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El modelo austríaco

El trabajador austríaco conserva su hucha cuando cambia de trabajo de forma voluntaria

Actualizada Miércoles, 14 de abril de 2010 - 04:00 h.
  • LUIS LIDÓN . VIENA. EFE

FLEXIBILIZAR el mercado laboral y ofrecer un capital a largo plazo a todos los trabajadores son los dos aspectos principales de la reforma laboral que introdujo el Gobierno de centroderecha austríaco en 2003 y que ahora propone implantar el Ejecutivo español.

El Gobierno del conservador Partido Popular austríaco (ÖVP) y el Partido Liberal (FPÖ), del fallecido Jörg Haider, propusieron la reforma, aprobada por todos los grupos parlamentarios en junio de 2002 y calificada como "un hito" por los democristianos.

Austria cuenta con una de las tasas de desempleo más bajas de Europa, el 4,7% en el último semestre de 2009, y en marzo volvió a crearse trabajo tras 16 meses de destrucción de puestos por la crisis.

La principal novedad de este modelo es que el trabajador cuenta con un sistema de indemnización por despido que funciona como un fondo de ahorro, que puede mantener aunque cambie de trabajo y que el Estado incentiva su uso como complemento a la pensión pública.

En caso de fallecimiento

Esta hucha o mochila, como la definen en Austria, se va llenando con la aportación mensual de la empresa del 1,53% del salario bruto del trabajador, como si fuera una especie de salario diferido.

El Estado garantiza el 100% de las aportaciones netas, mientras que la caja que gestiona el fondo invierte el dinero para conseguir un rendimiento del capital, que acumula una media anual del 3,5% de interés desde su introducción en 2003.

El trabajador tiene derecho a acceder de inmediato a su dinero si es despedido, pero si deja su trabajo de forma voluntaria, sólo podrá acceder a él después de cinco años sin empleo. En caso de fallecimiento el dinero iría a parar a sus herederos.

Si el capital se utiliza como un complemento a la pensión pública el Estado no grava de ninguna forma el patrimonio alcanzado, mientras que si decide recuperarlos de una sola vez, Hacienda impone un impuesto del 6%.

"La principal ventaja es que introduce una mayor movilidad y flexibilidad en el mercado laboral. Las pymes pueden, además, racionalizar sus gastos ya que su liquidez no pasa por apuros cuando afronta despidos", explicó Fritz Janda, secretario general de las cajas que gestionan los fondos de despido.

"Las empresas hacen pequeñas aportaciones mensuales y no deben hacer frente a una gran suma de golpe por los despidos", agrega Janda, que representa los intereses de la patronal austríaca.

Esto es especialmente ventajoso para las pymes, que conforman más del 90% del tejido productivo austríaco y que no tienen tantas facilidades para acceder a liquidez.

La principal ventaja citada por los representantes de los trabajadores es que el capital por despido se universaliza a todos los empleados, incluidos sectores marcados por la temporalidad como el turismo o la construcción. Además, no se pierde la antigüedad al cambiar de trabajo.


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