Juan Miguel Otxotorena explica los cambios que va a suponer la implantación a partir del próximo curso en la Universidad de Navarra de la carrera de Ingeniería de Edificación, que va a sustituir a la actual Arquitectura Técnica
El próximo 1 de septiembre la Universidad de Navarra inaugurará el curso 2009-2010 y, con él, la carrera de Ingeniería de Edificación, grado de 4 años que nace de la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior y va a suponer la progresiva extinción de Arquitectura Técnica (Aparejador), titulación de 3 años que actualmente cuenta en la UN con unos 450 alumnos.
Juan Miguel Otxotorena Elizegi, donostiarra de 49 años y director de la Escuela de Arquitectura de la universidad privada desde 1994, explica cómo va a ser la implantación del nuevo grado y qué modificaciones fundamentales va a acarrear.
¿Qué va a ser Ingeniería de Edificación?
De momento, el nuevo ingeniero de edificación va a tener las mismas atribuciones que tenía el aparejador o arquitecto técnico y muchos de los actuales aparejadores aspirarán a la nueva titulación y la adquirirán mediante un complemento en su formación. Por otro lado, vamos a tener más tiempo para formar a un profesional que tiene las mismas competencias profesionales, pero hay un matiz: no es que la carrera pase exactamente de 3 a 4 años, ya que antes el proyecto fin de carrera estaba fuera de los 3 años y ahora va estar dentro de los 4. Por lo que hay medio curso de diferencia. Y se está perfilando un curso puente para pasar de la antigua titulación de Arquitectura Técnica al nuevo título de Ingeniería de Edificación con una duración aproximada de medio curso. Lógicamente, habrá más contenidos y tenemos el afán de que la carrera sea más intensa y proporcionar a los estudiantes una mejor formación.
¿Qué va a pasar con los cerca de 450 alumnos que hoy estudian Arquitectura Técnica?
Ellos seguirán haciendo su carrera normal. El próximo curso empezará 1º de Ingeniería de Edificación y los que ahora están en nuestras aulas seguirán con la vieja Arquitectura Técnica, la acabarán tranquilamente y, a continuación, seguramente harán el curso puente para convertirse en ingenieros de edificación.
¿Qué cambios va a experimentar la carrera?
Queremos que la nueva carrera tenga el máximo de ambición y nivel, que esté a la altura de Arquitectura y las ingenierías superiores, y que esto se transmita al conjunto de la población. El cambio de denominación está animando a gente a interesarse. Parece ser que el nombre de "ingeniería" está acompañado de cierto prestigio.
¿Cambiará también el método docente?
Sí, más de lo que parece. Buena parte de los contenidos docentes van a ser extensiones desde los de la antigua carrera. Las mismas asignaturas con algunos complementos para atender necesidades nuevas como la seguridad y prevención en la construcción, el control de calidad y costos, la sostenibilidad y la protección contra incendios. Son temas que hoy están en primer plano y suscitan mayor atención en la ciudadanía, la administración y el sector. Hay otros aspectos que tienen que ver con la dimensión de la gestión empresarial, perfil más característico del ingeniero de edificación. El arquitecto tiene una vertiente de diseño y creatividad muy específica, mientras que el ingeniero de edificación tiene una vertiente más de gestión a todos los niveles. A la hora de pensar en qué orientación más específica podemos tener en nuestra escuela para la nueva carrera hemos barajado la idea de la gestión de proyectos, un ámbito más asociado hasta ahora a las ingenierías industriales, que extendían su radio de acción a la edificación. El ingeniero de edificación será un profesional muy cualificado para trabajar en el amplio campo de especializaciones que hay en el sector, desde la propia ejecución de las obras hasta la gestión de las empresas de promoción y construcción a más alto nivel.
¿Qué expectativas les esperan a quienes terminen la carrera ante una crisis que se ha cebado con el sector de la construcción?
Hasta la llegada de la crisis, el título de aparejador era el más polivalente del mercado y el que mejor índice de colocación tenía. Con la crisis, el sector está muy parado. El perfil sigue siendo igual de bueno para trabajar, incluso más cualificado. Nuestros alumnos van a salir muy bien preparados para responder en muchos puestos de trabajo diferentes, desde el del jefe de obra a integrarse en una oficina de proyectos, arquitectura o ingeniería, pasando por un gabinete de estudios de una empresa constructora e irse accediendo poco a poco en puestos de responsabilidad. Ingeniería de Edificación va a ser una titulación muy polivalente. Pero es cierto que los nuevos ingenieros de edificación van a tener que estar preparados para competir. Puede que el sector adelgace y la construcción tenga un volumen menor en los próximos años, por lo que el que salga adelante será el que esté mejor preparado y tenga más capacidad de lucha. Van a tener que competir en unas condiciones exigentes que hace unos años, cuando nos quitaban los estudiantes de las manos, no existían. A lo mejor van a tener que peregrinar más para encontrar trabajo y esforzarse un poco más para situarse bien.
¿El fin último es hacer edificios para personas?
Efectivamente.
¿Y qué edificios demandan ahora las personas?
Hay mucha gente que no tiene una vivienda, por lo que no se demanda un producto especialmente brillante, sino simplemente algo, un techo. En el terreno de la VPO está todo reglamentado. Se sabe cuánto tiene que medir cada cosa, por lo que hay poco margen de maniobra para bien, ya que se garantiza unas condiciones de producto, y para mal, porque no da pie a la innovación. Por lo demás, creo que los arquitectos estamos viviendo el boom del espectáculo y todos deseamos hacer edificios muy vistosos y escultóricos en los mejores sitios de las ciudades. Ésta es la deformación a la que nos llevan los tiempos porque ésa es la imagen de la arquitectura que más se difunde, la que sale en los medios de comunicación y la que hace a los arquitectos famosos. Pero no nos engañamos y tratamos de atinar con lo que todo el mundo entiende que está bien.
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Juan Miguel Otxotorena, ayer en el "túnel" de entrada al Edificio de Arquitectura de la Universidad de Navarra. J.A.GOÑI
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