PU...ÑETA
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V ALE que la derrota era algo que entraba en todas las quinielas, que las apuestas se vestían de blaugrana y que tan sólo los osados inversores se la jugaban por una victoria rojilla contra el mejor equipo del mundo mundial. Vale que los chicos del Pep están en estado de gracia y que juegue quien juegue, se sale. Vale que se enfrentaban el líder destacadísimo contra el destacadísimo colista. Vale que Messi sigue peleando por ser el mejor jugador del mundo. Vale que hacía frío y niebla. Vale que las porras daban como vencedor al Barça. Vale. Pero cascar como ayer escuece más que echar sal en una herida de muerte. Y todo lo demás es tontería.
Tras cenarnos una tediosa primera parte, todo cambió en la reanudación. Los rojillos pusieron las criadillas en el fuego de inducción y calentaron el ambiente. Diecisiete minutos (desde el empate de Miguelito hasta el de Xavi) en los que la parroquia local soñó, pergeñó una y mil veces el cuento de la lechera, levantó castillos en el aire y revivió al mejor Osasuna. ¡Qué poco dura la alegría en la casa del pobre! Y el rico, con Pulga y todo, se llevó la victoria. Casi prefería una goleada clara...
¡Vamos, rojos, que me sacáis los 31 puntos que faltan!
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