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El tercer pulso de los sindicatos al Gobierno en un mes paraliza Grecia

Unas 50.000 personas, según los sindicatos, y 15.000, de acuerdo con la Policía, recorrieron las calles de la capital

Actualizada Jueves, 11 de marzo de 2010 - 19:33 h.
  • AGENCIAS. Atenas

Los sindicatos griegos añadieron hoy presión al Gobierno socialista con la tercera huelga general en un mes que paralizó los servicios públicos, en respuesta a los planes de austeridad para evitar la bancarrota de la endeudada economía helena. El seguimiento del paro fue, con todo, desigual: mientras que los transportes, los organismos públicos y los centros educativos y sanitarios estatales quedaron paralizados por la convocatoria, el sector privado mantuvo una cierta normalidad.

Unas 50.000 personas, según los sindicatos, y 15.000, de acuerdo con la Policía, recorrieron las calles de Atenas convocadas por tres grandes formaciones, una cifra moderada si se considera que esos colectivos suman unos 500.000 afiliados.

"No pasarán (las medidas)", decía uno de los eslóganes que portaban simpatizantes del sindicato de funcionarios, que han visto cómo sus ingresos en pagas extras y bonos se han reducido en un 30 por ciento.

"No vamos a tolerar que se pierdan los derechos salariales que tenemos desde hace décadas", advirtieron hoy a Efe fuentes del sindicato mayoritario de trabajadores, el Gsee.

"Queremos trabajo y un futuro", se leía en otra pancarta de los estudiantes de colegios técnicos, ante la amenaza de un desempleo que va en aumento, y en otras se decía "Que la crisis la paguen los que la ocasionaron... la plutocracia".

Durante la marcha de protesta, que pasó delante del Parlamento, se produjeron enfrentamientos entre grupos de radicales y agentes antidisturbios.

Varias sucursales de bancos, tiendas y las fachadas de algunos hoteles resultaron dañadas en los ataques de un grupo de unos 200 encapuchados, que se enfrentó a la Policía con piedras y artefactos incendiarios.

Los agentes, entre los que se registraron trece heridos, respondieron con el lanzamiento de gases lacrimógenos y arrestaron a al menos veinte manifestantes.

El paro de hoy es sólo el último de una serie de huelgas y protestas con las que los sindicatos han hecho una demostración de fuerza al primer ministro griego, Yorgos Papandréu, cuyo plan de ahorro, por otra parte, tiene el respaldo de gran parte de la sociedad.

De hecho, la intensidad de las protestas de las principales centrales sindicales, cercanas ideológicamente al Partido Socialista de Papandréu, ha sido hasta la fecha moderada, si se tiene en cuenta la histórica capacidad de movilización del sindicalismo griego.

En ese sentido, los medios locales se han referido a la "tibieza" de las protestas, teniendo en cuenta que las medidas de ahorro van desde la subida de impuestos al recorte de salarios y la congelación de las pensiones.

Una estrategia de austeridad impuesta por la dureza de los datos económicos: una deuda pública del 113 por ciento del PIB, un déficit que supera el 12 por ciento y una perspectiva de recesión para 2010 que el propio Ministerio de Economía calcula en el 1,37 por ciento.

El plan de ahorro, loado desde la Unión Europea, tendría que servir para tranquilizar a los mercados y para rebajar el déficit hasta el 8,7 por ciento al final del ejercicio.

Todo bajo la estrecha vigilancia de los socios europeos y en especial de los países de la Eurozona, que temen que una bancarrota de Grecia pueda hundir a la moneda única y provocar un efecto dominó en otras economías comunitarias.

Papandréu, quien se ha asegurado el apoyo de París y Berlín, mantiene inalterado su discurso de que su país no pide ayuda económica, sino que busca recuperar la credibilidad de los mercados para poder obtener créditos con intereses al mismo nivel que el resto de sus socios.

De momento, con una movilización sindical bajo control, una popularidad alta entre el electorado y el apoyo de Bruselas, Panadréu está capeando el temporal de la crisis.

Sin embargo, el margen para la conflictividad social sigue siendo alto, pues el 90 por ciento de los funcionarios rechaza los recortes salariales y el 68 por ciento de los jubilados se muestra en desacuerdo con la congelación de las pensiones.

Además, el sindicato comunista, menos afín a Papandréu, advirtió hoy de que va a "responder con guerra a la guerra de los ricos".

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