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SOCIEDAD

Manos Unidas declara la "guerra al hambre" como hace 50 años

El domingo tendrá lugar la tradicional colecta, que en 2008 superó los 1,6 millones de euros y que van a proyectos en el Sur

Actualizada Jueves, 5 de febrero de 2009 - 04:00 h.
  • MARÍA JESÚS CASTILLEJO . PAMPLONA

"¿Cuántos millones morirán este año?". Se lo pregunta Elena Martinicorena, delegada de Manos Unidas en Navarra, con motivo de la "Campaña contra el Hambre" que tiene lugar este fin de semana. "Tres cuartas partes de la humanidad, hombres, mujeres y niños, pasan hambre, viven en esa línea entre la vida y la muerte", añade.

Y, para colmo, las cifras han empeorado a causa, sobre todo, de la crisis alimentaria por el aumento del precio de los alimentos básicos para ellos como el arroz o el trigo. "Ya hay 75 millones más de hambrientos", lamenta. Por eso y justo cuando cumple sus bodas de oro, Manos Unidas ha vuelto a declarar la "guerra a la injusticia y al hambre", como gritaron hace 50 años miles de mujeres católicas europeas y españolas, en lo que fue el germen de esta ONG. Asimismo, el lema de la campaña de este año recuerda que "combatir el hambre es un proyecto de todos".

"Sed de justicia, paz, dignidad"

Para el misionero navarro Ignacio Elizari Belzunce, padre blanco de 69 años, que durante 35 vivió en el Congo y que en los últimos seis años va y viene, no sólo se trata de hambre de alimentos. "Los países del Sur tienen también hambre y sed de justicia, de paz, de poder vivir con dignidad" afirma. Y para ello, recalca, no basta con hablar de donar el 0,7%. "Hay que terminar con el saqueo de materias primas y pagarlas a un precio justo", indica Elizari.

En este sentido, pone como ejemplo ya conocido al Congo, uno de los países más ricos de África por sus minas de diamantes o de coltán -que se utiliza para componentes de ordenadores, teléfonos móviles, etc.-, permanentemente saqueado, con constantes conflictos armados -mantenidos artificial e interesadamente- y donde la mayoría de la población vive en la miseria.

Pese a todo, Elena Martinicorena afirma que "es posible acabar con el hambre". "Todos los que formamos Manos Unidas sabemos que el único obstáculo insuperable sería creer que la victoria es imposible". Eso sí, hoy, como hace 50 años, y aun cuando "ha habido avances", el primer punto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio -reducir la pobreza extrema- está lejos de alcanzarse y sigue haciendo falta "sensibilización, presión social y voluntad política". En esta línea, resalta la "pobreza" de las cumbres de "alto nivel" celebradas en Roma y Madrid sobre seguridad alimentaria, con propuestas "ridículas" frente a las cifras "billonarias" para afrontar la crisis financiera en los países ricos. "En los países en vías de desarrollo la crisis afecta el doble y el triple y además en alimentos básicos".

Por todo ello, tanto Martinicorena como el misionero navarro animan a la sociedad a colaborar con Manos Unidas para poder financiar proyectos -774 en el 2008- con los que tratan de mejorar la situación en 62 países, mediante acciones agrícolas, sanitarias, educativas, para la mujer...

A ellos se destinaron los 1.614.166 euros recaudados el año pasado, entre colectas, donativos, herencias y cuotas de 2.000 socios en Navarra. Con apenas una veintena de voluntarios, logran que el 95% del dinero viaje al Sur y sólo un 5% sea para gastos.

Optar por "otros valores"

Proyectos que son gestionados en el terreno por muchos misioneros. Elizari cuenta que acaban de construir un centro de salud en Ambisi, provincia de Ituri, Congo. "Es una zona que ha estado muy abandonada". Ya es el tercer centro de salud y tiene previsto promover un cuarto, combinando sus viajes al Congo con charlas en colegios y parroquias.

La delegada de Manos Unidas destaca, por su parte, que en el Norte, además de dar donativos, es necesario "optar por otros valores": ser "más solidarios y responsables con lo que ocurre en el mundo", "menos consumistas y más éticos en el uso del dinero" y priorizar "el derecho de todo ser humano a tener medios para vivir dignamente". También, dice, reclamar más "voluntad política" de los gobiernos y países.

"Nosotros", concluye Elizari, "creemos en otro mundo". Un mundo, una casa, "de puertas abiertas y mesa puesta", como sugiere el cartel de este año (cubiertos de colores), obra del capuchino Luis Silvestre Casas. "Que todo el que pase... tenga bebida y un plato de comida" y que en la mesa "haya también sanidad, educación, trabajo, vivienda y libertad".

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Millones de niños pasan hambre. En la imagen, varios chicos en una playa de Senegal. MANOS UNIDAS

Ignacio Elizari y Elena Martinicorena, con el cartel de la campaña. BUXENS


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