No se si quién avisa es o no traidor. Puede que más bien intente justificarse, o quizá sólo se quede en ingenuo. Pero el caso es que me siento obligado a alertar a mis estimados lectores de que el libro que tienen en sus manos es un fiel reflejo de mi personalidad, con todas sus peculiaridades y con sus numerosos defectos a cuestas.
El autor es alguien que difícilmente se mueve en tonos grises. Se le acusa con frecuencia de ser demasiado radical e intolerante, como si esas características tuvieran grados de intensidad regulables a voluntad. Habrá quien encuentre que ciertas ideas se repiten a menudo, hasta rozar el hartazgo. Entre ellas la idea de las cumbres del Himalaya son bellas, o mi proverbial oposición al uso de oxígeno en botellas. No puedo hacer nada, aya sé que a veces me pongo algo pesado. Me disculpen, por favor.
Es también posible que algunos se sientan ofendidos en alguna medida. Turistas, curas, comedores de comida basura, policías de todo pelaje, militares, políticos, estafadores diversos, alpinistas de postal y charlatanes pueden llegar a pensar que tengo algo contra ellos, personalmente o como grupo. Y, salvo en un par de casos, nada más lejos de la realidad.
Mientras tanto, sólo espero ser honesto y, si no es mucho pedir, no dejar a nadie indiferente.
© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual