César Cruchaga bromeaba ayer con lo que su padre le decía aludiendo a su falta de técnica. Pero el capitán ha destacado por muchas otras virtudes, dentro y fuera del campo.
ESTA vez no toca contar que ha secado al delantero estrella del equipo rival. Tampoco es hora de recordar uno de esos goles que decoran su trayectoria. No hay que hacerse eco en este momento de esas ruedas de prensa que eran casi decálogos del osasunismo y llegaban a lo más hondo. Ni siquiera hay que hablar de su rodilla maltrecha, la que le ha hecho decir basta. César Cruchaga se despide y deja a Osasuna desnudo.
Quién le iba a decir a este fornido pamplonés cuando le daba patadas a un balón en el juvenil de Osasuna que iba a retirarse casi dos décadas después siendo una leyenda viva del osasunismo y un ejemplo para todas las generaciones que han salido de la cantera de Tajonar.
Siempre creyó, con la colaboración de su padre, como reconoció ayer con gran sentido del nhumor César en su despedida, que era un "tronco" para el fútbol. Sin duda, la técnica no ha sido su mejor virtud, pero a pesar de sus limitaciones, se ha forjado una carrera larga, sin apenas baches, unida siempre al club de su vida. Anticipación, colocación, juego aéreo, disposición táctica, seguridad, juego sin complicaciones, autoridad, disciplina, y, sobre todo, carácter y capacidad de liderazgo. Muchas son las virtudes que han permitido a César Cruchaga ser un grande en Osasuna, pero también en Primera.
Quizá ahora, cuando cuenta los días que le faltan para terminar su vida como jugador de Osasuna, se está dando cuenta de lo que ha conseguido.
Pero el chico del 7, el gran capitán rojillo, el mocetón de Ezcároz, se lleva mucho más que un ascenso, dos UEFAS, una previa de la Champions o unas cuantas permanencias al borde del infarto (la última tiene que ser el domingo). Porque Cruchaga ha sido mucho más que un jugador.
Siempre optimista
César Cruchaga lloraba ayer camino a Tajonar en su coche rojo. Ya no es el Volkswagen Golf rojo de lunas tintadas que en tantas correrías le acompañó casi de adolescente, con su inseparable amigo, hermano,Roberto Barbarin. Entonces todavía era un juvenil, más tarde promesas, y sólo le importaba pasárselo bien y disfrutar de la vida y de su gente. El fútbol era casi lo de menos. Pero valía, y valía mucho. Y fue subiendo.
Pero la directiva de Irigaray le impidió seguir alcanzando metas, y cuando, con 20 ilusionados años, tocaba el primer equipo e iluminaba con su sonrisa de novato los entrenamientos de un Tajonar deprimido por el descenso, tuvo que coger las maletas y marcharse a un pueblo de Barcelona que ni le sonaba. Desde entonces, sin embargo, Gavá ha quedado marcado en su corazón. Una prueba más de que los obstáculos en su vida siempre los ha sabido superar e incluso darles la vuelta. No sólo brilló en esta cesión a Segunda B, sino que hizo amistades para toda la vida: Eugenio, Antonio, Jordi...
De vuelta a casa, y de la mano de Enrique Martín, un hombre que siempre confió en él, Cruchaga comenzó a cimentar su leyenda. Era el año 1997 y Osasuna seguía estancado en Segunda División, pero lo mejor estaba por llegar.
Estos 12 años han sido muy intensos. Ha subido a Primera en uno de los días más felices de su vida, ha estado a punto de levantar la Copa del Rey, lo ha pasado muy mal por sentirse culpable y olvidado por la afición, se ha recuperado gracias a unas temporadas ejemplares, ha paseado su nombre por Europa, ha rozado una final de la UEFA, y ha jugado cada uno de los 385 partidos que se ha vestido la camiseta de Osasuna con un orgullo y una identificación con los colores tan difícil de encontrar en el fútbol que entristece aún más su marcha.
Pero lo más importante de Cruchaga no son sus números, no son sus logros, ni sus fallos, ni sus marcajes, ni sus impagables declaraciones llenas de osasunismo. Lo más importante de César Cruchaga Lasa, hijo de Mauri y de José Luis, marido de Carol, hermano de Ascen, amigo de Roberto, Jose, Alberto, Patxi, Kiwily, Jesús Mari, Aitor, Mateo, Alfredo, Patxi Puñal, Joaquín, y tantísimos otros, es que no ha cambiado nada. Sigue siendo igual de tímido, campechano, cabezota, noble y leal que cuando era un mocoso. Pero, ante todo, es optimista por naturaleza, y por eso quizá ha conseguido todo lo que se ha propuesto.
Ese César fuera de los focos de la popularidad llegaba ayer llorando al entrenamiento, imaginando lo que iba a decir en público, que era adiós. Desde el lunes, se sentirá extraño cuando el coche no le vuelva a llevar a Tajonar, pero como buen navarro, las penas se le olvidarán pronto. A partir del 6 de julio, empieza la semana más esperada para él. Y además, ¡ahora puede correr el encierro!
Pero él sabe que los Sanfermines serán más felices para él y para todos los rojillos si Osasuna se salva, dentro de cuatro días. Y por eso su sueño, cuando el pitido final indique que el fútbol ha terminado, es que su equipo siga caminando sin él, pero en Primera.
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César Cruchaga, en el círculo central del césped, simulando el último camino hacia vestuarios que va a hacer el domingo. J.A. GOÑI
Mauri Lasa, José Luis Cruchaga y Carol Lizarraga, junto al capitán. SESMA
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