H AY pocos empates tan dolorosos como el de ayer. El aficionado abandonó el Sadar entre la incredulidad por lo que acababa de ver, el fatalismo por la situación del equipo y el cabreo porque los jugadores, con su entrenador al frente, dejasen escapar una ventaja tan amplia. De acuerdo en todo. La afición casi siempre tiene razón. Pero en un momento como este sólo cabe arrojar la toalla o morir matando. Y aunque parezca que no, el partido de ayer dejó algunas buenas noticias. Dady apareció como el goleador que tanta falta hacía, Plasil hizo uno de sus mejores partidos, Puñal estuvo soberbio durante casi todo el encuentro (incomprensible su cambio por Sunny) y Monreal regresó al equipo. Osasuna jugó la que probablemente ha sido la mejor primera parte de la Liga. A eso hay que agarrarse y levantar el ánimo. Lo demás, el derrotismo, sólo sirve para amargarse la vida. A pesar de los pesares seguimos vivos.
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