El Barcelona ofreció una lección de fútbol en la primera mitad con Xavi y Messi, y después lo pasó francamente mal
Osasuna saboreó el caramelo. Suena a consuelo, y más tratándose del colista de Primera, pero es una realidad de la que muchos equipos de la Liga no pueden presumir. Después de jugar a merced del Barcelona los primeros cuarenta y cinco minutos, el equipo rojillo se había pegado la pechada de dar la vuelta al marcador y variar la dinámica de una extraordinaria avalancha futbolística azulgrana. Se había reinventado, en cuanto a su planteamiento, fútbol, ambición y carácter.
El Barcelona llegó a desquiciarse bastante. Sólo restaba el esfuerzo final para agarrarse a un resultado positivo, un empate como mal menor. La desgracia fue que Osasuna cayó con la espina que se le presenta siempre en el camino de rosas. Puede ser más justificable que se produjera ante un talentoso Barça herido en su orgullo y colosal en su pegada, pero llegados a este punto estos descalabros postreros son cada vez más caros en la tabla.
La maquinaria del mejor equipo de Europa se puso en funcionamiento en el Reyno de Navarra desde el pitido inicial. Camacho había tejido una tela de araña sobre el corazón del Barcelona con tres hombres, pero sus deseos no pudieron convertirse en realidad. A Osasuna le costó un mundo seguir el ritmo de la circulación culé, dirigida con el maestro Xavi y la electricidad de un Messi estelar con la pelota pegada al pie. El problema se agigantó viendo cómo una y otra vez el Barcelona recuperaba la posesión casi siempre en campo navarro. Ante semejante dibujo, los rojillos sufrieron para enlazar un par de servicios en terreno ajeno y, todavía más, para controlar una pelota en condiciones en el área. Así discurrió el primer tiempo, con un rácano remate de cabeza de Pandiani que murió en las manos de Valdés.
Messi siembra el pánico
El Barça se sintió cómodo desde el inicio. Ni la presión ambiental ni la niebla frenaron su hambre. A los diez minutos, Messi ya había sembrado el pánico en su primera aparición en el Reyno. Condujo el balón a cien por hora, sentó a Sergio y Miguel Flaño y cruzó ante Roberto. La pelota dio en el palo y se paseó cerca de la raya de gol. Fue toda una declaración de intenciones. El abanico catalán de opciones ofensivas se convirtió en un dolor de muelas. Si no era la sociedad entre Messi y Xavi, era la movilidad de Eto"o o los controles de Henry para encarar. A Osasuna no le funcionaba su fútbol de contención y en ataque no existía, más que nada porque Nekounam, por detrás del delantero, estaba francamente fuera de sitio.
A los navarros le salvaba que su portería seguía a cero, hasta que en otra acción extraordinaria Messi encontró el pasillo central para habilitar a Samuel Eto"o en la frontal. El camerunés, que le tiene cogida la medida al equipo navarro, lanzó un latigazo inalcanzable para Roberto. No era de extrañar que llegara el tanto culé en cualquier momento, pero sentó como un mazazo. El descanso estaba muy cerca.
El equipo se reinventa
Osasuna perdió para toda la segunda parte a uno de sus mejores hombres, Sergio Fernández. El asturiano había conseguido despejar la mayoría de los balones que le llegaban por su zona. Josetxo saltó al campo en su lugar, y lo cierto es que su salida coincidió con el cambio de cara del equipo rojillo. Osasuna se quitó los miedos. Comenzó el periodo con un disparo de Plasil al medio minuto, y obligó al Barcelona a bajar varias velocidades en su fútbol y bastantes metros en su posición. Su peligro sólo llegaba desde disparos exteriores.
La mejoría de Osasuna quedó confirmada con el cambio de planteamiento de Camacho. Más vale tarde que nunca. Quitó uno de los tres pivotes, Puñal (la decisión fue silbada por la grada), para que Nekounam volviera a su posición natural. Y arriba, Pandiani se sintió mejor arropado con un Portillo muy colaborador. Su zurda intervino en los dos goles que dieron la vuelta al partido. Primero ejecutó el córner que cabeceó Miguel Flaño con un remate desde el segundo palo marca de la casa y luego abrió el juego a Juanfran, que rajó al Barça para dar el pase de gol al Rifle. Poco antes, el alicantino había rozado el segundo tanto con un disparo que atrapó Víctor Valdés.
En diez minutos, Osasuna se colocó con un 2-1 con el que pocos soñaban en la primera parte. El Reyno estalló de alegría y el Barça de rabia, al tiempo que el choque se trabó y aumentó la tensión. El partido terminó de romperse y en esa ruptura se impuso el talento catalán. Osasuna dio un paso atrás y el conjunto de Guardiola se fue arriba con todo.
Messi combinó con Alves, y el brasileño cedió a Xavi, que llegando desde atrás fusiló a Roberto. Cinco minutos después, el argentino rubricaría el 2-3 con un soberbio zurdazo lejano que llegó tras la enésima pérdida de balón de Masoud al intentar regatear. Y de nuevo al final. Una historia de sobra conocida.
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