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CRÍTICA DE CINE | MIGUEL URABAYEN

Contra la predestinación

Actualizada Miércoles, 9 de marzo de 2011 - 04:00 h.

E L tema es importante. Viene envuelto en una fábula de ciencia-ficción pero trata de si podemos tomar decisiones por nosotros mismos, es decir, si tenemos libre albedrío o si el desarrollo de nuestras vidas sigue un destino fijado de antemano.

La idea original del argumento es del escritor Phillip K. Dick, ya conocido por los aficionados debido al éxito de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) basada en uno de sus 121 relatos. Destino oculto es la primera película del hasta ahora guionista George Nolfi que encontró la idea en el cuento corto Equipo de ajuste, publicado por el escritor en 1954. Como es frecuente entre los realizadores debutantes, Nolfi también ha escrito el guión e incluso ha sido uno de los cuatro productores.

No hay duda de que el tema interesaba al nuevo director. Ese interés y la fama que le proporcionaron los guiones de Ocean 12y de El ultimátum de Bourne, tercera de la serie, le ha permitido situarse tras la cámara y tener a Matt Damon como protagonista. También pudo disponer de la británica Emily Blunt para el papel de la bailarina Elise de la que el joven político David Norris se enamora a los pocos minutos de hablar con ella. El sentimiento es mutuo y queda confirmado en un segundo encuentro debido a un fallo de Harry, el encargado de vigilar a Norris.

Lo que ambos ignoran es que sus vidas futuras ya están dibujadas en los esquemas manejados por una especie de funcionarios o agentes del Destino. Una casualidad temporal, hace que Norris vea cómo Richardson, un jefe de grupo de ese extraño Departamento actúa en la mente de su mejor amigo y éste cambia una decisión que había tomado. Al verse descubierto, Richardson explica al joven político quienes son y cómo vigilan a los humanos para que sus acciones se ajusten a sus vidas ya programadas.

Según se entera Norris, él acabará siendo un político tan destacado que podrá llegar a la Casa Blanca y Elise será una de las más famosas bailarinas del mundo. Todo eso, claro, si sigue las instrucciones del Departamento y rompe con ella. Así lo hace, no tanto por él mismo sino por no perjudicar la brillante futura carrera de Elise. Tres años más tarde se arrepentirá de su decisión e intentará evitar que ella se case con el director de su ballet.

Y aquí está el problema, tanto para la pareja como para los agentes del Destino a las órdenes ahora de Thompson, uno de los jefes superiores. Norris y Elise tratan de huir y la película se transforma ante nuestros sorprendidos ojos en algo no muy diferente, salvo por la fantasía ambiental, a las persecuciones vistas en El ultimátum de Bourne.

En ese punto podemos darnos cuenta de que, en el fondo, Nolfi ha hecho un drama romántico tipo Romeo y Julieta en un ambiente distinto al habitual. Primero en palabras y luego en actos, Norris establece sus prioridades y se aferra a ellas. No le importa el precio que pagará, solo concibe su vida futura con Elsie a su lado. Y ella también, aunque no lo diga con palabras. Tras unos momentos de duda ante la rápida explicación de David, acepta que deben huir de los agentes del Destino. A cualquier precio.

Destino oculto resulta ser una obra más interesante en su primera mitad que en su segunda. Por un lado, los agentes Harry y Richardson están bien representados por Anthony Mackie y John Slattery (uno de los excelentes actores de la serie televisiva Mad Men). Pero según pensamos más tarde, sus personajes no resultan muy creíbles. Dados sus extraordinarios poderes, no se entiende que Harry persiga al autobús corriendo como cualquier atleta humano. Y tampoco se comprende que Richardson no utilice sus recursos mágicos para cambiar la decisión de Norris, como ha hecho con Charlie Traynor.

Por otro lado, Matt Damon y Emily Blunt muestran con eficacia la atracción que cada uno de sus personajes siente hacia ella o él, lo que en el lenguaje profesional del cine suele llamarse ahora "buena química" entre ambos intérpretes.

A sus ajustadas actuaciones puede sumarse la del británico Terence Stamp como el jefe Thompson. Una gran estrella en los años 60, Stamp realiza aquí su mejor actuación desde El halcón inglés (Steven Soderbergh, 1999). Comenzó su carrera en La fragata infernal, en 1962, como el inocente marinero Billy Budd y ahora tiene 73 años. Ha envejecido muy bien, sin que sus expresivos ojos azules hayan cambiado en más de medio siglo.

A pesar de lo muy caro que resulta filmar en las calles de Nueva York, la acción ocurre en esa gran ciudad, con adecuada ambientación, fotografía y montaje.

EN RESUMEN: La moraleja de esta fábula de ciencia-ficción es, simplificando, que los enamorados pueden desafiar al destino.


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