Sanz y Barcina han discrepado tanto en la orientación del voto de sus simpatizantes como al analizar los resultados
LA preparación del último congreso de UPN estuvo marcada por las maniobras de la que finalmente resultó elegida presidenta de la formación regionalista, Yolanda Barcina, para evitar posibles situaciones de bicefalia.
Cuando la corriente de militantes que animaba al entonces secretario general y hoy vicepresidente regionalista, Alberto Catalán, a competir con la alcaldesa en la carrera por llegar a lo más alto de UPN, Barcina echó públicamente un órdago a Catalán con el que pretendía, y consiguió, paralizar su posible candidatura. O todo, o nada, advirtió entonces Barcina, en un mensaje que daba a entender que, o presidía el partido, o no estaba dispuesta a encabezar su cartel electoral dentro de dos años.
Aunque aquella jugada tuvo el efecto deseado y neutralizó la candidatura de Catalán, el objetivo final que perseguía Barcina no se ha logrado: en UPN existen hoy dos voces autorizadas que no sólo hablan con matices diferentes, sino que el rumbo que consideran oportuno para el partido es divergente. La bicefalia no ha venido de la mano de Catalán, sino del propio antecesor de Barcina y presidente del Gobierno, Miguel Sanz. Y eso que, cuando antes de resultar elegida presidenta, se preguntó a Barcina sobre si Sanz iba a ser el presidente en la sombra, la entonces candidata respondía con rotundidad que Sanz no iba a mandar ni en sol ni en sombra.
Ambos protagonistas niegan categóricamente que exista una bicefalia en su partido. "La voz del partido es la de su presidenta", advierte Sanz. Pero lo cierto es que la suya también suena, en ocasiones con fuerza, y con un mensaje diferente al de su líder en la formación regionalista.
El desencuentro entre los dos máximos responsables de UPN gira en torno a la relación entre su partido y el PP. La disparidad de criterios se hizo evidente ya durante la crisis con los populares previa a la ruptura, en la que Barcina intentó hasta el último momento evitar la desaparición del pacto por el que UPN y PP habían permanecido unidos desde 1991. Sanz, sin embargo, asumió la ruptura y dijo que ya no era el momento de mirar atrás.
Tras el congreso en el que Barcina sucedió a Sanz en la presidencia de UPN, las discrepancias entre ambos se pusieron de manifiesto de forma especialmente brusca en la primera reunión que celebró la nueva ejecutiva recién salida del congreso regionalista el pasado mes de abril. El contenido de aquella reunión no trascendió y su repercusión pública se limitó a la foto de familia en la que, por primera vez en 12 años, Sanz no ocupaba el asiento presidencial. Públicamente quedó como una mera sesión de trámite, pero aquella primera ejecutiva tuvo contenido político. Y mucho.
Fuentes regionalistas explicaron que el enfrentamiento entre Sanz y Barcina fue "de los que acostumbran", es decir, una discusión acalorada y prolongada en el tiempo en la que los dos exponen sus argumentos y ninguno da su brazo a torcer. Barcina era partidaria de lanzar un mensaje de acercamiento al PP. Sanz, por el contrario, veía prematuro ese giro de rumbo porque la ruptura con los populares, ocurrida en octubre, estaba todavía muy reciente en el ánimo de la militancia regionalista.
Sanz expuso su postura: el futuro del Gobierno de Navarra pasa porque UPN mantenga una posición centrada. "Hasta ahora no teníamos a nadie a la derecha, ahora tenemos al PP. Está claro que no vamos a lograr con ellos mayorías absolutas, así que UPN tiene que ocupar el centro, que no es una ideología, sino un lugar estratégico que le permite pactar con unos y con otros. La clave es, dentro de dos años, sacar más parlamentarios que el PSN", resumen dichas fuentes las palabras de Sanz.
Pese a estar básicamente de acuerdo con este planteamiento, Barcina puso el acento en que la ruptura con el PP reduce el horizonte electoral de UPN. Fuentes regionalistas aseguran que las elecciones de 2011 son el único punto de mira en el que tiene puestos sus ojos la presidenta de UPN, y que su discurso obedece a dicha clave electoral. Barcina entiende que el examen que la ratificará como líder de UPN son las próximas elecciones forales, y no quiere tener que gestionar un fracaso. Y todo lo que no sea resultar elegida presidenta de la Comunidad foral representa para ella un fracaso. Barcina quiere sumar, por eso mira al PP.
Las elecciones europeas
La disparidad de criterios se hubiera quedado en el ámbito interno de UPN de no ser por la presión añadida que supuso el comienzo de la campaña para las elecciones europeas. Tras su ruptura con el PP, UPN no tenía posibilidad de presentarse a estos comicios puesto que, al ser España una demarcación electoral única, necesitaba los votos de todos los electores navarros para lograr un escaño. Así que la atención pública se fijó en qué criterios iba a adoptar UPN con respecto a la cita con las urnas.
Y así comenzaron a salir a la luz las dos sensibilidades que convivían en el seno de la dirección regionalista. Mientras Barcina decía públicamente que UPN tenía que pronunciarse sobre las elecciones europeas y que la decisión correspondía a los órganos de gobierno del partido, Sanz advertía que "UPN no tiene nada que decir" sobre unos comicios a los que no concurría.
Miguel Sanz no ha vuelto a participar en ninguna de las ejecutivas que UPN ha celebrado después de aquella primera. En la siguiente reunión de la dirección regionalista, Barcina volvió a abordar el tema y decidió dar después una rueda de prensa con el pronunciamiento oficial del partido sobre las elecciones, es decir, lo contrario que había reclamado Sanz. Barcina dijo que UPN no iba a pedir el voto para ninguna de las candidaturas que sí se presentaban a las europeas. Y añadió que los votantes de UPN son lo "suficientemente inteligentes" como para saber escoger la opción que más se acerca a los "principios y valores" regionalistas. Unas palabras que fueron interpretadas en muchos ámbitos como una petición de voto para la candidatura popular.
Al día siguiente, Sanz puntualizó de nuevo a Barcina al reconocer que él iba a votar con "valores y principios", pero con los suyos, y añadió una frase de Groucho Marx: "Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros".
Tampoco coincidieron cuando Barcina dijo que la designación del navarro Pablo Zalba como número ocho de la candidatura que encabezaba el popular Mayor Oreja le parecía una "buena elección". Sin criticar a su presidenta, Sanz prefirió no opinar sobre un candidato al que no conocía.
En este contexto llegó la campaña electoral para aportar nuevos datos y más declaraciones de los líderes de UPN. Miguel Sanz acababa de estampar unos días antes su firma en el protocolo que permite el desbloqueo del corredor ferroviario de Alta Velocidad de Navarra con el ministro de Fomento, el socialista José Blanco. Ambos habían calificado de "histórica" la firma. Pero el líder del PP, Mariano Rajoy, en uno de los actos de campaña, cuestionó la validez del documento firmado y dijo que si el PP gobernara en España, el TAV sería ya una realidad en Navarra y no una entelequia. Quiso ser una censura a la gestión del Gobierno de Zapatero, pero no sentó nada bien en el Palacio de Navarra, es decir, en Miguel Sanz, que al día siguiente subió el diapasón de su mensaje: "El PP no hizo nada sobre el TAV cuando gobernó", criticó.
Unos días después, en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, Barcina volvió a repetir que UPN no pedía el voto para nadie y añadió que le parecía "bien que Rajoy pida el voto" a los simpatizantes de UPN.
La misma noche del 7-J, después de haber resultado elegido como único europarlamentario navarro, el popular Pablo Zalba reconocía que la única felicitación telefónica que había recibido por parte de UPN procedía de Yolanda Barcina. La presidenta de UPN, además, recalcó esa misma noche electoral su satisfacción por la victoria del PP y consideró que los resultados eran "un fiel reflejo de la sociedad navarra". "No cabe duda de que nuestros votantes han depositado su voto en la misma formación que hace cinco años, en el PP", interpretó Barcina.
Miguel Sanz, por su parte, ofreció su interpretación al día siguiente con un análisis muy dispar al realizado por Barcina. Para el presidente del Gobierno, los 15.000 votos que ha perdido el PP obedecen a que "los navarros no aceptamos las deslealtades", en referencia a los cargos públicos regionalistas que se dieron de baja en UPN para ingresar en el PP. De forma que, mientras la presidenta de UPN declaraba su satisfacción por los resultados, su mano derecha ponía el acento en la pérdida de respaldo electoral del PP en Navarra.
La realidad es que UPN, desde el relevoal frente del partido, continúa todavía sin un mensaje unívoco. Y no faltan tampoco las voces que aseguran que esta aparente falta de cohesión interna no es más que una estrategia en la que Sanz se dedicaría a pescar votos para UPN en el caladero socialista mientras Barcina estaría haciendo lo propio en el espacio electoral del PP.
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Yolanda Barcina y Miguel Sanz, en la sede regionalista. IVÁN BENÍTEZ
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