Impecable hasta entonces sin balón, Osasuna se adelantó con otro gol de Pandiani tras una explosiva carrera de Aranda
El fútbol no indultó a Osasuna. La victoria estaba en el zurrón y quien más y quien menos se veía cerca de la parte alta de la tabla. Estaba siendo un encuentro sensacional a nivel defensivo y más que aceptable en ataque, sobre todo a raíz del 0-1. Nada hacía presagiar que el Racing pudiera sobrevivir y más cuando su grada gritaba "fuera, fuera, fuera". Sólo faltaba dar el pasito final, ése disfrazado de trámite que consiste en dejar que corra el reloj durante el tiempo de prolongación.
A veces queda minusvalorado y cuando te das cuenta ya es muy tarde.
El Racing sacó de banda sin más sentido, como había jugado hasta entonces. Sin brújula ni ambición, y demasiado echado atrás. Muy reservón. Era un balón franco para la inexpugnable zaga rojilla, que sin embargo en cuestión de décimas de segundo se volvió blanda y confiada, quizá dando por supuesto que el partido se había terminado. Miguel Flaño no dio el pelotazo debido y, en vez de mandar la pelota a la playa del Sardinero, dejó que rodara esperando a Ricardo. Seguro que no contaba con Arana, el más listo de la clase, que marcó a punto de cumplirse el quinto minuto del alargue que concedió Iturralde.
Se lo perdió hasta Miguel Ángel Revilla, el presidente de los cántabros, que con sus bufanda verdiblanca a los hombros, se había marchado del palco con rostro preocupado por su Racing. Encajar un gol sobre la bocina duele de verdad, y más después de haber completado un encuentro sin fisuras y de riguroso orden táctico.
Pandiani, quién si no, había adelantado a los rojillos al rematar una extraordinaria jugada de Aranda, sublime en la potencia. Después, Osasuna lo hizo todo bien, sabiendo debía mantener su concentración. Un minuto. Eso es lo que faltó para su desgracia.
Camacho entró al vestuario y dio la enhorabuena a sus hombres. Por supuesto se habían dejado dos puntos, pero habrá que valorar que este equipo ha cogido el poso que le resistió hace una temporada. Su carácter compacto y sus ideas claras le han llevado a recoger puntos y sobre todo, darse un baño de autoconfianza.
Primera parte trabada
Racing y Osasuna se dejaron el espectáculo para mejores tardes. Los cántabros también apostaron por el juego directo, así que por momentos los veinte jugadores de campo se encontraron en un palmo de terreno. Los rojillos cogieron enseguida el pulso defensivo. Despejes a su debido tiempo, anticipación y solidaridad con el compañero en las ayudas. Además, Munitis y Luis García ya no son los que fueron; Colsa y Lacen, sus teóricos organizadores, no existieron; y no era la tarde de Serrano. El guión era favorable.
Sólo Tchité dio algo de guerra, y de él nació la única ocasión que concedió Osasuna en todo el partido. Cogió la espalda a la defensa navarra y su lanzamiento fue desviado por Ricardo cuando se colaba. El Racing, demasiado conservador para ser el anfitrión, no encontró más espacios y estuvo muy bien controlado por un Osasuna que maduraba en el campo. Volvió a generar peligro en la estrategia una jornada más. Su mejor acción tuvo a Miguel Flaño como protagonista. El de Noáin se encontró con un balón muerto rondando el área chica y como buen defensa rompió el cuero, que se marchó directamente a la grada.
La potencia de Aranda
En ataque, Osasuna se había encomendado al exquisito fútbol de Camuñas y a la fuerza física de Aranda, que se partió el pecho con el brasileño Henrique, cedido del Barcelona. Los dos rojillos se asociaron a la perfección, y en esta sintonía no podía faltar Pandiani. Se estaba jugando ya la segunda parte. Aranda se marchó en velocidad de Henrique, hasta entonces un pilar, al que dejó en los tacos de salida en la carrera. Corrió como un poseso al área y al ver que su ángulo era cada vez peor tomó la decisión correcta de dar el pase hacia atrás. Ahí apareció el Rifle, su compañero de faena, para anotar su sexta bala. Son números de crack y juega en Osasuna.
Aranda y Pandiani ganarían juntos muchos campeonatos de mus. Se entienden como pocas parejas de arietes. Si uno va a la prolongación de la pelota, el otro intuye donde va a caer. Si uno presiona, el otro acude para tapar el agujero que deja. Y si uno controla la pelota en buena posición, el otro le traza el desmarque para recibir. Son un incordio para el rival. Intimidan sin balón y hacen goles.
El caso es que con el 0-1, Osasuna terminó de asentarse en El Sardinero. Llegó más veces al área, metió centros, tiró córners y jugó en campo cántabro, la mejor señal para que no peligrara el duelo. Camacho movió el banquillo. Entró Masoud por Juanfran para darle más aire a esa banda, y Aranda y Camuñas ya no pudieron más. El de Cieza escogió producto navarro para suplirles: Galán y Oier. Mientras, Mandiá cambió a su delantera esperando un golpe de suerte. No llegó con un par de tímidos intentos de Serrano y sí lo hizo de las botas de Arana. El siguiente pitido del árbitro tras el saque de centro fue el del final. Una pena.
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Miguel Flaño se lamenta del fallo de una clara ocasión que tuvo en la primera parte. Junto a él, Nekounam y Crespo. J.C. CORDOVILLA
Pandiani se duele de un golpe en el minuto 89.
Pandiani, autor del gol rojillo, salta sobre Gonzalo Colsa. J.C. CORDOVILLA
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