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La primera mujer policía india sigue luchando por la honradez del cuerpo

"Volvería a hacerlo si estuviera allí. Mi pilar es la justicia, así que no hago diferencias entre ricos y pobres, poderosos o no", dijo Bedi

Actualizada Sábado, 3 de abril de 2010 - 11:38 h.
  • AGENCIAS. Nueva Delhi (India)

Popular en toda la India desde que hizo que la grúa retirara el auto de Indira Gandhi, la primera mujer policía india, Kiran Bedi, luchó durante 35 años por crear una cultura de honradez en un cuerpo tremendamente impopular y aún vela desde fuera por la diligencia policial. Bedi trabajaba en el departamento de Tráfico cuando, en 1982, la grúa se llevó el vehículo mal aparcado de la entonces primera ministra, una "osadía" que le granjeó la enemistad de gente poderosa y un mote que aún se recuerda en la India, "Grúas Bedi".

"Volvería a hacerlo si estuviera allí. Mi pilar es la justicia, así que no hago diferencias entre ricos y pobres, poderosos o no", dijo Bedi en entrevista en el despacho delhí desde el que dirige desde 2007 la Fundación Visión India (IVF, siglas en inglés).

Aunque ya conocía la fama como tenista, aquel suceso y sus logros en distintos destinos le dieron el cariño de los ciudadanos, que la citaron como la "mujer más admirada" en una encuesta de 2002, algo que ella asocia con su "honradez", "justicia" y "juego limpio".

Paradójicamente, con sus propuestas de reforma y su fama de rectitud, Bedi (1949) ha alcanzado la popularidad en una de las instituciones más impopulares de la India, salpicada por acusaciones de corrupción, ineficacia y desatención hacia los más pobres.

"Tú darás lo que eres. El país debe seleccionar a los mejores (policías). Si el Gobierno de verdad quiere una buena Policía, no debe medirla por el número de arrestos, sino por cómo la valora el pueblo", afirmó.

Para mejorar la imagen del cuerpo, Bedi promueve un modelo de "Policía gandhiana", básicamente una jefatura transversal y cercana a los puntos de decisión, que se gane la confianza popular a base de honradez e integridad.

El modelo es muy distinto al de la jerárquica Policía a la que ella llegó, en 1972.

En aquel momento, recordó, en el cuerpo "no había nada llamado 'mujer'", por lo que tuvo que adaptarse a normas, instituciones e instalaciones que hasta entonces habían sido un coto exclusivo de los hombres.

"No había nada adaptado para mí: ni sitio para vivir, ni lugares de entrenamiento, ni uniforme femenino. Mi respuesta fue muy simple: puedo compartir cualquier lugar. Superé los desafíos de igual a igual", rememoró.

Bedi estaba bien estimada y no sufrió burlas, defendió, "porque era mejor que muchos", ayudada por las sesiones de entrenamiento diario a las que debía someterse por su estatus de tenista de elite.

Su carrera fue la historia de una lucha contra las prácticas anquilosadas del cuerpo, en el que se necesita, mantuvo, un cambio de organización y de conceptos: "no habría que valorar el número de arrestos, sino la prevención del delito", resumió.

La propia Bedi predicó con el ejemplo e inició reformas en Tráfico, Prisiones y Antinarcóticos, pero en 2007 tiró la toalla y fundó su ONG, que, entre otras cosas, educa a hijos de presos y actúa de "guardiana" del cuerpo al que perteneció.

Y se alegra de su decisión: "Si no me hubiese ido, me habría desencantado. Pero seguí adelante y comencé a hacer otras muchas cosas que me estaban esperando".

"Yo quiero estar en un lugar donde haya una sensación de logros altos y objetivos cumplidos. Hice radio, televisión, un documental, un montón de viajes. Trabajo 17 horas al día", abundó.

Con su fundación, Bedi gestiona varios proyectos de ayuda a la mujer y la infancia y también ha abierto una línea telefónica para que la ciudadanía pueda denunciar casos de dejadez o inacción policial, incluidas las negativas a registrar denuncias.

Entonces sus activistas entran en acción, acudiendo personalmente a las comisarias y sonrojando a los policías que esquivaron su deber.

Los casos más repetidos, contó, son los relativos a la violencia doméstica, debido a que todavía existe una "falta de sensibilidad" al respecto en la India, donde las mujeres todavía sufren constantes discriminaciones de hecho.

Las indias necesitan "una educación que las haga libres". "No hablo de alfabetización, sino de educación con destrezas: espirituales, coraje mental, toma de decisiones. Para poder crear cosas desde mi cabeza con mis propias manos", apostó Bedi.

En la India, dijo, la ignorancia y la pobreza "van a menudo de la mano", pero la mujer ha iniciado ya una senda de desarrollo que hará que las cosas "serán diferentes en dos décadas".

Entonces, "ellas estarán en la primera línea", aventuró una de las mujeres que abrieron camino para otras muchas en la India.

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