x
Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa Boletines
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
    Navarra
MÚSICA FERNANDO PÉREZ OLLO

Malicias y puntuación en concursos

Actualizada Martes, 22 de septiembre de 2009 - 04:00 h.

N O debe de haber certamen musical de prestigio sin polémica, interna o pública, casi siempre por sensación de preferencia u odio hacia un concursante. Ese ingrediente, inevitable en cualquier competición pública, adorna algunos historiales.

¿Será posible hablar de Ivo Pogorelich sin repetir que en 1980 la gran Marta Argerich, entonces de 39 años, abandonó el jurado del Concurso Chopin, escandalosa disconforme con la puntuación que recibía aquel yugoslavo de 22, formado en Moscú? Aquí mismo, podríamos recordar la reacción airada de Inge Borkh, ilustre soprano wagneriana y straussiana -debutó en el Met neoyorquino (1957) como Salomé-,cuando en la primera prueba oyó la nota inicial a un contratenor, que no obstante llegó a la final y logró premio, gracias a la hábil autoridad de José Carreras, oportunamente informado por otros miembros del jurado. Y el mismo Spivakov, que algo sabe de concursos por haber participado veintañero en ellos -Long-Thibaud (1965), Montreal (1967), Paganini (1969, Chaikovski de Moscú (1970)-, puede aportar su experiencia anterior a la primera edición del "Sarasate", rematada con gritos de "tongo, tongo". Es tremenda la facilidad con que se puede hablar sin saber y sin tomarse la molestia mínima de enterarse. Desde aquella noche veraniega de 1991, sostengo que convendría facilitar al público asistente la información de cómo dictaminan los jurados: no es lo mismo sumar puntos desde la primera eliminatoria que atenerse a la prueba final. El sábado pudo suceder algo de esto.

Lo primero que a mí me dijeron al entrar en el "Gayarre" y me lo repitieron al término de la audición, fue que el j urado era parcial, que favorecía a los alumnos propios. Se ve que a la gente le cuesta informarse. Las bases de certamen precisan que "un miembro del jurado que sea,o haya sido, profesor de un concursante en los dos últimos años no podrá participar durante las pruebas eliminatorias en ninguna de las deliberaciones ni en las votaciones correspondientes a ese concursante". Más aún, ese profesor no podrá tomar parte "en las votaciones de ningún concursante en las que se decidan los premios". Cuesta creer que ningún jurado mire para otro lado y se calle, si alguien viola esta regla, pero más allá de tal prescripción, pensar que los violinistas del tribunal mangonean impunemente entre ellos, es una ofensa a la inteligencia.

Después de oír a los tres finalistas, no puede haber la menor duda de que Pochekin, ruso de Moscú, no gozó de privilegio alguno por ser paisano de Spivakov. Más bien, al contrario. El sonido que lució, potente y bien timbrado, pareció más convincente que el de sus contrincantes; su Sibelius, de libre vuelo sobre la martilleada acentuación rítmica en el allegro, ma non tantofinal como intenso y amplio en el lirismo del adagio di molto, cuajó una buena intervención, pese al evidente nerviosismo sudoroso del joven, que deberá cuidar tanto recurso al pañuelo depositado sobre el podio del director.

En comparación con el del ruso, el sonido del taiwanés, ganador del certamen, quedó débil, aunque bello, así como el del francés Kristi Gjezi -albanés de cuna-, en el concierto de Brahms, tan incomprendido por don Pablo.

Esta edición del "Sarasate", a dieciocho años de la primera, ha entrado ya en cierta madurez: dos de los finalistas contaban diecinueve años y el ganador quince. Los instrumentistas, y los violinistas acaso más que otros -a diferencia de los cantantes-, no arriban a un concurso sin largos y duros años de formación técnica y musical. Estos jóvenes, si han llegado hasta aquí, es porque han trabajado el arco y la digitación desde muy niños. Los concursos no son una solución infalible para el futuro artístico de los jóvenes, pero tampoco un muro infranqueable. Y por otra parte, pueden operar como estupendo fermento. Eso, aquí, está por conseguir. El aficionado verdadero, dicen los taurinos, acude también a ver becerristas. Los violinistas del "Sarasate" ya han dejado de ser becerristas, aunque luchen por abrirse carrera como solistas. Muy pocos lo conseguirán. A la mayoría, y con esfuerzo, les espera un atril de orquesta.

Diariodenavarra.es no se responsabiliza ni comparte necesariamente las ideas o manifestaciones depositadas en las opiniones por sus lectores La discrepancia y la disparidad de puntos de vista serán siempre bienvenidos mientras no ataquen, amenacen o insulten a una persona, empresa, institución o colectivo, revelen información privada de los mismos, incluyan publicidad comercial o autopromoción y contengan obscenidades u otros contenidos de mal gusto.
Diariodenavarra.es se reserva el derecho a decidir las noticias que admiten comentarios de los lectores.

Atención: Tu petición no ha sido procesada correctamente. Comprueba que has rellenado todos los campos obligatorios correctamente y vuelve a intentarlo.

(*) Todas las opiniones que tengan rellenados estos campos pueden aparecer publicadas en el periódico impreso

Mijail Pochekin, moscovita de 19 años, tercer premio en el "Sarasate" de la semana pasada. ARCHIVO


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra
  • Nada nuevo, la verdad. Buen artículo.D.

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual