LA PISTA HA ALCANZADO LOS 2.407 METROS CON LA AMPLIACIÓN Y LA NUEVA TERMINAL PODRÍA ESTAR LISTA PARA DENTRO DE UN AÑO
SUFRIDOS, resignados, acostumbrados. Resulta difícil encontrar a vecinos de Noáin que se quejen abiertamente de lo que supone convivir con un aeropuerto a unos metros de sus casas. Los que cuentan por décadas su permanencia en esta localidad que ha ido creciendo a la par que el aeródromo ya se han "acostumbrado" y no ven más problema en la convivencia. Tampoco los más o menos recién llegados ponen más problemas. Los inconvenientes, dicen, están a veces en alguna fábrica cercana y en el murmullo que llega de su actividad incesante.
Toda la vida en el pueblo
María Latasa y su hija Susana Izurza han "soportado" la presencia del aeropuerto desde que en 1971 llegaron a Noáin. Este hecho y la posterior construcción del llamado parque de los Sentidos, pulmón verde de la localidad, hace que no encuentren más problemas en su presencia. Si acaso la más veterana, trasladada ahora a una de las zonas residenciales más próximas al parque y, con ello, a la pista, nota más el ruido de los aviones en su llegada. Con ellas pasean los niños, que como tantos de Noáin "acabarán siendo pilotos o algo así", a juzgar por cómo disfrutan viendo las llegadas y aterrizajes a pocos metros de sus zonas de juego o descanso. "Como hemos estado aquí toda la vida, no hay más problema o es que ya estamos resignados. La pena es que por el aeropuerto no se pudieron hacer las casas que se pensaron. Al menos se hizo el parque, que sí que nos ha traído calidad de vida y tranquilidad y que esperemos que esté así de bien muchos años", reflexionan.
Estas vecinas ya veteranas piensan, si acaso, que los vecinos "más nuevos" puedan observar más problemas. Sin embargo, los hay que con apenas 15 años de vida en Noáin , a donde llegaron de otras localidades sin tantas infraestructuras, tampoco ven más inconveniente. "Sólo nos falta oír la sirena del barco, porque aquí se oyen los aviones, el tren y la fábrica que está funcionando todo el día y que sí que obliga a cerrar la ventana por las noches que no puedes conciliar el sueño. El aeropuerto, sin embargo, no da más problemas. Tampoco con la ampliación, que todavía no funciona. Quizá porque han cambiado los sistemas de los aviones", opina Jesús Chocarro Echarri.
Manuel Villegas Pozo, ya jubilado y que ayuda a su sobrina en el centro cívico, reside desde hace 45 años en Noáin y no ve por ahora inconvenientes. "Igual si traen aviones grandes lo notamos pero ahora ya estamos hechos", señala. Otros, que quizá no gustan de convivir con los ruidos, tampoco quieren quejarse en público. Su trabajo, vinculado a esta actividad, lo impide.
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