La compañía Nao d"amores presenta hoy, a las 20 horas, "Misterio del Cristo de los Gascones" en el Teatro Gayarre. Se trata de un espectáculo basado en la ceremonia litúrgica medieval de la iglesia de San Justo, en Segovia.
EL Cristo mide un poco menos de 1,80 metros. Unos viajeros gascones lo llevaron alrededor del siglo XV a Segovia, a lomos de una yegua ciega. Al llegar a las puertas de la iglesia de San Justo, en los arrabales de la ciudad, el animal murió, según la leyenda. La figura, hecha en madera policromada y con brazos articulados, se quedó allí dentro. En el templo probablemente se utilizó para representar ceremonias litúrgicas en Semana Santa.
En la iglesia de San Justo se conservan, además de la figura, dos orificios en la bóveda del presbiterio. De ellos colgaban al Cristo y lo depositaban en un sepulcro que se mostraba vacío. Prueba irrefutable de su Resurrección.
Aquella imagen original sólo movía el codo y el hombro. El Cristo de la compañía Nao d"amores mueve muchas más cosas, le han puesto muchas más articulaciones, para que gane en expresividad, lo han fabricado de materiales ligeros y así han conseguido que adelgace hasta los diez kilos. Una persona le manipula los ojos, la cabeza, el peso y una mano; otro hace lo propio con el resto de elementos. Y, si camina, necesitan un tercer asistente.
Es la base de Misterio del Cristo de los Gascones, que se representa esta tarde a las 20 horas en el Teatro Gayarre (entradas entre los 6 y los 14 euros). La compañía, que ya presentó la obra en el Festival de Olite de hace dos años, se sumerge de esta manera en mundo del teatro primitivo pero desde una perspectiva contemporánea.
Arte y religión
"Somos la primera generación en muchos años que podemos abordar el teatro litúrgico con la distancia que nos permite hacer arte y no religión", dice Ana Zamora, directora y dramaturga de la obra. Lo suyo es un viaje al final de la Edad Media, un espectáculo basado en la ceremonia litúrgica de San Justo, no una reconstrucción arqueológica.
Nao d"amores es una compañía especializada en el repertorio del prebarroco pero utilizando parámetros de hoy, "con un punto de partida muy primitivo en teatralidad, sin grandes transgresiones", explica Zamora. La misma compañía investiga esas fuentes literarias y musicales, y luego crea sus espectáculos.
En este caso, han tomado textos históricos de diversa procedencia para construir -"un poco de todo con corta y pega"- un texto ecléctico en el que la música, con instrumentos antiguos, tiene un especial protagonismo. Son los mismos actores quienes interpretan la música.
En el escenario, ocho personas y el Cristo, con gran sencillez, inspirado en el bunraku japonés. Han querido quitar todo adorno. Ni siquiera hay decorados, sólo un escenario redondo, símbolo de vida y muerte. "Cristo es una representación más de ese mito agrario desde el neolítico, el dios solar que muere y renace cada año", explica la directora de la obra. También tiene que ver con los planctus Mariae, las lamentaciones de la Virgen al pie de la cruz, y cada vela, aquí, es un episodio de la vida de Cristo.
"Se trata de un espectáculo muy sintético, que huye de esa cosa macabra y sanguinolienta de la Semana Santa barroca; no hay coronas de espinas, ni apenas sangre", añade. Zamora apunta incluso a cierta conexión con la tragedia clásica, el héroe que va descubriendo su destino, pero en este caso Cristo es muy poco heroico, más bien asume lo que le va a pasar y lo acepta.
"La obra gusta tanto a ateos como cristianos, los cristianos porque lo ven como una misa y los ateos porque ven una especie de espectáculo que habla de una parte fundamental de nuestra cultura", apunta. Eso sí, está hecho desde el máximo respeto y su creadora sospecha que va a permanecer mucho tiempo en su repertorio.
Se estrenó en Semana Santa en Segovia, en la propia iglesia original. Después pasó por el Teatro de la Abadía y distintos festivales lo encumbraron al éxito; El Cultural lo nombró como mejor espectáculo de 2007. Con él se cierra la temporada enero-abril del Teatro Gayarre.
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Un momento de la representación de Misterio del Cristo de los Gascones, hace dos años, en el Festival de Olite. EDUARDO BUXENS
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