Ayer, los consejeros de Vivienda y Educación que hoy serán destituidos, vivieron despedidas y limpiezas de despachos
A mediodía de ayer, Carlos Esparza Sáez se confesaba sobrepasado y, para ello, tiraba de sentido figurado: "Es muy complicado morirse en vida". Sobrepasado por las llamadas de teléfono. "Sobre todo, amigos y personas del trabajo. También de otros departamentos. En general, me dicen que qué pena, que lo hemos hecho bien y me dan ánimo", decía.
Para Esparza y para Carlos Pérez-Nievas López de Goicoechea, la de ayer fue una jornada de cuenta atrás, encajada entre el lunes, cuando el presidente foral Miguel Sanz anunció que los iba a destituir como consecuencia de la ruptura del pacto entre UPN-CDN, y hoy, cuando su destitución se hará oficial. Carlos Esparza y Carlos Pérez-Nievas dejarán de ser consejeros de Vivienda y Educación, respectivamente. Ayer, en su último día con cartera de piel a su cargo, los convergentes compatibilizaron ocupaciones de los cargos que se les mueren con acciones de adiós, más que las anteriores.
A los dos les transportó el coche oficial. "Hoy (por ayer) sé que el Phaeton me va a llevar a Tudela (donde vive), pero no sé si mañana (por hoy) me traerá", señaló Pérez-Nievas, que a las 9.00 horas ya se encontraba en el departamento de Educación. Esparza, por su parte, había llegado media hora antes a su despacho.
El responsable de Vivienda durante los dos últimos años comenzó teniendo una reunión de despedida con el director general de Vivienda y Ordenación del Territorio, Jesús Ascunce, y los gerentes de las dos sociedades públicas dependientes del departamento de Vivienda: Idoia Madariaga, de Nasursa, y Luis Cruchaga, de Vinsa. "Para despedirnos", apuntó. Despedida que poco más tarde, después de firmar unas órdenes forales, se extendió a las oficinas de Vinsa, con todos los empleados que se encontraban en ellas en ese momento. "No hay nada que comentarles porque ya leen el periódico. Saben lo que ha pasado. Nos hemos deseado suerte mutua", dijo Esparza. De vuelta al Palacio de Navarra, donde se ubica su despacho, saludó y dijo "hasta la vista" a los trabajadores del magno edificio que se fue encontrando y comunicó a la secretaria de Miguel Sanz que le gustaría estar con él hoy para despedirse. "También me imagino que él pensará llamarnos para despedirnos", aclaró. Entre llamadas y reuniones, Carlos Esparza no tuvo tiempo por la mañana para recoger su despacho. Lo hizo por la tarde. Pocas cosas tenía previsto llevarse. Lo fundamental, dos fotos: en una aparece él con sus dos hijos el día de su toma de posesión y, en la otra, con el equipo que ha tenido en el departamento (al que tiene previsto invitar hoy a comer). Sobre los documentos, poco que sacar y nada que esconder. "No tengo nada que pasar por la trituradora", dijo.
El arranque del día de Carlos Pérez-Nievas fue similar al de su compañero de partido. Se vio con los directores generales a su cargo (Teresa Aranaz, Pedro González, Francisco Esparza y Xabier Azanza) y su jefe de gabinete (José Luis González) en un acto formal de, como llamó él, "esto se ha acabado". A las 12.00 horas, acudió al Archivo General a la reunión del Consejo Navarro del Euskera, que debía presidir y en la que apenas estuvo cinco minutos. "No tiene sentido que hoy presida", indicó a los asistentes, y pidió que quedara sobre la mesa, y así fue, la presentación del plan estratégico del Instituto Navarro del Vascuence "para no hipotecar" a su sucesor, Alberto Catalán. A las 13.30 horas, Pérez-Nievas disfrutó de un aperitivo con el personal del que hoy dejará de ser su departamento. A continuación, fue al Palacio de Navarra para hablar de dudas de intendencia con el vicepresidente del Gobierno, Javier Caballero. "Para saber cuándo tengo que devolver el ordenador, el teléfono móvil, el Phaeton...", apostilló. La tarde, como su colega de destitución, la dedicó a recoger enseres de su despacho.
Esparza y Pérez-Nieves tendrán derecho al cobro de cesantías durante un año por los dos que han permanecido en el Gobierno. Para el final del día de ayer, ninguno de los dos llevaba puesta ya en la solapa las insignia de brillantes del escudo de Navarra que distingue a los consejeros forales.
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