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OSASUNA 2 - MÁLAGA 2

Corto premio

El Málaga aprovechó un par de despistes defensivos de Osasuna, pero no mereció el empate en el Reyno

Actualizada Jueves, 15 de abril de 2010 - 10:14 h.
  • FERNANDO CIORDIA . PAMPLONA

Los Osasuna-Málaga van camino de convertirse en el clásico de las emociones. A nadie le deja indiferente este partido en Pamplona. Desde los tiempos de Darío Silva a Salva Ballesta, pasando por aquel fatídico 1-6 de la 2004-2005. El caso es que por A o por B, el Málaga siempre pesca. El año pasado se vivió una noche para olvidar con Clos Gómez, que expulsó a tres rojillos y dejó una herida de muerte.

Ayer no hubo cornada, pese al desconcierto final de Muñiz Fernández, pero sí un disgusto generalizado por el enorme botín que se llevaron los andaluces en otra noche para levantarse de la butaca.

No pareció en ningún caso que el Málaga se estuviera jugando la vida. Se encontró sin querer con dos goles en contadas apariciones esporádicas en el área navarra y salió entusiasmado con el resultado. Osasuna lo hizo bien y fue cruelmente castigado, cuando más había perseguido el triunfo. Marcó dos goles y es noticia que no ganara. Es un punto y seguido .

Si Baha no hubiera igualado el choque, a falta de un cuarto de hora, a estas horas se estaría encumbrando al Rifle Pandiani, el que dispara de verdad. Ya lleva diez en la Liga, uno menos que la pasada temporada. Su aportación es indiscutible, más allá de que a veces se le vea alejado de la zona de peligro o asfixiado porque no da más de sí. Pandiani lleva el gol por bandera y Osasuna se lo tendrá que agradecer. Por lo que hizo y lo que hace: 21 goles en dos campañas.

Los de ayer sólo aportaron un punto, por culpa de una de las pocas jugadas que trenzó el Málaga. La única que no supo frenar un Osasuna que se estaba gustando con la pelota en la segunda parte y que quizá pecó de exceso ambición por su tranquilidad clasificatoria. Sí, de ambición. No hubo lugar al fútbol-control de otros encuentros, es decir al repliegue táctico para ordenar líneas. El Málaga no exigía, pero se agarró con firmeza a una de las escasas veces que cruzó el centro del campo. El cuarto de hora restante levantó emociones. Muñiz se negó a sacar la segunda amarilla a Caicedo, Mtiliga e Iván González, y desesperó a la parroquia rojilla. Se dejó las rojas para el tiempo extra. Málaga y Osasuna terminaron con diez. Se marcharon a la ducha antes de tiempo el central González, en un partido de despropósitos para él, y su colega rojillo Sergio, a quien se le cruzó el cable cuando soltó un manotazo en el área rival sin venir a cuento. Osasuna se ahogó en su intento de victoria.

Buen arranque

Los navarros le han cogido el gusto a marcar en los primeros compases, cuando los Indar Gorri permanecen mudos en Graderío Sur. Para el primer minuto, Osasuna ya había sembrado el pánico en el marco de Munúa. Azpilicueta subió la banda como un cohete y puso un centro a la cabeza de Pandiani, que se topó con el larguero. Fue el preludio de una gran noche para él que pudo concluir con un hat-trick. Enseguida vio puerta. Cuando coge la pelota Camuñas, sabe perfectamente que un buen desmarque puede ser un remate letal. El madrileño centró a pierna cambiada a media altura y Pandiani sólo tuvo que poner el interior.

Antes de que llegara el segundo había empatado el Málaga, en una acción desgraciada para Ricardo y Josetxo. El centro del Baha no fue atajado por el meta, y el central cedió involuntariamente a Caicedo, el limitado delantero rival, que anotó a puerta vacía. Pese a todo, Osasuna se sentía superior. A nada que pisaba el acelerador, causaba estragos en la pobre zaga rival.

Otra bala del Rifle

Esto ocurrió en la segunda parte, en la que otro inicio brillante puso las cosas en su sitio. Arrancó Monreal y cedió a Aranda, que templó bien la pelota hacia el Rifle. Ayudado por un toque de Iván González, ni se lo pensó. El gol dio paso a un juego dinámico y vistoso, pese a que no se tradujo en ocasiones.

López Muñiz quemó sus naves, mientras Camacho dejó correr el tiempo. Forestieri lanzó el primer aviso a Ricardo, que poco después no evitó el empate. Osasuna no había sabido apuntillar y dejó maniobrar en esa acción que inició con brillantez el recién entrado Apoño tras una oportunidad de Pandiani y continuó Duda con su guante.

El colegiado acaparó el protagonismo final. Hubo pañolada y tarjetas rojas. Pero no más goles.

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