No por esperado resulta menos repulsivo. El atentado con coche-bomba ocurrido hoy en la Universidad de Navarra confirma que la banda etarra está ávida de dolor y de sangre para mantenerse viva. Se encuentra en los estertores de su historia pero se resiste a desaparecer sin hacer el mayor daño posible. La explosión provocada sin previo aviso a las 11 de la mañana en un aparcamiento repleto de coches muestra a las claras la calaña de sus autores y de quienes los arropan. El balance de 29 heridos leves alivia las fatales consecuencias que perseguía el atentado, pero deja claro que el único lenguaje que entienden los terroristas es la violencia. Queda demostrado, una vez más, que su peor enemigo es la unión de las fuerzas democráticas y que ni esta ni otras salvajadas similares lograrán otra cosa que provocar un sufrimiento inútil.
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