ganasteis, aquí era el momento de nuestra canción. La canción de la victoria. La canción de Osasuna.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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Madre mía…

Cómo se está poniendo la cosita, oigan. Antes que nada, feliz Día de la Madre a todas las mamis del mundo mundial, sean del equipo que sean, en especial para la Pili y para la Loli, una por parirme y la otra por parir a mi Amor. Y cumplidos los compromisos y las felicitaciones… ¡Madre mía! Se está quedando el panorama más caliente que el horno de una pizzería y eso que quedan cuatro partidos. Choques directos, indirectos, con más nervios que un filete de medio euro y sin nada decidido hasta el final. Hoy, por lo menos, venimos contentos…

Borja Lasso conduce ante la presión de Gaztañaga. LFP

Borja Lasso conduce ante la presión de Gaztañaga. LFP

Como buenos hijos, repeinados y bien guapos que se portaron nuestros chicos en el Nou Estadi de Tarragona. Sacando la victoria con un encuentro serio, ordenado, limpio, perfectamente planificado y en un escenario que tan buenos recuerdos recientes nos trae a la parroquia rojilla. Que seguro que más de uno tuvimos dejà vu a saco Paco, recordando aquél playoff que nos llevó a Primera hace dos campañas. Pero ahora cuenta esta campaña, cuenta este playoff…

Con variaciones en un once que al menda lerenda le gustó mucho. Porque la ausencia de Unai en la zaga, suplida con creces por el káiser de Noáin Miguel Flaño, apenas se notó. Ni la de Oier, echado a un lado y dejando su plaza al Pelocho Aridane. Sus errores se ven, pero sus aciertos se notan más. Y en Tarragona vimos más de los segundos y apenas de los primeros. Pero no eran las únicas ausencias, ya que Fran Mérida se quedaba en Pamplona cumpliendo la enésima sanción por amarillas.

Me moló mucho el apaño. Ese centro del campo con Torres, Lasso y Torró. El de Arre se reivindicó y, por fin, hizo un partido de los que solía hacer hace tiempo. Borja Lasso es un jugón, exquisito en el último pase y fino en la conducción. Y luego está Torró, imperial en el partido realizado capaz de fajarse con los rivales, de salir incólume de todas las peleas y de dar una lección de corte, giro, conducción y distribución que brilló más en la segunda parte.

Osasuna nos dio un buen Día de la Madre, cuando la afición estaba precisamente acordándose de la madre de más de uno. Porque estos chicos parecía que ni para adelante ni para atrás. Cuatro empates consecutivos, que vale, no se perdía, pero tampoco se sumaba de tres en tres. Y eso penalizaba. Por ello se regalaron un buen encuentro, con victoria y haciendo las cosas bien. Desde el minuto 10 hasta el 93. Porque, para no desentonar con las citas anteriores, los primeros 10 minutos fueron para los chicos del Nàstic.

Sergio Herrera se estiró todo lo largo que es y evitó el tanto en una falta peligrosa. Y de ahí en adelante,Osasuna pilló el joystick y se hizo con el mando del partido. En una primera parte marcada por las cabalgadas de Rober por la izquierda, que encontraron premio en el centro desde el lado opuesto de Quique, el regaliz de la zaga local y el chut raso y cruzado de Ibáñez. Media hora y ganábamos 0-1. A que nos empatan…

Para nada. Los nenes de mamá se hicieron mayores, se hicieron responsables. Mantuvieron el conato de reacción de los locales sin mucho sufrimiento para, en una jugada digna de ver una y mil veces por lo variopinta y rara que fue, lograr ampliar la brecha en el marcador con el segundo del killer, del goleador, de ese que vive de la esencia de gol y lleva este año un buen número de botes de colonia. Xisco es sinónimo de gol, aunque parezca que la jugada no valga, aunque sea de tacón. Porque ante la duda, ya se sabe…

Con este panorama se llegó al descanso. Los incondicionales del Pelocho y acompañantes, viajados desde Pamplona hasta Tarragona para ver a los rojillos, se las prometían felices. Como el resto que veíamos el encuentro. Los ecos de frases del pelo “Verás cómo nos remontan” o “A ver cómo la cagamos” parecían escucharse en un día soleado en Pamplona. Pero nada más lejos de la realidad. Nada más equivocado. Los nenes han dejado el pañal, los nenes son hombres. Y como tal defendieron la renta.

Pese a no haber goles, la segunda parte fue infinitamente superior a la primera. Porque aguantar el resultado y la presumible salida en tromba del rival es complicado. Y hacer una contra y finalizarla, más complicado aún. Pero se hizo. Aridane y Flaño acabaron con chichones de tanto despejar los mil y un envíos laterales, Sergio Herrera finalizó el encuentro con las ancas doloridas de tanto saltar, pese a algún que otro sustillo con los pies. Arzura salió parta dar consistencia a la tela de araña de Diego, junto a Borja Lasso que abría para las salidas de Quique y Rober en las contras.

Torres era, como siempre, el primer sacrificado. Para que saltara un Arzura que ocupó buena parte de la parcela ancha, oxigenando a Torró y Borja Lasso. Luego llegó Coris, que se contagió de la trampa y aprovechó las salidas, aunque con escasa definición. La entrada de David fue al final, de esas testimoniales y para robar segundos. Pero entre todos, hasta contando con los que se quedaron en el banquillo, Osasuna realizó un encuentro perfecto como pocos esta temporada.

En el momento oportuno, sin esperar a que mami se enfade, se quite la alpargata y nos ponga las posaderas rojas. Cuando hay que obedecer, que ser buenos, cuando más se necesitaba llegó el equipo maduro que todos esperábamos. Sólo deseamos que el Día de la Madre se prolongue, que los nenes que van camino de hacerse hombres lo demuestren los cuatro partidos que quedan. Cuatro finales, cuatro choques de infarto,. cuatro encuentros que van a marcar todo un año. Todo o nada. Triunfar o fracasar. Pero eso sí, con el amor de la afición, que al final siempre os perdonamos, os apoyamos y os queremos como si fuésemos vuestras madres.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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Hasta Lugo, Osasuna

Si es que lo ponéis a huevo, chavalería. Es que ni a botes, ni como la que metieron los gallegos, ese pim-pam-pum sin bocata de atún que la defensa dejó que hicieran los de amarillo. Que hasta uno de los delanteros rivales se puso en medio, a lo barrera de valientes, para que no marcaran los suyos. Pero cuando todo son facilidades, se aprovechan y punto. Como el punto que sacasteis, que lo estoy viendo, va a resultar que al final es bueno. Si es que ya os vale…

Rober Ibáñez, de lo poco salvable contra el Lugo. D.G.

Rober Ibáñez, de lo poco salvable contra el Lugo. D.G.

Hasta Lugo, Osasuna. Hasta luego playoff, aunque manda redieles que todavía hay posibilidades matemáticas de entrar en los seis primeros puestos. Aunque mejor lo dejamos en que hay opciones de cazar al sexto, que en estos momentos es el Numancia a cuatro puntos pero puede ser el Zaragoza, a cinco. Y eso que quedan cinco encuentros, 15 puntos, en disputa. Así que ya sabemos qué mensaje nos van a transmitir hasta el último minuto, aquello de que hasta el rabo todo es toro y no vamos a bajar los brazos y tal y cuál…

Hasta Lugo, Primera. Hasta luego, Iniesta, gran jugador que nos ha dado un Mundial y mil lecciones de todo, de fútbol, de honradez, de humildad y honestidad en un futbolista excelso y sublime. Se despide de la Liga, como Osasuna. Los rojillos siguen empeñados en decir adiós un fin de semana sí y al siguiente, también. En El Sadar o lejos del mismo. Por méritos propios de no haber sabido encontrarle el pulso a una categoría que se le queda pequeña a muchos futbolistas y que, con esa actitud, los empequeñecidos son ellos.

Hasta Lugo, Diego. Pese a que acabas de batir tu récord de puntuación en Segunda, superando los 53 puntos del año pasado por los pelos. Qué lástima, podrías haber dejado la marca esta jornada en los 56, pero un nuevo error, una pifia de la defensa, te dejó el premio en un punto. Aunque si quieres te doy el argumento para la rueda de prensa: llevamos cuatro encuentros sin perder. Ahí queda eso, oigan. Cuatro empates seguidos pero, y la imagen…

Hasta Lugo, equipo. Igual va siendo hora de preparar el próximo año, de seguir engordando el proyecto que nos lleve a celebrar el Centenario en Primera División, hacer una base interesante e importante. No puede ser que contra el Lugo el mejor sea un jugador cedido, Rober Ibáñez, Unai García aparte. Porque si el que sabe que se va es el más implicado, apaga y vámonos. Bueno, no iremos a Primera, pero por lo menos no descendemos a Segunda B. Y seguro que más de uno recuerda cómo fue el último descenso, a punto de morirnos que estuvimos y este año, sin embargo, no hemos sufrido para mantenernos.

Hasta Lugo, incondicionales. Porque los anemómetros giraron más de la cuenta al finalizar el partido contra los gallegos, música de viento y silbidos de desagrado por todo. Por los resultados, por el juego, por lo ofrecido, por la poca tensión, las ocasiones clamorosas falladas, las conejadas defensivas, la impotencia. Pitos y bronca a un bloqueo mental y físico que debe ser el que padecen los jugadores, oigan, que es que miren lo difícil que es trabajar “jugando” y 90 minutos a la semana. A estos les doy pico y pala para que sepan qué es estar o quedarse bloqueado…

Hasta Lugo, cocodrilo. No pasamos de caimán. Lo que ocurre es que quedan puntos, hay opciones, las perras matemáticas nos hacen mirar la clasificación y pensar que, si jugando como el orto estamos ahí, ¿qué pasará si jugamos bien? No sabemos. O sí lo sabemos. Y como somos tontos, más que una alpargata en medio de un diluvio, más inocentes que la Cifuentes en unos grandes almacenes, más canelos que más de un juez en este país, seguiremos contando como la vieja, con los dedos, hasta que nos falten dígitos y no podamos llegar a la sexta plaza. ¿Y ahora?

Hasta Tarragona. Duelo contra un rival que se está jugando la vida, las lentejas, la permanencia. Uno de esos rivales que, a priori, son más complicados que los de la zona alta. Pero esta Segunda es lo que tiene, que el nivel es alto, que da marcha, que mola, que cualquiera viene y te hace un traje, con reloj, pajarita y zapatos de charol. Por eso podremos silbar, rilarnos en la cuenta de la lechera, en el mal juego de los rojillos, en los planteamientos de Diego, en las ocasiones falladas… Porque mientras haya vida, habrá esperanza. Y eso, los que animamos a Osasuna, lo llevamos mamando casi 100 años…

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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