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El tabaco no vuelve a las librerías

Cae la venta de tabaco . El año pasado se vendieron 9 millones menos de cajetillas

Actualizada Viernes, 28 de enero de 2011 - 04:00 h.
  • M. CARMEN GARDE . PAMPLONA.

EL tabaco vive horas bajas. Muestra de ello es la curiosa paradoja ocurrida en las librerías tradicionales, las de barrio. Estos locales emprendieron hace cinco años una cruzada ante la administración para lograr que la ley les permitiera volver a vender cigarrillos. Al final, hace ahora un año, consiguieron su objetivo. Sin embargo, en este tiempo, apenas media docena del centenar de pequeñas librerías que hay en Navarra han colocado una máquina expendedora de tabaco.

Según dicen, el tabaco ya no resulta un producto "atractivo" para la venta. De hecho, su consumo desciende a pasos agigantados. Según los últimos datos oficiales, el año pasado se vendieron en la Comunidad foral cerca de nueve millones menos de paquetes de cigarros.

Así, lo sucedido con el tabaco en las librerías es un claro ejemplo de que los tiempos cambian, de que la época en la que se pedían cigarrillos sueltos ha pasado a la historia. Ahora, la ley sólo permite su venta mediante máquinas expendedoras con control remoto por el dependiente, igual que en los bares. "Peleamos, y mucho, para lograr que el tabaco se pudiera vender de nuevo, pero la realidad es que, después de lograrlo, no vemos interés por parte de los libreros. La única explicación que veo es que ya no lo ven un producto atractivo", explica el presidente de la Asociación de librerías y de comercio de prensa de Navarra (Alicoprena), Juan Carlos Luquin Pérez.

Una de las pocas librerías que ha recuperado la venta de tabaco es la librería Estudio, de José Luis Sánchez Beaskoetxea, en la Plaza de los Castaños, en Barañáin. Sánchez defiende la necesidad de las librerías de diversificar su oferta para subsistir y, en ese sentido, de ofrecer productos "que hagan a la gente entrar en la tienda". " Vendo tabaco y también el bonobús. No dejan mucho, pero consiguen que la gente entre a la tienda y compre alguna otra cosa más. Los libros ya no dan para vivir".

El librero explica que instaló la máquina en mayo tras adquirirla "a buen precio" a un amigo. Asegura que está "contento" con la venta, de la que obtiene quince céntimos por cajetilla. "Reconozco que si tienes que comprar la máquina y llenarla, porque a casi cuatro euros el paquete es un dineral, no es nada fácil rentabilizar la inversión", apunta Sánchez.

El presidente de los libreros, Juan Carlos Luquin, explica que una máquina expendedora nueva viene a suponer en torno a 2.500 euros. Recuerda que la asociación trató de agrupar a libreros interesados para obtener una buena oferta conjunta. "Pero, para nuestra sorpresa, no hubo una buena respuesta y todos los intentos que hemos realizado se ha quedado en agua de borrajas".

Luquin señala que, en ocasiones, los estancos ceden a los bares o librerías la máquina. "En ese caso, se reparten los quince céntimos entre el librero y el estanquero". Para el representante de las librerías, la raíz de este desinterés está en dos motivos. Por un lado, en la delicada situación económica de muchas librerías pequeñas "por estamos en vías de extinción". Y por otro, "que el tabaco está cada vez peor visto socialmente y ya no vende tanto".


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