N O me ha sorprendido, aunque me duele muy dentro, la muerte de Alfredo. Nos conocimos en los Maristas del Ensanche Viejo hace más de 70 años. Era de los pocos internos del colegio. Le mandó el maestro de Arguedas por ser el más listo de la escuela. Luego intimamos en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza, en el laboratorio de Geografía del profesor Casas y convivimos en el Archivo de Navarra. Allá preparó parte de su tesis doctoral y yo trabajaba en los Libros de Fuegos. A última hora de la mañana salíamos a ver a Carmen, con quien cortejaba, en el laboratorio municipal, y catábamos los vinos analizados.
Alfredo fue un fuera de serie como persona y como profesional. Nunca olvidó su origen de "chico de pueblo" y su atracción familiar de bardenero. Le tiraban la tierra seca, la soledad desnuda del paisaje, el buen vino y las fiestas de Arguedas. Mostraba con satisfacción el bastón de pastor con que le reconocieron su bardenería.
El libro La Ribera Tudelanaque inventó o consagró la denominación, fue la primera obra de la moderna geografía publicada en Navarra, y abrió el camino para sus estudios posteriores y los de sus alumnos. Pronto sacó la cátedra universitaria y de Granada pasó a Zaragoza y a la Universidad de Navarra donde se jubiló. Con el maestro Casas dejó una escuela de geógrafos españoles. Dedicado a la investigación tanto como a la formación de geógrafos, publicó más de cincuenta trabajos en libros y revistas, la mayoría referidos a Navarra. Alumnos suyos ocuparon las cátedras de institutos y universidades españoles. Desgraciadamente en los nuevos planes, la geografía, tan compleja que abarca desde la Geología a la Sociología, despareció de los planes de estudios; algo que le dolió a Alfredo.
La Geografía de Navarra en su conjunto, que estaba por hacer, la publicó primero en fascículos y después en seis volúmenes, en Diario de Navarra. En ella estudia, con su equipo del departamento, del Solar a las Comarcas. También publicó en nuestro periódico los Recorridos por Navarra.
Otros hablarán de sus premios, honores y condecoraciones. Yo lo recordaré en un calderete en Pisquerra, al sol de la Blanca, y trabajando en su caserón de Enériz, y paseando por Puente en casa de Carmen. A cada uno le tiraba la suya.
Alfredo ha sido de los hombres más importantes que ha dado Navarra. Y vamos a sentir su ausencia porque era un enamorado de nuestra tierra y sabía interpretarla y describirla con emoción y justeza.
Seguro que allá arriba le habrá recibido la Virgen del Yugo, su virgen bardenera, olorosa a tomillos y romeros, presidiendo un paisaje duro de yesos y barrancos con vacas y jotas.
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