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Un parón forzado por la asfixia

El golpe policial en Óbidos (Portugal) dejó a la banda sin su fábrica de explosivos

Actualizada Lunes, 6 de septiembre de 2010 - 04:00 h.
  • MELCHOR SÁIZ-PARDO . COLPISA. MADRID.

LOS servicios de Información de la Policía, la Guardia Civil y la Ertzaintza no tienen ninguna duda: el comunicado de ETA es fruto de la "debilidad operativa sin precedentes" de una banda que en los últimos dos años ha sufrido, como nunca, el acoso de las fuerzas de seguridad y que se ve incapaz de reponerse a los continuos golpes policiales.

Una "asfixia" que ha dejado a la organización terrorista sin cinco jefes en 24 meses, sin dinero, sin ayuda internacional, casi sin activistas y que, incluso, ha perdido el apoyo de buena parte de sus presos.

El Ministerio del Interior sabía desde principios de este verano que el último jefe militar de ETA, Mikel Karrera Sarobe, Ata, capturado el 20 de mayo, había ordenado a finales de marzo un parón en las "acciones armadas" para intentar reorganizar la banda o, al menos, evitar la sangría de detenciones, que este año se mantiene a un ritmo de un detenido cada tres días y medio.

68 detenciones entre enero y agosto en España, Francia, Portugal, Reino Unido, Italia, Bélgica... una cadencia "inasumible" para la banda, sobre todo si se tiene en cuenta que los terroristas eran apresados antes, incluso, de ejecutar los atentados por la bisoñez de los nuevos etarras Facebook, que se dedicaban a narrar en Internet sus andanzas, o que se dejaban cazar en macro redadas contra la kale borroka, como la del pasado noviembre contra Segi, al compaginar su militancia en ETA con la lucha callejera.

Ata, durante su breve mandato de tres meses al frente de los terroristas, había constatado en sus propias carnes la imposibilidad de, con esas mimbres, iniciar las campañas de atentados.

Karrera y su antecesor en el cargo, Ibon Gogeaskoetxea, capturado en febrero, habían diseñado una Presidencia Española de la Unión Europea en el primer semestre de este año teñida de sangre, con al menos dos grandes atentados con coches-bomba en Madrid y Cádiz en los titulares de la prensa internacional y que pusieran al Gobierno contra las cuerdas.

Y ahí se produjo la gran inflexión, según Interior. Ese plan, al que la banda había porfiado buena parte de su "supervivencia inmediata", se quedó en agua de borrajas cuando entre enero y febrero la Guardia Civil y las fuerzas de seguridad portuguesas desmantelaron la nueva gran base que ETA iba a instalar en el país vecino. La infraestructura que ETA había montado en una casa de localidad de Óbidos estaba diseñada para seguir activa durante años de manera autónoma como fábrica de explosivos, coches bomba y otros artilugios con los que golpear cualquier punto de España.

Operación en Portugal

Los 1.500 kilos de explosivos que ETA había acumulado en aquella vivienda, el mayor arsenal descubierto en la historia de la organización, cayeron en manos de la policía cuando en febrero los etarras abandonaron la casa precipitadamente al ser descubiertos.

Hasta la caída de Portugal, Gogeaskoetxea y Karrera -recuerdan mandos de los servicios de Información- no se habían dedicado, ni mucho menos, a preparar a la banda para una tregua. Es más, todo lo contrario.

De ellos, que fueron los que ordenaron los asesinatos de ETA en julio de 2009 -los de los guardias Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salva en Palma- partió la idea de activar a principios de año tres nuevos taldes operativos en el País Vasco para atentar de inmediato. Aquella apuesta también fracasó cuando la Guardia Civil atrapó en febrero al etarra Iban Beobide en plena tarea de captación de activistas para esos comandos.

El último intento de los dos jefes detenidos de evitar que ETA tuviera que ordenar un forzado parón fue el de poner en marcha otra base operativa en Cataluña para atentar durante este verano en la costa mediterránea. Esta "apuesta de última hora" también fue frustrada con el arresto en Portbou en febrero de Faustino Marcos, el etarra que debía alquilar la casa en Barcelona desde la que atacar.

Según los mandos de la lucha antiterrorista, hay otro aspecto importante para entender por qué ETA declaró ese parón la pasada primavera y por qué esta pausa obligada sigue activa y se hizo oficial ayer: la banda, por primera vez en su dilatada historia, no tiene una jefatura clara.

Sin sucesión

Junto a Karrera Sarobe cayó el que debía haber sido su "sustituto automático" en la jefatura del aparato militar, Arkaitz Agirregabiria, lo que provocó una situación inédita en una organización que siempre había tenido previstos los recambios.

La "crisis sucesoria" en ETA -explican los servicios de Información- no ha sido aún resuelta, hasta el punto de que Interior era consciente desde hace semanas de que cualquier comunicado de la banda se iba a retrasar y, en cualquier caso debía ser, como así ha sido, light, porque la jefatura, por primera vez, no está clara ni reconocida por toda la banda, aunque la mayoría de los analistas señalen a las veteranas Iratxe Sorzábal Díaz e Izaskun Lesaka Argüelles como posibles cabecillas.

Sin jefes, sin activistas y con el frente carcelario hecho trizas por una política penitenciaria que ha logrado elevar las cuotas de la disidencia a números desconocidos.

Los cálculos del Ministerio del Interior señalan que en agosto cerca de un centenar de reclusos de la banda de una forma u otra han roto con la organización e incluso unos 50 han firmado los cuatro puntos que Interior exige para que se incorporen al grupo de arrepentidos: condena de la violencia, perdón a las víctimas, asumir la responsabilidad civil de sus atentados y colaboración con la justicia.

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