Osasuna, que funcionó cómodo a impulsos, ya es el segundo mejor equipo de esta vuelta y suma 422 minutos sin encajar gol
El segundo mejor equipo de la segunda vuelta responde al nombre de Osasuna. Once puntos de los quince en juego y cuatro partidos consecutivos sin encajar gol (exactamente 422 minutos). Los números están con el conjunto de Camacho, más vivo que nunca en esta temporada y cada vez más cerca de cazar a otros equipos.
El viento está a favor. Sopla fuerte. Quizá el fútbol se lo debía a Osasuna, tan agraviado en otras ocasiones. Aquellas desgracias están olvidadas y ahora brotan los resultados como la seda. Sale todo: el gol deseado tempranero que siempre marca el rumbo o el palo salvador con el que se topa el contrario cuando más aprieta. Dicho de otro modo, efectividad. Con esto, no se le quita ni un mérito a este formidable trabajo e implicación que ha demostrado el vestuario navarro cuando el abismo se asomaba. Al contrario. Esto ha sido el cimiento para que la cosecha sea favorable.
Mallorca, Valencia y Numancia. Tres de tres en el Reyno de Navarra y portería a cero. Ni mucho menos han sido los mejores partidos, pero estos nueve puntos son oxígeno para la salvación. Realmente se han perseguido con plena convicción. Es una pura cuestión de practicidad.
La pegada sentenció a un Numancia ambicioso con el balón y blando atrás que está tocado en la clasificación. Los sorianos merecieron, al menos, marcar en Pamplona. Siempre persiguieron su gol pero pecaron de inocencia. En la primera parte centraron al área casi el doble de balones que Osasuna y en la segunda se arrimaron de verdad. Se fueron de vacío y derrotados por dos chispazos de electricidad. El equipo navarro actuó a ráfagas, demoledor en ataque cuando optó por meter la quinta y demasiado contemplativo en otros momentos. Esto le pudo costar caro, pero no fue el caso.
Una genialidad checa
Pacheta tuvo un mal debut. Pobló de jugadores el centro del campo, pero su planteamiento se hizo trizas con una genialidad entre Pandiani y Plasil. Ellos rompieron la tela de araña numantina, que había ganado el sorteo de campos y dejó a Osasuna sin Graderío Sur. El Rifle interpretó su nueva misión de media punta a la perfección. Vio la diagonal del checo a la espalda de la defensa y le metió el pase perfecto. Plasil se quitó a Juanra con un caño, condujo con la derecha y disparó con la zurda. Golazo.
El Numancia se llevó la bofetada a los dos minutos fruto también de una acusada endeblez defensiva que mostró durante todo el partido. Osasuna tampoco plasmó su habitual solvencia y contención, por lo que el partido discurrió a campo abierto. De área a área, de ida y vuelta. Comenzó su acercamiento el equipo de Pacheta con un par de disparos exteriores, de Cisma y Nagore. Su peligro llegó de los centros de la izquierda, la mayoría de Barkero, que buscaban el remate del incansable Aranda o de Del Pino en el segundo palo. Los dos pudieron tener su momento de gloria pero no atinaron en el remate.
Se escuchaban el murmullo en el Reyno, ya que Osasuna era incapaz de mantener la posesión. A cambio, su ataque funcionó. Pólvora de la buena. Cruchaga, de cabeza, y Puñal, de volea con la pierna mala, habían rozado un gol de la tranquilidad que llegó pasada la media hora. A todo trapo, Juanfran atacó por su banda y mandó una pelota ideal lista para el remate. Allí apareció Masoud, por fin, para lanzarse a por ella y estrenarse como goleador.
El iraní, ahora delantero, es un futbolista desequilibrante pero aún le queda trecho para explotar su calidad natural. En la segunda parte, se entretuvo tras regatear al portero y ganar la línea de fondo. El periodo, tan abierto y con tanto desorden como el primero, había comenzado igual: con una sensacional triangulación entre Masoud, Pandiani y Plasil. El disparo, forzado, salió fuera.
El Numancia quiso morir matando. Pacheta cambió su 4-5-1 por el 4-4-2 y, aunque mató a Barkero colocándole de medio centro, se fue a por Osasuna a la heroica. Guayre, el hombre más peligroso, estrelló un balón en el palo y Aranda se estrelló en Roberto a falta de un cuarto de hora. En la recta final, Nekounam y, sobre todo, Hidalgo merodearon el 3-0. El pescado ya estaba vendido.
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Azpilicueta abraza a Juanfran por el pase a Masoud en el 2-0. En primer plano, Pandiani y Neko abrazan al iraní. CORDOVILLA/BUXENS
Raúl Bravo y Masoud persiguen el esférico. CORDOVILLA / BUXENS
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