La plantilla no quiere ponerse el escudo de los errores arbitrales y opta por asumir los errores
Como Bill Murray en Atrapado en el tiempo. Así se encuentra Osasuna tras su primer partido fuera de Pamplona. Hubo demasiadas sensaciones repetidas del pasado. En este caso, el Día de la Marmota se desarrolló en el Heliodoro Rodríguez López con todos los condimentos que ya son conocidos: árbitros, fragilidad y poco fútbol. Es un déjà vu(experiencia de sentir que se ha experimentado previamente una situación) que Osasuna deberá impedir que continúe.
En la campaña anterior, los rojillos sólo fueron capaces de conseguir dos triunfos a domicilio. Fueron en dos escenarios de primer orden como el Calderón y el Camp Nou. Casi siempre, se repitió un guión desalentador: equipo plano con balón y débil sin saber sobrepenerse a los contratiempos.
Osasuna fue el equipo que más rojas vio de toda la Liga, junto con el Valladolid. Hasta 13 expulsiones sufrieron los rojillos, siete de ellas directas. El peaje fue demasiado caro, ya que casi todos estos partidos terminaron con una derrota.
En Tenerife pasó algo muy parecido. El equipo no supo estar a la altura de las circunstancias e incluso mereció caer con más holgura. Con once contra once en el campo, no se dio la verdadera medida de un equipo sobre el papel superior al recién ascendido, por lo que ponerse la venda arbitral desde ya sería todo un error. En eso piensan los rojillos. De camino a Pamplona en la noche del domingo, muchos transmitían la impotencia por el trato arbitral pero se negaban a decir que Velasco Carballo había sido el culpable.
Malestar por el doble rasero
En la cabeza de todos estaba que la sensación vivida se parecía a los partidos de la pasada temporada lejos del Reyno, y trataban de poner remedio a una situación que está a tiempo de arreglarse. Sin pensar en los árbitros, prefieren ser más autocríticos.
Ahora bien, todas estas valoraciones no quitan para pensar que nuevamente los colegiados no han aplicado el mismo rasero. En el club, el malestar es evidente por la facilidad que tienen los colegiados para expulsar a jugadores rojillos.
"Con el reglamento en la mano, las expulsiones de Monreal y Nekounam son justas. Además, los árbitros ya advirtieron de que este año iban a ser más duros con los manotazos y codazos. Sin embargo, nosotros siempre somos los primeros castigados. No se aplica el reglamento a todos por igual", decían ayer en el club. El pasado curso, por ejemplo, Osasuna fue el único equipo que vio una roja por una mano en la barrera.
El domingo, Velasco pudo aplicar el mismo reglamento con el Tenerife. Fueron dos acciones similares a las de Monreal y Neko. Una mano de Nino y un codazo de Román al iraní, más flagrante. No hubo amarilla ni roja, respectivamente. En la misma jugada de la expulsión de Neko, Luna agredió e hizo penalti a Pandiani. ¿Hay fantasmas? El sábado viene Clos Gómez, el que expulsó a Josetxo, Puñal y Vadocz contra el Málaga.
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Momento en que Javad Nekounam se retira a los vestuarios nada más ver la tarjeta roja en el Heliodoro Rodríguez López. EDUARDO BUXENS
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