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Cenizas aventadas por la Estafeta y enviadas en una misión hasta la luna

A PESAR DE LAS DISPARES INICIATIVAS, EL AYUNTAMIENTO RECUERDA QUE EN EL CEMENTERIO HAY SIEMPRE ESPACIO DISPONIBLE

Actualizada Domingo, 8 de noviembre de 2009 - 03:59 h.
  • ÍÑIGO SALVOCH . PAMPLONA

Hace diez años, cuando aún no se había inaugurado el crematorio de Pamplona, setenta familiares y amigos del australiano John Alfred Aldis se citaron un 9 de julio para esparcir sus cenizas desde las murallas de Pamplona, junto al Caballo Blanco. Le siguieron otros. Dos sobrinos de un pamplonés afincado en Tolosa tomaron un 7 de julio parte de sus cenizas y las esparcieron a lo largo del recorrido del encierro, desde los corralillos de Santo Domingo hasta la Plaza de Toros. Otra parte de ellas habían sido aventadas en el Peine de los Vientos de San Sebastián. También un hijo de un corredor del encierro y socio de la peña El Bronce esparció las cenizas de su padre un 7 de julio en el recorrido del encierro. Desde el Ayuntamiento se afirma que no hay normativa que regule la posibilidad de esparcir las cenizas de los difuntos ya que no son consideradas residuos, aunque se recuerda que en el cementerio se dispone de espacio adecuado para ello.

Los citados son algunos de los ejemplos más llamativos de los lugares elegidos por los familiares o amigos para esparcir las cenizas, y que suele tratarse de lugares que han tenido una vinculación muy fuerte en las vidas de los fallecidos. El mar y las montañas son espacios recurrentes. Algo más que eso fue para la coreana Go-Mi-Sun falleció en el Nanga Parbat, el decimo primer ochomil que coronaba. Su rival Oh-Eun-Sun aceptó esparcir sus cenizas en los tres ochomiles que le restaban.

No hace muchos días, fueron esparcidas por diversos parajes argentinos, incluido el árbol junto al que le gustaba descansar, las cenizas de la cantante Mercedes Sosa y al fondo del Atlántico fueron los restos incinerados de Elizabeth Gladys Dean, la última superviviente del naufragio del Titanic.

Existen empresas que ofrecen convertir las cenizas de un difunto en un diamante y otras, esparcirlas en una colección de fuegos artificiales. Sin embargo, quien más lejos ha llegado es Eugene Shoemaker, uno de los fundadores de las ciencias planetarias, cuyas cenizas fueron enviadas hasta la luna en la misión Prospector.

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Comentarios
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  • Lo de terminar tus días en una carcasa de fuegos artificiales lo veo muy vendible en Valencia: tus cenizas en una bolsa y dentro un petardo como los de la mascletá.Funeral ruidoso

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