Y tuvo que ser en Extremadura…

Mira que andaba comentando con el amigo Iborra que de esto del fútbol, amén de Historia y otras historias, sabe un rato largo, que molaría que los rojillos ganaran en Extremadura con gol de… Mérida. Por lo del juego de palabras, la capital extremeña, el centrocampista y todo eso que da un juego bonito para los que acostumbramos a juntar letras. Esto se lo decía en el descanso, tras merendarnos una primera parte en la que no hubo atisbo alguno de esa valentía que pregonaba a los cuatro vientos el amigo Jagoba para enlazar dos triunfos consecutivos y, lo que es más importante, ganar por primera vez fuera de casa. Con 2-1 en el marcador y tras el mal primer tiempo, arreglado a última hora con el testarazo del mal nombrado por los comentaristas Sanjurjo, de todo se puede hablar para elevar la moral…

Kike Márquez indica a sus compañeros la jugada bajo la siempre atenta vigilancia de Oier Sanjurjo, goleador hoy con Osasuna. LFP

Kike Márquez indica a sus compañeros la jugada bajo la siempre atenta vigilancia de Oier Sanjurjo, goleador hoy con Osasuna. LFP

Y es que la moral de los rojillos, esta vez de blanco en el Francisco de la Hera, pajarera, pin pon, fuera, estaba alta tras la remontada al poderoso líder, Málaga, una semana antes, pero cansado, por comerte taitantos mil kilómetros en autobús, dormir junto al estadio y tener que pelear en esta mal llamada categoría de plata, ya que cada partido deja muestras de ser oro molido. Y ojo, categoría en la que el más modesto te hace un traje y te deja temblando.

No estaba teniendo suerte Osasuna esta temporada con los recién ascendidos. El Mallorca fue el primero en mojarnos la oreja, en el estreno de la campaña, ganándonos por la mínima en una mala puesta de largo de los rojillos en las tierras de la ensaimada. Ni tampoco el Rayo Majadahonda, que no Ducati, nos dejaba ganar en el Wanda Metropolitano. Con el Extremadura la cosa no iba a ser fácil, así que tocaba apretarse los machos.

Macho, Aridane, si es que me haces cada una que se te ve el pelo. Precisamente porque destacas tanto con ese peinado, pese a que esta semana te me habías cambiado de look en Tajonar, picarón, Arcediano Monescillos -manda webs con el nombre y el apellido del trencilla de turno- te señaló ese penaltito. Que si nos lo hacen no se va a los once metros, fijo. Que si es al revés no lo catamnos, descarao. Pero es que somos Osasuna y, por aquello de la rima, no nos pasan ni una. Once metros, Enric Gallego enfrente y segundo en el marcador en contra…

Porque un exrojillo, de sabor infausto y nombre Fausto, había marcado el primero en una de esas jugadas de pim-pam-pum, toma Lacasitos. Falta mal sacada por un rival, que la coloca rasa en la frontal. Tienza que mete la puntica, sólo la puntica, y cuero que dibuja un casi ángulo de 90 grados, dejando a Ruben, nuestro portero, en busca del seno, del coseno y de la tangente que se supone que iban para el otro lado. 1-0, 2-0, y recta final antes del asueto, con malas sensaciones, sin ver al Osasuna aguerrido que prometía Jagoba y con malos humos entre la hinchada.

Menos mal que Oier hizo callar a los que le lleman Óier. Rubén García, que no tiene pies, lleva guantes el jodío, puso una falta lateral que peinó el estellés y coló el 2-1 cuando el de nombre impronunciable, y no me refiero a lord Voldemortl, enfilaba a golpe de silbido el túnel de vestuarios. Tocaba reacción, tocaba remontar como una semana antes, tocaba milagro y tocaba Rosendo en el Navarra ARena.

Mientras el patinador Javi Fernández, Supermán para los aficionados al deporte, se deslizaba sobre el hielo en el pabellón navarro, los rojillos de blanco volvían con doble cambio en sus filas. David Rodríguez y Nacho Vidal, como contra el Málaga, saltaban a tratar de demostrar que este equipo puede ser valiente y empalmar dos victorias consecutivas. Y el arranque del segundo período así lo reflejaba. Osasuna buscaba el empate. El Extremadura, la puntilla.

Y llegó la puntilla, en forma de gol mal anulado a Enric Gallego, mientras la burbuja navarra se desinflaba y el Extremadura no pasaba agobios. El encuentro se tornaba en una especie de entrega de ‘La noche de las bestias’, un juego anárquico en el que por momentos se veía venir el empate y, por otros momentos, el tercero local. Hasta que Rubén metió al cogollo un balón con muy mala leche, un esférico que disputó David Rodríguez sin tocarla y que, sin querer queriendo, el riojano Íñigo López punteó en un exceso de celo que lo convirtió en el empate en propia meta.

Y de ahí al final, más de lo mismo. En este devenir en el que se han convertido los últimos diez minutos de los partidos de Osasuna, el expulsado esta vez le tocó al cuadro de Arrasate. Aridane se marchaba con la segunda amarilla, al estilo Lillo, dos faltas y dos tarjetas, en una más que discutida acción que, aunque se recurra, deberemos dar gracias de que no nos caigan cinco partidos. Y claro, los locales, todo corazón, se volcaron a por el gol de la victoria.

Chuli lo intentaba, Rubén evitaba el gol de los extremeños. A la contra, entre nuestro otro Rubén y David no hilaban fino. Un córner en el minuto 93 en contra hacía que se cerraran las filas, que no pasara ni un pelo de gamba, que no nos marcaran a falta de un minuto por aquello del escozor. Y de pronto, no se sabe cómo, dónde ni por qué, la historia cambió.  Y tuvo que ser en Extremadura.

Rubén sacó en largo, la defensa se coló, en un mal repliegue local producido por el exceso de celo y querer ganar. El cuero le cayó a Rubén García, que recortó y la pasó al corazón del área donde un chico de Arre, de nombre Robertito, la recibió, la controló, esperó a que saliera el meta y la colocó rasita y cruzada para que Navarra entera gritara GOOOOOL y para que el cuento acabara con final feliz. Fueron felices y comieron perdices, con embutido extremeño que es de lo mejor de este planeta, para alegría de la parroquia rojilla.

Tuvo que ser en Extremadura, que pudo ser en otro lado. Tierra de conquistadores y, sobre todo, de mi otra mami, Loli. Aunque a fuerza de ser sinceros, hay que agradecer que el fútbol tenga equipos como el blaugrana. Valientes, con jugadores como la copa de un pino, con un goleador que ahí está, en primero en la lista de anotadores de LaLiga 123, con una plantilla que en cuanto le pille el pulso, empezará a ganar más partidos. Mientras, nosotros, a recuperar, a trabajar y a preparar el próximo encuentro en Pamplona, contra el Tenerife. La buena noticia es que en las filas de los chicharreros no hay exrojillos…

¡Hasta le muerte, Forofillo asta la muerte!

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A lo Napoléon

Las páginas de la historia están marcadas por la presencia de grandes nombres que quedaron impresos en los libros a causa de su carisma, su capacidad de liderazgo y su estrategia en el campo de batalla. Haníbal, Gengis Kan, Atila, Julio César o el propio Napoleón Bonaparte fueron líderes que sacaron el máximo rendimiento a la estrategia militar en unos tiempos en los que las diferencias se arreglaban en el campo de batalla, con sangre, sudor y lágrimas. Afortunadamente hoy en día son pocos los países en los que la guerra está presente, más de los deseados, y en el mal llamado primer mundo los enfrentamientos no se dan.

Torres toca suavemente el cuero en presencia de dos rivales. Esa bota derecha nos dio tres puntos al final del encuentro. AZCONA

Torres toca suavemente el cuero en presencia de dos rivales. Esa bota derecha nos dio tres puntos al final del encuentro. AZCONA

De ahí que las guerras, batallas o peleas se trasladen a otros planos, como el político en el Congreso de los Diputados o el deportivo en los distintos recintos deportivos. Balonmano, baloncesto, rugby, waterpolo, voleibol, pelota, ajedrez… En todos ellos se presentan dos frentes, dos ejércitos, dos equipos o nombres que pugnan por hacerse con la victoria final. Sin derramamiento de sangre, sin conquistas de tierras ni desolación, sin elefantes atravesando los Pirineos o ejércitos pisando hierba que luego no vuelve a crecer. Pero con estrategias.

La estrategia te da la vida y te la quita en esto del fútbol. La estrategia te permite sumar puntos, trabajar el balón parado para marcar y, aunque menos comentado pero no por ello menos importante, trabajar la defensa en grupo para minimizar los daños en la estrategia en contra, que pueden ser insalvables.

Hace mucho tiempo existía la idea del Laboratorio de Tajonar. Esos córners de la cuadrilla con los rojillos apiñados en la frontal del área, como mozabletes de botellón esperando el centro para ir cada uno a un punto y aumentar la capacidad de remate, o esas jugadas de tiralíneas tras una falta en corto para acabar centrando y encontrar al rematador sólo, con la defensa mareada y removida. En Tajonar se parían jugadas que dejaban a la gente boquiabierta, algo que desafortunadamente poco se fía hoy en día, confiando más en la calidad de los jugadores o en la labor del colectivo.

Contra el Málaga, el flamante líder que se fue de Pamplona saboreando lo que es jugar en la ingrata LaLiga 123, al escondite inglés, con árbitros de medio pelo y en la que cualquier equipo te hace un roto, la estrategia fue clave. Fue clave en contra, con el primer gol encajado que deja las calvas de una defensa que, pese a tener mucho pelo, nos lo peinan a lametazos. Centro lateral, pérdida del primer palo y Pau Torres fusila a placer a un Rubén que andará al deseo de terminar un partido, sólo uno, con dónut en su portería.

Y eso que Osasuna jugaba bien, presionaba, achuchaba al del primer puesto y hacía que los de Muñiz se exigieran para frenar las trombas rojillas. Con asistencias acrobáticas de Rubén, cabezazos de Juan Villar que salvaban los rivales sobre la línea de gol y un Munir que, si bien no hacía grandes estiradas, atrapaba todo lo que caía por la zona. Una primera parte que se moría con 0-1 en una de las dos ocasiones de la malagueños, porque la otra casi nos hace un roto el amigo Koné, aquél que parecía no saber firmar contratos si llevaban el escudo de Osasuna.

La segunda parte pedía remontada. Pedía un plan de acción, una alternativa de choque para tratar de remontar el marcador. Pedía estrategia. Y el primero que sacó la pizarra fue el colegiado de turno, expulsando a Blanco Leschuk cuando igual podía haberse ido a la ducha en la primera parte. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se compra bonbús, y el atacante compró demasiados boletos como para irse de rositas. Es lo que tiene LaLiga 123, amigo Blanco, que lo que era rosa se convierte en negro para, con la remontada local, acabar en rojo.

De ahí creció Osasuna. El Napoleón Arrasate movió banquillo, quitando al incansable Brandon y a Barja para meter a Nacho Vidal y a Xisco. Una falta botada por la zurda de terciopelo de Rubén García la cabeceaba a las mallas el pichichi Villar, tras ganar la pelea a su par entre agarrones y empujones. El empate desató la locura del trencilla, al exigir Lillo el balón a un rival para no perder tiempo, reprocharle a empujón limpio el héore N’Diaye y, entre tanganas y tanganas, llegar Xisco a frenar al rival para evitar males mayores y, por meterse de bueno, llevarse la roja directa. Expulsión la del delantero injusta, pero ojito a lo que apuntaba el pitolari porque el balear, menos guapo, le dijo cuatro cosillas.

Era le minuto 80. Osasuna se quedaba con 10, el Málaga con 9. Los rojillos estaban enchufados,. El Sadar estaba on fire y los dos goles habían llegado de estrategia, de sendas faltas laterales. Y el colegiado pitó falta a favor de Osasuna en tres cuartas partes del ataque rojillo. Y se la pidió Roberto Torres. Un Robertito, huelga decir, que todas las faltas anteriores que había sacado habían terminado o en la rotonda de los lupanares o, en meta contraria, en el Navarra Arena.

Pero la estrategia es lo que tiene, que bien ejecutada, da puntos. Tres puntazos que salieron del guante derecho de Arre, a cuya bota hay que hacerle ya un molde. Golpeo fuerte, con rosca, que se va cerrando para morir en la escuadra derecha de Munir. Como tantas veces le hemos visto marcar y, no por ser repetido, deja de ser bello. Golazo, remontada, tres puntos más y estrategia al poder.

Osasuna es, tras 12 partidos, el equipo cuatrero. Cuatro ganados, cuatro empatados, cuatro perdidos. Estamos más arriba que abajo, pero sin volvernos locos. Luis Hernández, jugador del Málaga, comentaba al finalizar el encuentro y clamar contra los árbitros que esto es muy largo. Vaya si lo es. Por ello, ahora hay que empezar a pensar ya en el Extremadura y la visita a Almendralejo. Y de paso, si se trabaja la estrategia en el Laboratorio de Tajonar, miel sobre hojuelas…

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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¿Y lo nuestro p’a cuando?

“Me tratas como una princesa, me das lo que pido. Tú tienes el bate y la fuerza que yo necesito. Cuando estamos solos, te juro, no me falta nada. Te pongo un trece de diez cuando estamos en la cama”. Este es el arranque de la canción ‘El Anillo’ de Jennifer López, JLo para los amigos, que lo está petando en las pistas de baile. Pero más que nada porque es así, bailonga y tiene un estribillo que viene a decir que la mujer, para entregarse del todo, necesita pedrusco en el dedo anular, vamos, piedrecita de las caras engarzada en oro (amarillo o blanco) acompañado de pedida. Por si no me habéis entendido, que hasta que no haya alianza de pedida, nastis de plastis. De ahí el machacón estribillo de la canción, que dice “¿Y el anillo p’a cuando?”.

Mossa mete la "puntica" ante la presión de Lillo, al que Vicandi señaló como el autor de todos los males del mundo. LFP

Mossa mete la “puntica” ante la presión de Lillo, al que Vicandi señaló como el autor de todos los males del mundo. LFP

Pues Osasuna, tras su paso por el Carlos Tartiere, podría cambiar la letra y tirar por un “¿Y lo nuestro p’a cuando?”, en alusión a la justicia arbitral y, de paso, al regreso de Sergio Herrera a la portería. Porque entre el poco leído de Vicandi con su facilidad para sacar la segunda amarilla a Lillo y el espantamoscas de portero, que en el segundo del Oviedo ya cuando el tiempo se desangraba por el desagüe sólo se le ocurre ponerse a cazar mariposas, hicieron que lo que comenzaba como un encuentro para reafirmarnos en la parte alta de la tabla terminase como el rosario de la Aurora…

La única alegría de la derrota rojilla es saber que la amiga Amparines, que me cuentan las malas lenguas que estuvo en el Carlos Tartiere, se llevó la sonrisa a casa. Hoy por tí, mañana por los rojos, Amparines. En la vuelta os ganamos y todos contentos. Porque la verdad es que el inicio os ponía las cosas bastante difíciles. El inicio y la primera hora de partido de Osasuna. Porque Jagoga planteó el encuentro a la perfección y el guion salió a pedir de boca. Hasta que Vicandi quiso.

Porque para el minuto 1, Brandon empezaba a buscar las cosquillas de la defensa carbayona y para el segundo, Unai García aprovechaba la indecisión de la zaga local para marcar el 0-1. Y de ahí hasta la hora de juego, todo perfecto. Perfecta la zaga, al corte, con las coberturas, con el trabajo a destajo de la medular, perfecto el centro del campo, las bandas, Brandon desfondándose, Barja y Torres en las alas. Seguro Rubén y llegábamos al descanso.

Y seguía la perfección en el arranque del encuentro, con el Oviedo volcado y Osasuna agazapado, a la espera para pillar una contra con Rubén García o Brandon que finiquitara el asunto, y así sumar tres en la primera de las dos salidas consecutivas lejos de Pamplona. Pero no sé qué cable se le cruzó a Jagoba, metiendo a Nacho Vidal por Torres, que se descompuso el equipo y lo nuestro empezó a diluirse.

Como se diluyó Vicandi, injusto y sin personalidad en la segunda amarilla a Lillo cuando, un minuto antes, la víctima Ibrahima Balde (exrojillo para más inri) le había calzado una patada sin balón a Unai García que lo mandaba a las piernas de los policías nacionales que ocupaban uno de los banquillos del Tartiere, sin siquiera recibir amonestación verbal. Pero a Juanma sí. A la segunda, a la calle. Dos faltas, dos amarillas. Y chitón, que soy Vicandi, más chulo que un ocho hablando con un siete…

“¿Y lo nuestro p’a cuando?”. Para mañana, oigan. o mejor, para el próximo finde, porque este tampoco va a ser. Que si ya el  trencilla te deja los diez últimos minutos con uno menos, y se harta de pitar fatas laterales dando opciones a los de casa a remontar, apaga y vámonos. Que nos miró un tuerto en las tierras del cachopo y la sidrinha, que no es normal marcar en el minuto 2, anotarse el empate en propia puerta y regalar el tanto de la victoria a los locales en el minuto 90.

“¿Y Sergito Herrera p’a cuando?”. Porque el centro de Saúl Berjón iba tocadito pero blando, y el pobre Rubén, que no es mal portero pero cuando mete la pata la mete de forma grosera, saca la manopla y espanta una mosca, en vez del balón. Que era lo que había que haber espantado, alejado o golpeado como había hecho todos y cada uno de los minutos anteriores en los que salió a lo Mazinger Zeta, a lo Basauri. Pero el último no. El que duele, el que impide sumar, el que nos deja más escocidos que el culito de un bebé con las tripas sueltas, no lo despejamos.

Pues nada. Que ni Vicandi ni Rubén ni la diosa Fortuna quiso que Osasuna sumara, tras hacer un partido respetable que, como poco, merecía habernos dado un punto. Pero la vida es así, los trencillas son así, los errores son así. Ya sabéis, para tenernos contentos, a ganar en el Wanda al Rayo Majadahonda. Porque podríamos decir aquello de “¿Y la victoria fuera de casa p’a cuando?”.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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Reds on fire

Esto de hacerme estrellitas en el cuero cabelludo, sin complejos Maricarmen, hace que me ponga al día con estas juventudes que pueblan el planeta. Que si voy de pro, que si ando al loro y, sobre todo, que si hago como los rojillos y me pongo “on fire”, que es lo que viene siendo enchufado y entregado como nunca lo había estado. Pues los nuestros parece que se han encendido, que han recuperado la chispa y que empiezan a rular, a carburar y a marchar on fire…

Rubén García conduce el cuero ante la presión de un rival del Córdoba. LFP

Rubén García conduce el cuero ante la presión de un rival del Córdoba. LFP

El Sadar es un fortín. Ya lo podemos decir. Ganar a Osauna en su campo se va a convertir en una tarea dificililla. Y es que una vez que ha arrancado el proyecto de Jagoba, el equipo empieza a mostrarse reconocible en su fútbol, en su dominio y en el alma guerrera buscando desde el primer segundo la cara del meta rival. Todo en pos de la victoria, todos juntos, unidos y peleando desde Rubén hasta Brandon.

Da igual quién marque, sean los delanteros, los medios o los defensas. El trabajo de todos suma y así se demostró contra el Córdoba de Sandoval, lejos de ser el equipo en remontada de la pasada campaña y que ha empezado con muchas sombras. Pese a tener gente de renombre entre sus filas, pero es que cuando algo se tuerce desde el inicio, es difícil enderezarlo. Aunque Arrasate lo haya hecho, pero es que el caso es diferente de un banquillo a otro…

Osasuna es reconocible, por fin. El estilo Arrasate empieza a dar frutos. Jornada 9, 12 puntos y sin conocer la derrota en Pamplona. Vale que fuera flojeamos, pero ya hemos empezado sumando un punto en una plaza difícil como La Romareda, y veremos cómo se dan las cosas en Oviedo la próxima semana, pero la cosa pinta bien.

Los coleguis están on fire. Enchufados, más que un exministro saliendo del Gobierno y pillando puerta giratoria, más que un alto cargo de Endesa que, con la subida de las tarifas de la luz, nos van a desangrar a los curritos de turno pero vamos a colaborar en llenar sus ya de por sí llenos (y anchos) bolsillos. On fire salió Kike Barja, como lo hizo Brandon, como Mérida, Juan Villar, Rubén, Unai, Oier… Todos on fire, pese a algún cortocircuito que le suele dar al Pelocho, pero hasta esos detalles suman.

Suma el esfuerzo de Brandon Thomas, que no pudo celebrar un gol y dedicarlo a su castigada Mallorca, suma Xisco saltando desde el banco, suman Lillo y Clerc desde las bandas, pese a que el primer se durmiera un poco en el tanto del Córdoba, con la inestimable colaboración de Aridane que se dejó comer la tostada, el café, el croissant y la cartera en el salto con Piovaccari. Pero el equipo no se descompuso y siguió sumando, siguió on fire.

Porque un primer tiempo con dominio rojo total, con ocasiones que no se plasmaban en gol pero presagiaban que iba a llegar, con un rival atenazado enfrente, dependiente de los balones largos ganados en carrera desigual por Jovanovic quien no encontraba compañía al levantar la cabeza. Y mientras, los rojos, subiendo revoluciones. Con Barja enchufado, con Rubén conduciendo y abriendo a Kike, con pase de gol a Juan Villar que hizo grata la espera para volver a verlo sobre el verde, cinco partidos después.

Y arrancó el segundo tiempo, hijo, somos de Osasuna y si no sufrrmos, no molamos. On Air nos pillaron en el empate, en el aire, en la nube, en la Luna o en la estrella tatuada en el pelo. Donde sea, menos en el campo. Pero no pasaba nada, el equipo sabía a qué jugar, los futbolistas andaban a tope y centrados. Como demostró el tanto de Kike Barja.

De listos está lleno esto del fútbol. Lo raro es tenerlos en nuestras filas, más dadas a acoger a conejitos que a espabilados. Pero Rubén pilló un saque de esquina en corto, envió un centro que agarró a la defensa rival descolocada, el cuero se paseó por el área pequeña y Barja, cuando ya estaba pensando en irse a la ducha, dejó el 2-1. Ale, faena hecha, entra Robertito…

Y las faltas en la frontal nos permitían soñar con un gol como el de Rubén contra el Sporting. Pero el lanzamiento de García se fue arriba. La siguiente, obra del empuje de Oier, se la pidió el de Arre. A ver si es que Roberto va a ser la solución  para desatascar encuentros enmarañados, como lo fue en La Romareda… Pues sí. Derechita de seda, cuero a la escuadra y 3-1 Y 10 minutos de regocijo, tranquilidad y sosiego…

Este Osasuna va on fire. Lejos del indiscutible Málaga, que lo lógico es que pase su racha mala y baje un poco, y no muy lejos de los puestos de abajo. Pero de momento dando forma a un proyecto que nos mola, que nos pone, que hace que estemos entregados en cada partido que juegan los nuestros y que hacen que hayamos recuperando la ilusión. Osasuna está on fire y su afición se contagia. On fire todos rumbo al Tartiere…

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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Zipi y Zape al rescate

Se estaba poniendo el partido de La Romareda de esos que le gustan a Papuchi, “raro, raro, raro”. Con un primer tiempo en el que los nuestros fueron incapaces de aprovechar el regaliz del penalti y, para ser generosos y dejar ofrenda a la Pilarica, permitir que en un córner se adelantaran los blanquillos. Con sensaciones encontradas en la hinchada rojilla, escocida con los gerifaltes por poner un encuentro en fechas festivas y contra rival cercano un lunes lunero, cascabelero, a las 21.00 horas. Como para coger el coche y animarse a ir, oigan…

Un córner. Un centro. Un cabezazo y un gol. Con lo que nos cuesta marcar, qué fácil encajamos... LALIGA

Un córner. Un centro. Un cabezazo y un gol. Con lo que nos cuesta marcar, qué fácil encajamos… LALIGA

El caso, os comento, que el partido nos dejaba con una primera parte templadita, lamentando la pena máxima fallada por Brandon y con el temor de la lesión del faro rojillo, ese Íñigo Pérez que se retiraba al vestuario con el tobillo derecho protestando tras una dejadita blanda que se premió con un giro de esos que el tendón hace como el gato de Rosarillo Flores, “huy, huy, huy…”. Y con derrota en el luminoso en la cuarta oportunidad de tratar de lavar la imagen como visitantes, que peor no podía estar.

Y Jagoba llamó a Bittor. Y Alkiza le dijo que vale, ok, mister, lo que mandes. Con Íñigo tocado, salta Fran Mérida, alias Zipi, y arranca el segundo tiempo. Y el catalán empezó a hacer lo que mejor sabe hacer: jugar a fútbol. Y se echó al equipo a las espaldas. Mérida bajaba a recibir, Mérida se ofrecía, Mérida conducía, Mérida abría a una banda, abría a la otra, cortaba por el carril del cetro, metía un sugus a las espaldas de la defensa blanquilla para que Brandon y Rubén trataran de hacer pupita española. Y la cosa mejoraba, si bien es cierto que la necesidad en el marcador obligaba a arriesgar más en busca de, al menos, el empate.

Y saltó al terreno Zape Torres. Y se colocó en la derecha, mandando a Barja al extremo opuesto, abriendo el campo cosita fina, asistiendo a Brandon y a Rubén y colaborando con Mérida en la circulación en tres cuartos. Y entre Zipi y Zape armaron la marimorena, cumpliendo el deseo de todo aficionado de demostrar que, desde el banquillo, pueden existir soluciones, y vaya si existieron.

Porque de un balón retrasado al que no pudo llegar Eguaras nació la listeza de Zape, que la ganó y entró en el área rival por la derecha. Y Zape Torres vio por el rabillo del ojo a Brandon, pese a ser chiquitín, y le cedió lo que se conoce como pase de la muerte, caramelito envuelto o balón a huevo. Y pese a tener delante y vencido a Cristian, que el argentino estaba en todas partes, cansino se puso, madre, logró el empate. Empate y primer tanto de los rojillos lejos de Pamplona en lo que vamos de campaña. Ocho jornadas. Ahí es nada…

Pero pudieron armar más Zipi y Zape. El primero, incluso asistiendo a los delanteros locales en algún que otro error en la salida, en esos balones horizontales que hay que darlos tensos y fuertes o te la juegas. Pero es que anda recuperando sensaciones, y pillando ritmo, así que todo se le perdona. Todo siempre y cuando no termine en gol encajado, obvio. Pudieron llegar goles de Rubén García, que si se fue de La Romareda inmaculado fue por Cristian, por los postes y por la zaga. El atacante rojillo lleva veneno y tiene mucha calidad, lo vamos a disfrutar…

Bien el equipo en el primer punto lejos de El Sadar. El conjunto se va haciendo, hay fuerza arriba, hay toque en el centro, hay seguridad atrás, pese a Aridane. Las bandas colaboraron, dejando todavía agujeros en las espaldas de Clerc y Lillo. Barja es incisivo, hasta Rubén paraba las que tenían los locales y del otro Rubén ya hemos dicho. Brandon hizo que nos olvidáramos de Quique, de David y hasta de Xisco. Chiquitín, tatuado, pero currante como él solo y con muestras de una calidad que ya ha dejado ver en lo poco que ha jugado.

Otro punto, en la zona media pero, lo que es más importante, apuntalando el proyecto. Ahora no queda más remedio que seguir currando, de recuperar a los tocados, de ver si Villar llega de una vez por todas y a estudiar y analizar al Córdoba, el próximo visitante que debe salir de Pamplona sin puntos. Sea con Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón o con Rompetechos de colegiado…

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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Victoria

No, que nadie se asuste. No es que me haya equivocado, que los rojillos se hayan quedado una hora más sobre el tapete de El Sadar tras empatar sin goles contra el Numancia y hayan sido capaces, muy a última hora, de marcar ese gol que no pudieron anotar en los 94 minutos que tuvieron de partido. Y que lo hubiese dado por válido el pitolari. No. Para nada. La explicación del título hay que buscarla en Murillo de Lónguida, hace 103 años y medio. Es cuando nació Victoria, la abuelita del que aporrea las teclas, y que este jueves 27 de septiembre subía con sus más de cien velas al cielo. Se fue, pero nos dejó mucho. Durante mucho tiempo.

El meta rojillo, Rubén Iván Martínez Andrade. Capaz de lo mejor, de lo peor, y de hacer paradones. DAVID GARCÍA

El meta rojillo, Rubén Iván Martínez Andrade. Capaz de lo mejor, de lo peor, y de hacer paradones. DAVID GARCÍA

Y es que deseaba casi más que nadie que Osasuna lograra el triunfo, que ganara al Numancia, que sumara por segunda vez consecutiva tres puntos, para hacer seis en los encuentros de casa y dedicarle a la abueli el triunfo. Victoria, bonita palabra que, pese a que la buscaron, no pudo quedarse en el feudo rojillo. No fue Victoria, pero tampoco derrota. Cerocerismo, empate y a seguir trabajando, que esto es muy largo…

Pensando, fijaos lo que tiene la vida que hasta a mí me da por hacer eso, me dí cuenta que la abuelita nació en un mundo en el que no existía Osasuna. ¿Y cómo se divertirían?, me preguntaba. Porque claro, llegar a este mundo antes de que se produzca la I Guerra Mundial sin tener a los rojillos como que no sé, algo de salsa a la vida les debía de faltar por estos lares… Creo que por eso, cinco años después, en el año 1920, se fundó el Club Atlético Osasuna. Y ya sí, ya desde el primero y hasta el último de los habitantes de Murillo de Lónguida y extendiéndose por toda Navarra, podían respirar tranquilos.

Victoria, con sus flores, su currusco de pan en el bolsillo de su bata, su zapatilla. Enjuta, coqueta, con cierto aire a la Ángela Channing de ‘Falcon Crest’. Así era la abuelita. Así la veíamos. Cuidadora de un imperio ficticio cuyo mayor tesoro eran los cinco hijos que tuvo y los diez nietos que le dieron. Por no mencionar a los enanos, a esos biznietos encabezados por Lucía y con Irati como último eslabón, en la cadena que forman Sofía, Marta, Leo y Martina. Pero los rojillos no pudieron derribar el muro numantino, nunca mejor dicho.

Un Numancia que llegaba a Pamplona acuciado por los puntos, por la falta de los mismos. Necesitado de cariño, de juego, de fútbol. Y para ello estaba Rubén, el meta rojillo. Para regalar un penalti infantil, tonto, de conejo y canelo. Todo junto y directo a los once metros. Un penalti que cometen los chiquillos al aprender el ABC de esto del fútbol, por no atajar un balón más parecido a un barbo que a un esférico, escurridizo y que, al ir a por la segunda atrapada, se tiró como elefante en cacharrería, arrollando a un rival.

Un Rubén que resumió la frase “él nos lo da, él nos lo quita“, que lanzaba a las redes el tercer Flaño. Porque no solo enmendó el error al despejar el lanzamiento de Higinio desde el punto fatídico, sino que evitó la derrota rojilla. Con uno, dos, tres o cuatro paradones. Echándole criadillas al asunto, ganas y tensión. Dejándose de despistes, suyos o los de las Aridanadas de turno. Tenemos flanes en la defensa, será cuestión de dejarlos cuajar unos meses hasta que se conviertan en buenos. Paciencia, que es lo que queda.

Pero es que si atrás hay flanes, arriba hay Marías. No plantas de esas que las fumas y ves “tó de colores”, que decían los chavales de Estopa. Marías en el sentido bíblico de la palabra, madresitas del alma queridas, abuelitas como Victoria. Con 103 años seguro que ella tendría más malicia que los David o Brandon de turno. Si están tres horas más intentándolo, no lo consiguen. Si perdonas, terminas pagándolo, aunque esta vez no se pagó y, por lo menos, se sumó.

No hubo victoria, aunque sí Victoria. Yo la disfruté 44 años, que no es poco. En cuanto al triunfo rojillo, será cuestión se seguir confiando. Habrá que tener paciencia, habrá que apoyarlos, habrá que jalearlos y que seguir dejándonos las cuerdas vocales. Porque si vamos camino de los 100 años con los rojillos y ya vamos cogiéndoles cariño, no va a ser ahora cuando les demos la espalda y arrojemos la toalla, ¿no? A Zaragoza, a cambiar la imagen lejos de Pamplona y, si es posible, a conseguir un triunfo… ¡Por la abuelita Victoria!

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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Agua, agua y más agua

Dicen que al enemigo, ni agua. No se le puede conceder ni medio metro, ni un aliento, ni un pase, ni una pérdida ni medio miligramo de esfuerzo. Y cuando lo veas en el suelo, moribundo, hay que rematarlo. Nunca dejar que se levante, que recupere un hálito de vida o que siga respirando porque, como las cobras, te morderá y no te dará segundas opciones. Pues Osasuna es esa ONG que va levantando moribundos, que no es capaz de apuntillar al rival, en este caso el Nàstic, que no conocía la victoria esta temporada. Hasta la visita de los rojillos, claro.

Manu del Moral celebra con un compañero el gol del Nàstic ante las cabezas gachas de Aridane y Lillo. LFP

Manu del Moral celebra con un compañero el gol del Nàstic ante las cabezas gachas de Aridane y Lillo. LFP

Ni agua, ni pan, ni la mano para levantarse. Esa es la actitud para ganar en esta vida. Es triste, es lamentable y poco solidario, pero en esto del fútbol las cosas están escritas hace más de un siglo, y siguen imperando hoy en día. Los rojillos tenían una buena ocasión para lavar la imagen de visitante, denostada para los intereses de la parroquia navarra en el dubitativo arranque de campaña en el que el proyecto está todavía sin asentarse. Dos visitas y dos derrotas. Tres goles en contra y ninguno a favor. Se puede mejorar…

Osasuna nadó en la orilla del Nou Estadi de Tarragona, una tierra que tanto conocemos los de estos lares, para morir en la orilla y sin premio. Estéril viaje cuyo castigo se prolonga con la lesión de Xisco y cuya medio buena noticia es el papel destacado de Brandon Thomas, un chaval que nos puede dar mucho, que se erigió en el mejor del equipo. Por lo menos sobre seco, ya que sobre mojado…

Nunca mejor dicho. Llueve sobre mojado, y es que los errores de Mallorca y Granada se repitieron hasta la saciedad, hasta el aburrimiento, en el segundo tiempo. Porque en el primero la cosa era distinta, la situación prometía, parecía que el encuentro se podía sacar con un empate, como mal menor. Porque no se sufría atrás, quitando alguna que otra Aridanada de esas que el majorero hace y que, si no cuestan gol, nos salvamos.

Arriba, Brandon rompía con su velocidad a una defensa local atenazada por el mal inicio de temporada, por la presión de tener que ganar sí o sí y querer empezar a sumar para abandonar el pozo de la tabla. De esa tensión se beneficiaba un Osasuna que bailaba al son de Íñigo Pérez, con tres centrales y Vidal y Clerc de carrileros, con un Rubén García que despertaba conforme pasaban los minutos y un David Rodríguez que daba la réplica a Xisco, retirado por lesión antes de tiempo.

Osasuna se gustaba, nadaba a favor de la corriente y el partido llegaba al descanso con signo rojillo, mejor dicho, osasunista, ya que los nuestros se las prometían felices y esta vez lucían la camisola blanca con pañuelico en el cuello. “Con ajustar cuatro detallitos y juntar las filas, cuidando la retaguardia, nos traemos a Pamplona como poco un punto, chavales”. Esas palabras resonaron en los oídos de la hinchada navarra, que volvía ante la pantalla a certificar el triunfo y el hundimiento del rival medio herido.

Arranque parecido, con dos llegadas e incluso Brandon animándose a chutar. Y de golpe y porrazo se desató el diluvio universal, empezó a jarrear como no se ha visto por aquellas latitudes costeras y el agua purificó a unos y a los otros los ahogó, los anegó y pareció hacerles olvidar qué estaban haciendo y cómo lo estaban haciendo.

Agua que no has de beber, déjala correr. Es lo que pensaron Nacho Vidal y Oier, que salieron a por Tete como yo salgo al encuentro de mis gatos, Thor y Nana, blandito y cariñosón como soy a mi tierna edad. Y le dejaron correr al Morente, que pilló la vertical, metió a la espalda de los tres centrales por donde cayó Manu del Moral, seguido con la vista por Aridane. Y el delantero, que lleva en esto del fútbol más años que agua lloviendo sobre la Tierra, la colocó en el palo corto. ¿Rubén? Bien, gracias. El cuero entró llorando, y nosotros llorando porque no estaba el chaval, Juan Pérez, que para el caso es lo mismo.

Tocaba remontar. Tocaba remar, bogar, nadar, pelear contra el agua, buscar un gol, caracol miricol saca los cuernos y vete al sol. Si se quería sumar, claro. Pero nada. Ni remontar, ni remar, ni bogar, ni nadar. Pelear sí, mucho. Pero sin frutos. Y el caracol se quedó en la concha, que no Velasco. Resguardado, a la espera de que deje de llover y ya si eso, en la siguiente salida, a ver si los rojillos suman algo. Pero será muy tarde. porque ahora llegan dos encuentros en casa. Sporting y Numancia. ¿Qué veremos?

Mal encuentro en Tarragona, cerca de esa playa de Salou donde tanto nos bañamos pero poco nos mojamos. Los que se mojaron fueron los locales. Agua, agua y más agua. El proyecto no termina de arrancar, falta oxígeno, muchos bracean sin encontrar sitio en el campo, pero es lo que hay. Esperemos que los dos encuentros en casa sirvan para ver mejor fútbol y, de paso, su sumamos seis punticos, poder oxigenar el ánimo encharcado de la afición…

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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Perdonar, pagar, cascar

No es ‘Come, reza, ama’ ni mucho menos, pero la terna de infinitivos nos viene al pelo para el precipitado adiós copero de Osasuna. Una competición que claro, una vez que te largan a la calle, deja de interesar y activa el modo “lo que cuenta es la Liga”, paños calientes que no calman el sinsabor y la tristeza de haber salido a las primera de cambio de una competición que tantas alegrías y una única final nos ha brindado. Claro, es que la Copa no interesa. Y cuando uno perdona…

Perea despeja de cabeza poniendo la misma cara que el Fary catando limones. Agria derrota rojilla y adiós precipitado a la Copa del Rey. E. BUXENS

Perea despeja de cabeza poniendo la misma cara que el Fary catando limones. Agria derrota rojilla y adiós precipitado a la Copa del Rey. E. BUXENS

Si este partido termina 1-0 estaríamos todos contentos, felices, qué buenos somos, hay fondo de armario y ropa de recambio por si vienen las lluvias. Pero se cumplió la máxima de las máximas en esto del balompié: si perdonas, terminas pagando. Ergo la cascas y te eliminan. Tal cuál. Porque Osasuna pudo marcharse al vestuario con ventaja de uno o dos goles, pero por obra y gracia de un tal Pol, cancerbero del conjunto catalán, los guarismos se quedaron a cero tras el primer tiempo.

Todos veíamos cómo Flaño y David mandaban en la defensa, cómo Olavide se presentaba como alternativa en el ataque, cómo Torres dejaba detalles de su clase, cómo Barja pedía a gritos media titularidad desbordando, rematando y siendo un estilete con el que el mismísimo Luis Enrique podría contar para esta nueva ‘Roja’ que deslumbra a Europa y al mundo entero, hasta que llegue la competición de verdad.

Y como decía Alejandro Sanz, “se les apagó la luz”. Porque los chavales salieron del vestuario con la caraja subida y dejaron de hacer las cosas todo lo bien que lo estaban haciendo. Perdonaron en la primera parte, haciendo al tal Pol internacional, errando ocasiones a bocajarro que nos la falla ni el menda lerenda en Boscos, categoría que por otra parte está menospreciada y atesora mucha más calidad que más que algún tuercebotas que vive de esto.

20 minutos. Ese tiempo fue el que emplearon los chicos, del 45 al 75, en dilapidar la buena imagen, en pasar de ser los buenos, la alternativa y los del fondo de armario a ser los lógicos suplentes, los comparseros y los que sirven para los entrenamientos y poco más, no apuren tanto. Porque lo que poco antes era solvencia, seguridad, peligro en ataque y rapidez al corte acompañado de anticipación se tornó en lentitud, grietas defensivas, nulidad en ataque y permisividad a los rivales.

De ahí llego el primer gol de un Osasuna-Reus, tras tres choques, obra de Fran Carbia en una internada por la izquierda con rebote del cuero en Flaño y el propio Carbia, sin que Juan Pérez pudiera ni olerla. Un Juan Pérez que el segundo, minutos después, sólo podía mirar cómo entraba por la escuadra en un cuero suelto en el área. “Adiós, a la Copa, adiós…”.

La impotencia de la grada, ojiplática al ver cómo se había podido marcar dos o tres goles y sin embargo el 0-2 alumbraba a las polillas del luminoso era de las de aúpa. Pero como en la Copa, si no acordémonos del pasado año contra el Albacete, todo es posible, por ahí apareció Clerc para dejar un atisbo a la esperanza, diez minutos (cinco de juego más cinco de añadido) de centros al área, ocasiones de empate, más paradones del tal Pol y estériles intentonas que ya no movieron el marcador, apeándonos del torneo del K.O. a las primeras de cambio.

Si perdonas, lo pagas. Si lo pagas, pierdes, ergo cascas y te eliminan. Eso le pasó a Osasuna. Fuera de la Copa del Rey a las primeras de ca,bio, algo que más de uno verá con buenos ojos para soltar el “centrémonos en la Liga”. Claro, es que con el calendario tan apretado, con el Trofeo Ciudad de Pamplona, la Champiñons y la Copa Orbaiceta, amén de LaLiga 123, no interesa la Copa del Rey. Se la dejamos a otros equipos, como la UD Mutilvera…

¡Hasta la muerte, Forofillo has la muerte!

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A lo Johan

No lo vi jugar. Y es que, aunque peine canas, no son tantas. Pero los que sí que tuvieron la suerte de ver sobre el verde al flaco Johan Cruyff destacan todo de él. Sí que lo vi entrenar, al frente del Dream Team con su filosofía de fútbol ataque y su sempiterno chupa-chups en la boca. Daba igual que te metieran dos o tres goles, siempre y cuando tú hicieras tres o cuatro, pensaba. Siempre un gol más que el rival, aunque hubo honrosas excepciones como la final de Wembley, esa recordada primera Copa de Europa para los culés con gol de Koeman en la prórroga. Fue la excepción, tan poco gol, que confirmó la regla de que Johan fue un grande en el terreno… y en los banquillos.

Juan Villar celebra, en éxtasis, el primer tanto de la tarde contra el Almería. BEGOÑA GOITIANDIA

Juan Villar celebra, en éxtasis, el primer tanto de la tarde contra el Almería. BEGOÑA GOITIANDIA

A lo Johan llegó la primera victoria de la era Arrasate, de este nuevo Osasuna que saltó contra el Almería con más pólvora que una nave de transporte de oro en el siglo de los piratas o que Fort Nox tras su inauguración. Con mucho peligro arriba, con Xisco, con Rubén García, con Juan Villar, con Brandon… Casi nada. Y es como se tienen que hacer las cosas, poniendo todo en liza para ver si funciona. Vaya si funcionó…

Y como Cruyff, descuidando la parcela defensiva donde parece que más problemas vamos a tener. Pero qué quieren, sarna con gusto no pica. Y el menda lerenda prefiere que nos hagan uno si vamos a marcar tres. Que eso de estar siempre con el trofeo Zamora como único premio del año no es que sea muy alegre. Que lo es, pero en esto del fútbol el gol son las zanahorias, la cebolla, el pimiento y el jugo en el asado: la salsa, vamos.

Osasuna empieza a tener pinta de equipo, empieza a ofrecer cosas y a dar muestras que hacen que seamos optimistas. Hay un director en el medio del campo, Íñigo Pérez, acompañado de ese obrero del fútbol que es el yerno que toda madre quiere para su hija, Oier. Entre ambos dibujan el tiempo de los partidos. Si de ese eje central para arriba ves que tienes a gente como Rubén García, Juan Villar, Brandon, Xisco y que en el banquillo esperan Kike Barja, Torres o David García, la cosa se pone muy chula. Otra cosa es mirar hacia atrás…

Los errores en defensa se ven mucho más que los aciertos en ataque, eso es un perogrullo más grande que mi cabeza. Y gasto buen almendruco, no crean. Por eso, la única pega que dejó el encuentro contra el Almería fue las dudas en la zaga. Clerc descuida mucho su carril y da facilidades, la dupla Aridane-Unai debe acoplarse mejor y el único que se salva en el capítulo defensivo es Nacho Vidal, que se está destapando como una grata sorpresa. Muy bien el chaval, cuyo balance entre ataque y defensa no deja déficit apenas y, sobre todo en lo ofensivo, se sale con llegadas y buenas asistencias.

Hasta las actrices más bellas tienen algún lunar, así que este borrón para nada empaña el examen de notable alto que hicieron los rojillos en la cuarta jornada. Ahora, con el pistoletazo de salida ya sonado hace semanas y sabiendo cómo se debe jugar y qué es lo que son capaces de ofrecer, a seguir trabajando y a hacer mayor el saco de puntos. Y todo ello empezando con el encuentro en Tarragona y, sobre todo, los dos siguientes encuentros que se juegan en Pamplona.

Parece que la filosofía de Jagoba no es otra que hacer de Pamplona un fortín, y la parroquia navarra lo va a agradecer. Los dos primeros partidos en casa, la verdad, han dejado mucho para que se cumpla la máxima. Por ello, tras el choque contra el Gimnàstic, hay que hacernos fuertes en El Sadar contra Sporting y Numancia. Estos tres próximos encuentros pueden marcar la valía de este equipo. A ver si lo de Villar queda en nada y seguimos manteniendo el poder ofensivo. Porque como decía Johan Cruyff, “Prefiero ganar por 5-4 que por 1-0”. Eso es fútbol, señoras y señores.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

 

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Retrasados

Ojo, que no me refiero a nadie en concreto, eh, que aunque vengo calentito y ganas no me faltan de poner a bajar de un burro a más de uno, ante todo hay que saber guardar las formas en esta vida y tirar de educación. Para lo bueno y para lo malo, pero ante todo siempre educados, limpios y con ropa interior nueva. Por lo que pueda pasar. Pero somos retrasados o, mejor dicho, vamos retrasados. Y tras la derrota de Granada, un poco más.

Rubén se duele tras evitar un gol de falta de Vadillo y golpearse con la cabeza en el poste. LALIGA.ES

Rubén se duele tras evitar un gol de falta de Vadillo y golpearse con la cabeza en el poste. LALIGA.ES

Y es que decía Jagoba que un punto en los dos primeros partidos hacía que el equipo se quedara en posiciones bajas, alejado de un objetivo que todavía no se ha anunciado pero que todo el mundo dice con la boca chiquita: terminar mejor que el año pasado. A saber…

Nada más terminar el encuentro, por llamarlo de alguna manera, y antes de comenzar a hacer la primera entrada del año, no he podido evitar lanzarme a la hemeroteca a comprobar una cosa. A ver el Numancia, exequipo de Arrasate, si es que había tenido un arranque malo para ir remontando poco a poco, que todo puede ser, oigan. Pero nada. Todo lo contrario. Los sorianos, tras las tres primeras jornadas, sumaban 7 de 9 la pasada temporada. Dos victorias por la mínima en casa y un empate en el hoy clausurado por obras estadio de Vallecas.

Y para más escozor ahí que tenemos a Diego Martínez, en el banquillo rival, sumando un triunfo como local más cómodo de lo que jugó toda la pasada campaña en El Sadar, sin mencionar que Quique González, el exdelantero rojillo fichado por el Dépor merced a una cláusula más digna del Interpueblos que del fútbol profesional, ha empezado ya a marcar goles. En tres partidos lleva casi los que hizo en Pamplona…

Pero no pasa nada. Somos retrasados, mejor dicho, perdón, vamos retrasados. Con un puntico en tres partidos, con un gol a favor y cuatro en contra, aunque esto va para largo. Tan largo como el hacer que tengamos equipo, como que las ideas de Jagoba Arrasate se vean en el juego, como comprobar que se hace la presión, que su idea de Oier en el centro funciona, que los laterales y la defensa se acoplan o que la delantera empieza a marcar goles.

En Los Cármenes se me libran Íñigo Pérez, Justo Villar y el utillero, empeñado en dar agua con el calor que hacía. Y es lo que tiene el verano, que si juegas a las 18.00 en Granada te puede dar un aquello, pero si juegas a las 21.00… también te da. Porque Osasuna saltó al verde con golpe de calor, con ictus, con diarrea mental y con atolondramiento, todo junto y a la vez, facilitando la labor de los nazaríes.

No se vio nada. No se transmitió nada. Ni con defensa de cuatro, o de tres con dos carrileros profundos. No hubo centro del campo, no se utilizaron los carriles, sabíamos que jugó titular Xisco porque lo cambiaron al final. La verdad, poca cosa la ofrecida por los de naranja en Granada, y es lo que se ha ofrecido en lo que vamos de temporada. Aunque repito, esto va para largo…

Para largo hasta que se acople el proyecto, hasta que se dé con la tecla, hasta que llegue la primera victoria. Para largo, allí queda el mes de junio, promociones a un lado. Hay un proyecto y lo lógico es no volvernos locos y mantener la calma. No cometamos el error de la pasada campaña, cuando en 15 partidos estábamos ya sacando en abono de Primera y luego todos sabemos cómo acabó el cuento. Vamos a dejar trabajar a Jagoba Arrasatre, a Bittor Alkiza, a una plantilla que de largo puede ofrecer más de lo que ha hecho hasta ahora.

Seguimos de pretemporada. Incluso contra el Almería, la próxima jornada, se pueden sacar once titulares distintos. O siete nuevos, tampoco hay que hacer tanta sangre. Se pueden dejar jugadores que no rinden en el banquillo, no pasa nada. La cuestión es seguir haciendo pruebas para ir sumando poco a poco. Este año, haciendo propósito de enmienda, voy a esperar toda la primera vuelta antes de sacar el hacha. Y eso que contra el Granada, si de mí dependiera, rodaban cuatro o cinco cabezas como poco. Pero como tenemos proyecto nuevo, como la Segunda es larga y cada vez de más nivel, como creo que hay plantilla, esperaremos. Eso siempre que en diez partidos no saquen cuatro puntos, en cuyo caso me da que alguno que otro el turrón se lo come en su casita. Pero ante todo, paciencia y apoyo, es lo primordial. Pese a que seamos, o vayamos, retrasados…

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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