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"He aprendido a valorar la opinión con criterio de la gente"

RECIBIÓ A MEDIODÍA LA BUENA NOTICIA. SE LO COMUNICÓ A SU EQUIPO Y SIGUIERON TRABAJANDO. LOS PREMIOS SON PARA ÉL UN RECONOCIMIENTO QUE HAY QUE RECIBIR CON DISCRECIÓN.

Actualizada Viernes, 2 de octubre de 2009 - 03:59 h.
  • AINHOA PIUDO . PAMPLONA

Patxi Mangado Beloqui (Estella, 1957) está un poco abrumado. Tres premios en quince días para el Pabellón de España. Los tres le han hecho ilusión, por supuesto, pero destaca "en términos curriculares" el de la Unión Internacional de Arquitectos; en términos afectivos, sin embargo, los otros dos tienen más peso. Mientras responde a las preguntas no cesa de recibir llamadas y mensajes de felicitaciones. Va desgranando sus respuestas sin cesar de dibujar "monstruitos", como él los llama.

Están convirtiendo al Pabellón de España en su obra emblemática. ¿La siente así?

Sí, es cierto, pero yo nunca he pensado en ser arquitecto de una obra. Es un poco circunstancial. A veces acometes proyectos con mucho esmero, piensas que van a ser muy exitosas y producen menos interés que otras. Y al revés. Cada proyecto es un nuevo mundo, una nueva oportunidad. Si salen premiados, bien. Y si no, no pasa nada. Lo importante es que la gente que utilice el edificio esté satisfecha, que sirva.

¿Qué tiene el Pabellón de España?

Pienso que el contexto en el que se hace es óptimo para que se divulgue. Por otra parte, frente a otros edificios tecnológicos jugó a la modestia, a buscar la belleza en los materiales más sencillos, a utilizar reglas y principios de arquitectura muy elementales. Esto ha tenido mucho éxito en una época como la nuestra, en que la creatividad en la escasez es necesaria.

¿Es difícil que tanto galardón no se suba a la cabeza?

No, es muy sencillo, porque cada día en la mesa tengo mucho problemas para resolver, a veces muy gruesos. Son cosas que la gente no aprecia. Por ejemplo, ¿qué quedó del Baluarte? El adoquín. Para mí era lo más insignificante. ¡Como si en seis años no hubiera habido que tomar decisiones que afectaron mucho más a que el Baluarte funcionara bien! Pero de lo que funciona bien nadie se acuerda. Quiero decir que el trabajo al que nos tenemos que enfrentar es tan ingente, que te absorbe. Se lo decía a un amigo hoy mismo: recibes un premio y a la media hora se te ha pasado la euforia, pero cuando no lo ganas estás una semana cabreado.

¿Es un mundo de muchas envidias el de los arquitectos?

Es cierto que en nuestra profesión hay enfrentamientos soterrados, que son más fuertes cuanto más pequeño es el mundo en el que te mueves. Hay movimientos en los certámenes, en los jurados, etc. Tampoco tengo muy claro que haya más que en otros ámbitos profesionales.

Hablaba del tema del adoquín. ¿Las polémicas también enseñan?

Sí que se aprende. Si dijera lo contrario, sería un pedante y un necio. Se aprende de todo, de lo bueno y de lo malo. El tema del adoquín me enseñó, sobre todo, a no gastar energías en batallas que no son sustanciales. Siempre me ha llamado mucho la atención que la gran crítica del Baluarte se haya quedado en el adoquín.

¿Le ve otros puntos débiles?

¡Claro! Ahora haría algunas cosas distintas, igual que me he reafirmado en otras. Cada proyecto es una investigación que sirve para el siguiente. Siempre digo que en arquitectura la mayor cantidad de trabajo e investigación no está en los proyectos que se hacen, si no en los que planeas y no llegas a sacar adelante. Por eso pienso que hay que juzgar a un arquitecto por su obra global, en términos de proceso.

¿Quién tiene que dictar el veredicto: los expertos o el público general?

Hace unos años te hubiera dicho que a mí la opinión de la gente me parece fantástica, otra cosa es que la gente tenga derecho a que me importe su opinión. Ahora, sin embargo, te diré que he aprendido a valorar mucho la opinión del público. La diferencia no la marco entre el experto y el no experto, sino entre el juicio que es positivo, fundamentado (aunque sea crítico), del que no lo es. Es más, tanto me importa la opinión de los usuarios que he creado la Fundación Arquitectura y Sociedad. Es el intento de articular un foro para que la opinión sobre arquitectura no sea sólo la de los arquitectos. Me he dado cuenta de que la arquitectura sin la valoración crítica de la gente que la usa no tiene mucho sentido.

¿La arquitectura está cumpliendo su función social?

No, no al menos en toda su capacidad. Hace falta recuperar una dimensión ética, de servicio, desde la arquitectura bien hecha. Durante los últimos años, los arquitectos hemos confundido el interés mediático con el prestigio social, y no es lo mismo. De ahí que mucha gente crea que el arquitecto es un mal innecesario. Como contrapunto, las generaciones de ahora salen de la Universidad preparadas como no han estado nunca. Además, estoy convencido de que se van a producir cambios que harán que la arquitectura se adecúe a las necesidades sociales. En este sentido, soy absolutamente optimista.

¿Quién ha convertido a algunos arquitectos en estrellas de rock?

El mercado. Una sociedad como la nuestra, que presume del fin de las ideologías, tiene como resultado una visión material y consumista. Lógicamente, en la arquitectura se sustituyen los fundamentos, los valores, por la apariencia. Ya no es importante qué hay dentro o para qué sirve, si no el estilo, la manera en que se presenta. La arquitectura más conocida de la actualidad la podía hacer mejor un diseñador gráfico, porque no preocupa lo que hay detrás. Debemos crear espacios hermosos; tenemos que manejar la luz, dialogar con otros edificios, y deberíamos tener un compromiso extraordinario para conseguir el máximo con el mínimo de recursos. Un ejemplo: el pabellón de España costó 16 millones de euros. Exactamente ocho veces menos que otro con la misma superficie. ¿Es el otro ocho veces mejor? ¿Sirve ocho veces más?

¿Podría aplicarse este ejemplo a las viviendas comunes?

El problema es más específico, pero podría aplicarse. No hay investigación arquitectónica, nadie piensa si las necesidades sociales son las mismas.

¿Por qué no se investiga este terreno?

Porque el mercado de la vivienda en España es el más reaccionario y rancio del mundo. Tenemos un sector inmobiliario que ha ganado tantísimo dinero, tantísimo, y tan injustamente y sin embargo no arriesga nada cuando deberían devolver algo a la sociedad. La única que ha apoyado un poco ha sido la promoción pública, pero con una normativa muy restrictiva y completamente encajonada.

Norman Foster ha tenido que despedir a muchos miembros de su plantilla. ¿Usted está notando tanto la crisis?

No, de hecho, he contratado a un par de personas más, pero siempre he procurado ir un poco más justo de plantilla, no crecer demasiado. Nunca he pasado de 25 personas en mi despacho, como una guardia pretoriana. Ahora estamos 22.

¿Se siente profeta en su tierra?

No sé si profeta, pero sí muy bien tratado.

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Comentarios
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  • "Siempre me ha llamado mucho la atención que la gran crítica del Baluarte se haya quedado en el adoquín". ¿Quiere más críticas? Las piezas que se han desprendido de la fachada, el uso de las placas de cuarcita en su revestimiento (que desde luego para su extracción no han tenido en cuenta criterios de respeto ambiental o sostenibilidad), la oscuridad que predomina en toda la obra (también muy poco "sostenible", por su escaso albeldo), la ausencia de vegetación en la plaza o su presencia raquítica... Pero claro, supongo que para usted mis opiniones no tienen criterio. Los que seguro tienen criterio, buen gusto y conocimientos de arquitectura son los políticos que le encargan las obras. Ante ellos, y ante usted, me descubro.Corneta

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