El español afronta su octava temporada en la Fórmula 1, que este año se verá por La Sexta y no por Telecinco
En las horas muertas de actividad cero en los circuitos de Fórmula 1, la "trouppe" de acreditados mata el tiempo hablando de cualquier cosa. La burbuja impone sus reglas. Es difícil acceder al «paddock», hay poca variedad de caras nuevas y las conversaciones entre la gente se vuelven recurrentes. Cuando un piloto accede al diálogo (en casa Renault es más fácil, todo es más cercano que en otras macro-estructuras), el parloteo termina siendo un interrogatorio por motivos obvios.
El año pasado, Estambul Park en Turquía, Fernando Alonso se prestó al juego. «¿Cuánta vida útil te queda en la F-1?», voló la pregunta. «Más de cinco años y menos de diez. Y más cerca de cinco que de diez», respondió. «¿Y vinculado después a la F-1?», siguió el asunto. «No, ni loco», replicó. Nadie cayó en la cuenta entonces, pero es el tipo de cháchara que se tiene con un deportista veterano.
Alonso inaugura su octava temporada en la Fórmula 1 el próximo domingo en Australia con una señal grabada en el equipaje. Con sólo 27 años, ya es uno de los maduros de la parrilla. Sólo seis pilotos (Barrichello, Button, Fisichella, Heidfeld, Raikkonen y Trulli) tienen más tralla en el cuerpo que él. «No me había dado cuenta, pero es verdad que en los últimos cinco años la media de edad ha bajado bastante», cuenta. El personaje asume la inflexible sentencia del tiempo, pero extrae su veta competitiva al primer razonamiento. «Está muy bien, porque siempre hay que dar paso a los jóvenes como pasó conmigo en su momento. Pero yo trabajo para ganar a todos, a los viejos y a los jóvenes». El mismo Alonso de siempre, inabordable con la victoria a la vista.
Cambios y más cambios
En su afán por el vanguardismo, por conjugar una crisis económica mundial con la modernidad del último grito, la Fórmula 1 se ha convertido en una feria del automóvil en la que ningún aficionado es capaz de seguir las normas de competición sin un manual de instrucciones. Cambios y más cambios a mansalva cada invierno (de reglamento, presupuestos o puntuación), con el objetivo de ser siempre los primeros en imponer tendencias, en marcar la pauta. Sin embargo, las referencias continúan ligadas a viejos usos, tan antiguos como el propio deporte, más allá del automovilismo. El talento y la tradición todavía funcionan.
En el club de los elegidos
No hay piloto con más pedigrí, prestigio y grado de competencia entre sus compañeros, rivales y jefes de equipo que Alonso. No hay escudería con más carga simbólica, magnetismo para el aficionado y atractivo para los patrocinadores que Ferrari. Los dos tótems del «paddock», con permiso de un campeón del mundo (Hamilton), de una escudería con muelles de transatlántico (McLaren), de superpotencias del automóvil (BMW, Toyota, etc). Nadie se ha pegado por contratar a Jarno Trulli, Jenson Button, Giancarlo Fisichella o Nick Heidfeld, por decir alguno de los que han ganado pocas veces en muchas participaciones. Ya sea porque maneja un estilo directo, es capaz de desentrañar los misterios de un fórmula a la primera o atisba soluciones donde otros se atascan, Alonso sigue siendo la piedra angular del certamen por su efecto bisagra. No conduce el mejor coche (Renault no lo es desde que se fue Michelín), pero nadie se atreve a realizar un pronóstico sin contar con él. «Nunca he estado tan preparado como ahora», advierte después de un invierno marcado por el optimismo. Ha dejado su impronta en el R29 y confía en un coche que despidió 2008 con dos victorias y el mayor almacén de puntos de todas las escuderías en el tramo final.
Realista por naturaleza, Alonso protestó por el cambio del sistema de puntuación, que será finalmente descartado este año (campeón quien gane más carreras). Pero esa norma había espoleado su espíritu competidor. Después de nueve compañeros de equipo, 21 victorias, 17 poles y 52 podios, el asturiano confía en dar el salto al club de los 3, el panteón de los pilotos con tres títulos (Senna, Piquet, Lauda, Stewart y Brabham).
6ª
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Alonso pasea por el padock del circuito de Albert Park en Melbourne.
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