La UPNA participa en el desarrollo de un sistema de procesamiento de las imágenes de las resonancias magnéticas con el objetivo de avanzar en la detección precoz del Alzheimer
LA informática puede ser la respuesta a uno de los mayores retos de la medicina actual: la detección precoz de la enfermedad de Alzheimer.
Así lo creen los miembros de un grupo investigador compuesto por ingenieros, informáticos y médicos de distintos hospitales y universidades españolas, entre las que se encuentra la UPNA, auspiciado por la empresa Deimos Space. Su objetivo es desarrollar una plataforma informática de detección precoz del Alzheimer a través de un nuevo sistema de procesamiento de imágenes de las resonancias magnéticas que estará a disposición de los servicios sanitarios españoles en 2011.
"Hoy por hoy, el Alzheimer no tiene cura y las medicaciones sólo retrasan los efectos de los síntomas. La ventaja de la detección precoz es que permitiría adelantar la aplicación de estos tratamientos y desestimar su uso en los casos en los que no sea necesario. Además, al poder medir la evolución de la atrofia cerebral que provoca la enfermedad, esta herramienta servirá para comprobar la eficacia de las pruebas experimentales que se están desarrollando en la lucha contra el Alzheimer", indicó el navarro Ricardo Insausti Serrano, catedrático de la facultad de Medicina de la Universidad de Castilla La Mancha y coordinador del grupo investigador, que ayer celebró una jornada de trabajo en el campus de la UPNA de Tudela. En este grupo se encuentran las profesoras de la UPNA Ana Insausti Serrano y Amparo Santamaría Torroba, y la fisioterapeuta Elisabeth Pais Sousa.
A mayores de 65 años
Este sistema informático, financiado por el Plan Avanza del Ministerio de Industria, procesa las imágenes de las resonancias y mejora su visualización consiguiendo la modelación y medida del volumen de las regiones cerebrales cuyo deterioro desemboca en la enfermedad de Alzheimer.
"El hipocampo y la corteza que lo rodea se atrofia y disminuye de volumen. Este deterioro, causa de la enfermedad, es algo que se puede medir, y la herramienta que estamos desarrollando facilitará esta labor de cuantificación para determinar si un paciente desarrollará o no Alzheimer".
Según apuntó Ricardo Insausti, esta prueba se realizaría a personas mayores de 65 años y se repetiría 7 o 10 años después. A partir de entonces, las pruebas deberían tener una frecuencia de unos 5 años. Así se podrá dibujar un mapa estadístico de los cambios de las áreas del cerebro en las que se procesa la memoria -lóbulo temporal medial-, y que provoca las enfermedades neurodegenerativas.
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