En muchos casos, agresor y agredido llegan a una conciliación (si los padres de ambos lo autorizan) y no habría juicio. En caso contrario, tras el juicio se aplican al agresor alguna de estas medidas.
1 Libertad vigilada. El agresor hace su vida diaria normal pero un educador trabaja con él un programa individualizado (a través de al Dirección General de Familia del Gobierno foral). Se busca que se adapte a la sociedad.
2 Trabajos en beneficio de la comunidad. El menor debe trabajar unas horas ayudando a personas discapacitadas o disminuidas para que aprenda el valor de la solidaridad. La Dirección General de Familia se encarga de coordinar el programa.
3 Amonestación. El juez reprende al menor en el juicio.
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