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LAS EDADES DE LA CULTURA

El eco del frontón en la red de teatros

Munárriz y Laiglesia se llevan 21 años. Ambos están en activo y, en ocasiones, discuten con respeto pero vehementemente

Actualizada Domingo, 6 de febrero de 2011 - 03:16 h.
  • ION STEGMEIER . PAMPLONA

EL Civivox de Iturrama está en ebullición. La compañía Talo prepara el acto de su trigésimo aniversario y Laura Laiglesia se desgañita dando indicaciones a unos y otros. Ni siquiera advierte que ha llegado Miguel Munárriz, que baja tranquilamente por la grada. Para sorpresa de este último, el fotógrafo del periódico no es el único que le dispara. Varios actores de Talo desenfundan sus cámaras y se lo llevan de recuerdo, como un ciclista imberbe retrataría a Induráin.

Los caminos de Munárriz y Laiglesia se cruzan durante un rato para hablar de teatro, el de antes, el de ahora y el que vendrá. Llegaron a él de distinta manera, y en diferentes tiempos. Miguel Munárriz Muruzábal (Pamplona, 1957) tuvo una vocación temprana. Estuvo interno en Alsasua y allí había un hombre especialmente interesado en las tablas que resultó crucial. "Aparte de hacer obras de la Galería Salesiana ya empezábamos a hacer cosas con voz grabada y expresiones corporales", recuerda.

Años después, se subió a las tablas en lugares impensables hoy en día, escenarios que tenían columnas en medio, cines o frontones "donde la vo-O-o-O-o-z sue-E-e-E-e-na así", escenifica. "Quizá la nueva generación piensa que la red de teatros que existe hoy es lo normal, y a lo que ellos tienen derecho", explica. "Y ahí patinan un poquito", indica.

El camino de Laura Laiglesia Lizarazu (Pamplona, 1978) no fue directo. Iba para fisioterapeuta. Hasta que en tercero de BUP se montó una obra y ella, que odiaba leer, quedó atrapada. Lo vio clarísimo. Sus padres le aconsejaron que por si acaso estudiara una carrera, ella optó por Publicidad y Relaciones Públicas, y se dedicó brevemente al Periodismo, pero después se marchó a estudiar al Teatro de Cámara Chejov de Madrid. "Poco a poco, malviviendo, pero en cierto modo me dedico al teatro", proclama ahora.

Ambos directores de escena y actores disfrutan de instalaciones totalmente nuevas. En la última década se han levantado en Navarra una treintena de Casas de Cultura, la mayoría con escenarios de calidad. Y se ha creado la Red de Teatros de Navarra.

Cuando va a un espacio escénico maravilloso, Laiglesia dice ser consciente de ello. "No digo que es lo normal, digo que qué bien", explica Laiglesia. Ella reivindica la filosofía de sacarse las castañas del fuego, el "tocar todos los palos", según dice, o "la heroicidad del día a día", según la nombra Munárriz. Porque en los años 80, el teatro que él vivió en Navarra no lo hacían personas, sino colectivos. No había actores; interpretaban, sí, pero también montaban focos, o se encargaban del escenario, o de tantas otras cosas. Y eso, conviene, les unía.

"Uno a veces se encuentra con actores muy torpes porque son incapaces de saber si esta mesa es de atrezzo o no, y si se pueden subir encima , o que no saben cómo colocarse en el haz del foco, perseguirlo. Claro, si tú has montado un foco y sabes de qué está hecho, y cómo quema al dirigirlo, evidentemente al salir al escenario sabes dónde estás", razona.

Libertad y mercado

Con la Red de Teatros les ha ido de manera desigual. Ambos estuvieron en las asambleas preparatorias de este servicio que echó a andar en marzo de 2009. Laiglesia alaba los nuevos centros, "El de Artica, por ejemplo, es precioso", apunta, pero se fue desvinculando poco a poco y cree que la Red no ha funcionado.

"A nosotros nos ha ido muy bien", contrapone Munárriz, quien admite que fabricó un producto adecuado para vender a la red. Se trata del mercado, en su opinión. De la oferta y la demanda, los productos y los coordinadores culturales que los contratan.

-¿Eso no te corta tu libertad artística?, le pregunta Laiglesia.

-Yo, es que como todos los días.

Lo tiene claro. En noviembre estrenó un espectáculo sobre Chopin y llevan a cabo una campaña, Teatro para ti, en la que hacen teatro gratis y luego pasan la gorra, y ahí sí, ahí hacen lo que quieren. "Pero si quiero vivir de esto tendré que hacer lo que la gente quiere", puntualiza.

Ese es el punto que más les separa a ambos. La pregunta recurrente de teatro para todos los públicos o para uno minoritario que sepa valorarlo. "El artista tiene que ser vanguardista y tiene que intentar crear algo nuevo, algo bello, somos bastante convencionales", lamenta Laiglesia.

"Hubo una época terrible, a finales de los 70, que estuvimos a punto de despachar al público de las salas porque nos alejamos de él haciendo espectáculos oscuros, crípticos, vanguardistas... el público volvía a los clásicos, a Arturo Fernández y tal, porque entendía lo que les estaban contando", apunta Munárriz.

No oculta el director que cada vez le molesta más que le llamen artista, y que cada vez se considera más parte de la industria del entretenimiento. "Fíjate la danza, la apuesta que se está haciendo, y sin embargo no consigue atrapar al público. ¿Por qué? porque son demasiado artistas, desde mi punto de vista", dice.

Laura Laiglesia se respondió a esa pregunta en su momento."Yo decía que quería dirigirme a todos los públicos pero ahora cada vez más pienso que quiero hacer unas cositas bonitas, bellas", señala. Munárriz contraataca: "Pasolini hace muchísimos años despreciaba a los que hacían teatro para los que hacían teatro, para la élite", apunta. "Yo soy partidario del gran público, en mayúsculas".

¿Y en cuanto a los números? Cuando Laiglesia se marchó a Madrid, su sensación era que en Pamplona había poco teatro. Permaneció tres allí, y volvió hace siete u ocho. Entonces, su sensación fue la contraria: ve que hay mucho teatro y muchos grupos: "Cada pueblo, casi, tiene uno".

Munárriz, que dirigió la Escuela Navarra de Teatro, da una cifra: en el año 86-87 había cincuenta grupos que tenían convenio con el Ayuntamiento de Pamplona. Cincuenta. "Hasta poco antes de la crisis, yo creo que el teatro es cuando ha estado mejor en Navarra. Hay un número muy elevado de espectadores y gente profesional haciendo trabajos con calidad media bastante alta".

Y así, la charla entre ambos fluye sola, mientras de vez en cuando algún integrante de Talo se asoma a la salita donde se desarrolla y pega un flashazo.

Curiosamente, Laiglesia participó en 2006 en el II Taller de Escritura del Teatro Gayarre, donde escribió Un besito de buenas noches, mi orangután, un sainete que fue dirigido por Munárriz.En febrero de 2006, Munárriz. "Me acuerdo que él me dijo entonces: sois como Shakespeare: muy buenos pero estáis muertos", señala Laiglesia. "Yo estoy empezando y para mí estar en la utilería del Gayarre me parece un mundo. Es maravilloso. Yo soñaba con estar dentro del Gayarre y para mí Miguel y su mujer (Marta Juániz) son dos grandes", manifiesta.

A Munárriz, aquella función le gustó. Le pareció muy divertida, fresca y moderna. "A Laura la veo entusiasmada, lo cual está muy bien", dice. "Lo único que hace uno con la edad es sentir el mismo entusiasmo, pero mostrarlo menos", concluye.


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