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ERNEST MARTÍNEZ IZQUIERDO DIRECTOR TITULAR Y ARTÍSTICO DE LA ORQUESTA SINFÓNICA DE NAVARRA

"Hemos de captar la atención de los jóvenes, falta punch por nuestra parte"

"El tema de la sede de la Orquesta no está solucionado y me entristece porque te crea mucha frustración"

Actualizada Lunes, 13 de septiembre de 2010 - 01:12 h.
  • MICHELLE UNZUÉ . PAMPLONA .

Está en pie de guerra contra el elitismo musical. El catalán Ernest Martínez Izquierdo tiene dos manos, la izquierda y la dura, para dirigir la música y a los intérpretes de la Orquesta Sinfónica de Navarra, cuya titularidad ostenta desde 1997. En este matrimonio bien avenido, la música clásica debe enganchar a los jóvenes, "el público del mañana", según opina este devoto cinéfilo poco amante del deporte y de los Sanfermines.

¿Se siente como un escolar ante el comienzo de curso, con la incertidumbre de qué ocurrirá?

Sí, tras las vacaciones se vuelve a los sentimientos de la niñez, del estreno, del reinicio de nueva temporada tras un periodo de descanso.

¿Porque este curso para la Sinfónica sería universitario, de máster, de especialización...?

La orquesta está en la fase del buen profesional, la fase de formación ya pasó. Estamos jugando en Primera División, algunos de los compromisos de la orquesta son de máximo nivel y no sirven excusas, la exigencia es muy alta.

¿Cada vez logra un mayor renombre fuera de Navarra?

La actividad de una orquesta se basa en dos pilares: el primero es el ciclo de conciertos en Pamplona con nuestros abonados. Con él compartimos nuestro proyecto artístico con el máximo número de personas, queremos ser la orquesta de Navarra, sin elitismos. Y el otro pilar son las actuaciones fuera, son un reto artístico y un estímulo añadido que ayuda mucho.

En este curso vuelven a colaborar con el Orfeón Pamplonés. Se nota que son dos formaciones muy bien avenidas...

Sí, es una colaboración estrecha desde hace años. Somos un matrimonio bien avenido y el entendimiento es grande.

¿Qué me dice de Antoni Wit, el director invitado para las próximas tres temporadas?

La figura de director invitado es importante para la orquesta, complementa la labor del director principal. Y Wit era el mejor valorado por los músicos y el público. Es un director con gran experiencia, todo un caballero, y tiene una maestría con el repertorio que enriquecerá a la orquesta.

¿Nada que ver con Roth, el anterior director?

Son perfiles diferentes. Roth es un director más joven con más repertorio del siglo XX, y la carrera de Wit está en la cumbre y tiene un repertorio más romántico. Pero la variedad enriquece.

Continúan con los conciertos escolares. ¿Cómo se vive la música a través de estos ojos inexpertos?

Uno de los retos más importantes de la orquesta es crear el público del mañana. Tenemos tres proyectos al año con tres semanas completas de dedicación, y por la orquesta pasan 20.000 niños al año. Me implico mucho en estos conciertos, me encantan y me lo paso muy bien. A veces se mira a los niños como B, para nosotros es un concierto A como otro cualquiera.

¿Se nota que son más jóvenes en la falta de atención o la impaciencia que muestran?

En general su comportamiento es impecable, irreprochable. Son muy espontáneos y cuando algo les gusta se nota enseguida. Es un placer.

¿Echa en falta esta respuesta espontánea en el público adulto?

Me gusta más la actitud del niño; hay gente a la que le molesta mucho que se aplauda fuera de tiempo y a mí me encanta. El de la música es un ritual tan rígido que asusta a muchas personas. El concierto tiene que ser para disfrutar, compartir, y para que cada uno se exprese como quiera. Los chavales están más abiertos mentalmente, no han hecho su selección y no tienen los "a prioris" del adulto. Su falta de prejuicios me gusta mucho.

¿Y cómo encuentra el panorama?

Mi gran preocupación es que la orquesta esté abierta a todo el mundo, y me preocupa la renovación de público. Para muchos jóvenes la música clásica es sinónimo de rollo. En parte es cliché y desinformación, pero si el río suena agua lleva, creo que somos nosotros quienes hemos de captar su atención, falta punch por nuestra parte. El mundo de la música clásica tiene un punto rutinario y se nos escapa la gente que necesita más adrenalina.

¿Y cómo se combate esto?

No sé, introduciendo música diferente en la programación o en la manera de tocar, sorprendiendo al público. Hay orquestas en Holanda que tocan de pie, sin partituras y sin la ropa habitual, dan una energía muy rompedora y mucho más próxima al público. Un músico de la Filarmónica de Berlín decía que tocaba cada concierto como si fuera el último.

¿Y sale al escenario como si fuera la última vez que va a empuñar la batuta?

Procuro. Intento pensar que el espectador ha pagado una entradas y se quiere divertir, por lo tanto no puedo vivir el concierto como algo rutinario. Y de entrada yo me lo tengo que pasar bien, y si disfrutas se contagia.

Lleva desde 1997 al frente de la OSN. ¿Conoce al dedillo sus fortalezas y debilidades?

Sí, son muchos años, he crecido con la orquesta. La sensación es muy bonita, tienes una perspectiva muy amplia que pocos tienen. Puedes ver cómo la trayectoria de la orquesta es ascendente, te pones muy contento y te sientes orgulloso por la parte que te toca. Y también es complicado porque los matrimonios largos son difíciles, es como una relación de pareja en la que la rutina te la juega.

¿En estos "bajones" en la relación, cuál ha sido su peor momento?

De los malos momentos ni me acuerdo, no me gusta vivir con mal rollo dentro. Tengo una actitud muy positiva, aprendo mucho de los errores porque les das muchas más vueltas que a los triunfos.

¿En qué ha cambiado Ernest Martínez Izquierdo desde 1997?

En mucho. En mi caso yo he crecido, entré con 35 años como titular, muy joven. Me doy cuenta de cómo he cambiado cuando repito obras que ya he dirigido, como la Sinfonía del Nuevo Mundo. En cierta manera con los años te vas serenando; cuando entré aquí tenía mucho nervio, era muy ansioso, y con el tiempo ves que quizás no vale la pena ponerse de mal humor.

Al principio introdujo mucha música contemporánea en el repertorio que no dio tan buen resultado. ¿Frustrado por no haber calado esta iniciativa entre el público?

Bueno, el tema de la música contemporánea es muy delicado.

¿Por qué?

Hay un divorcio evidente entre los creadores de hoy en día y el público. Las razones hay que buscarlas en ambos lados. El compositor se ha instalado en su jaula de oro, sintiéndose un genio incomprendido que no tiene que transigir ante los gustos populares. Y eso no ayuda. Creo que en parte ha despreciado al público. Pero también hay desde los espectadores una pereza clara a conocer las cosas nuevas. El adulto, si es melómano, tiene un montón de prejuicios. Falta tener más curiosidad, porque el público quiere oír lo de siempre.

¿Entonces aquí encontró un público poco curioso?

No, ni mejor ni peor que en otros sitios. Esto es un problema mundial, aquí se es mucho más abierto que en Estados Unidos, Inglaterra o Italia. Pero hay países más habituados a esta música, como Alemania o Francia.

¿Qué tipo de mano es la del buen director de orquesta? Mano izquierda, mano dura...

Esa pregunta me la hago yo cada día (ríe). Es la combinación de muchas pequeñas cosas. Mano dura de vez en cuando, pero dosificada con ser cariñoso y afable, un poco psicólogo, padre... es complicado, a veces tienes ganas de mandarlo todo a paseo pero así no consigues nada. En ocasiones es más complicado manejar el factor humano que el musical. Éste lo puedes tener muy claro, pero manejar a un colectivo de 75 personas con 75 personalidades diferentes...Cualquier instrumentista tiene su instrumento, pero el director de orquesta no, saca la música a través de un colectivo, se demuestra a través de ellos y suena lo que él quiere que suene.

¿Y cómo viven usted y sus músicos la falta de una sede oficial?

Con tristeza. Son años de lucha, es una reivindicación que ya estaba hace trece años, cuando llegué. Tuvimos una ilusión con Baluarte que se convirtió en una gran decepción. Luego llegó el tema de la Ciudad de la Música y nuevamente nos desilusionamos. Se nos dijo que sería el auditorio Barañáin y llevamos con este punto un tiempo. Es un tema que no está solucionado, y me entristece porque te crea mucha frustración.

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Comentarios
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  • Asisten siempre los mismos y es siempre para los mismos, asi va la cultura en este pueblo.Musicalia
  • Qué hipocresia tiene esta orquesta, que le importan los jóvenes dice... No comment!!!Sarasate

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