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CULTURA Y SOCIEDAD

Los entresijos de un milagro

El navarro Félix Lizaso es el postulador general de causas de santidad de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios. Vive en Roma, y acreditar la existencia de milagros es su labor cotidiana.

Actualizada Miércoles, 30 de septiembre de 2009 - 04:00 h.
  • AINHOA PIUDO . PAMPLONA

CUBA vivió el 29 de noviembre de 2008 su primera ceremonia de beatificación de la historia. José Olallo Valdés, hermano de la Orden Hospitalaria de san Juan de Dios, emprendió aquel día el camino a la santidad en la plaza de la Caridad de Camagüey, con la presencia de Raúl Castro. Fueron muchas las personas que tendieron la mano aquel día al máximo mandatario cubano.

Entre ellas se encontraba Félix Lizaso Berruete (Puente la Reina, 1931), uno de las piezas fundamentales de este (y otros) proceso de beatificación.

Para ser proclamado beato es necesario acreditar la existencia de un milagro. A Olallo, que nació en La Habana en 1820 y murió en el mismo Camagüey en 1889, se le atribuye la curación de una compatriota suya, Daniela Cabrera Ramos, una niña de entonces 3 años con un tumor maligno abdominal, con una insuficiencia renal de 3 días .

Los entresijos los conoce perfectamente Lizaso, postulador de causas de santidad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios desde hace 20 años. "Los médicos no pudieron dar una explicación a cómo había ocurrido. La curación fue instantánea y perfecta", apunta. El padre de la niña, en cambio, no tenía ninguna duda de qué cuál era el motivo. Se había encomendado al hermano Olallo y según se documenta en el proceso de beatificación fue oyendo una voz suave que le daba paz y le acabó diciendo un día: "Ya paramos la enfermedad". El tumor había desaparecido. Daniela tiene ahora 12 años, y aparece sonriente junto a Félix Lizaso en la fotografía de la derecha

El cubano es sólo uno de los procesos en los que Lizaso ha intervenido en su labor de postulador, es decir, de impulsor de la causa. Entre ellos figuran también las canonizaciones de Ricardo Pampuri o Benito Menni , entre otras. Este 4 de octubre se llevará a cabo una ceremonia de beatificación, en este caso en Alemania, y también ha sido él quien ha ejercido esta misión. Se trata de Eustaquio Kugler, de los Hermanos hospitalarios de San Juan de Dios.

¿Quién llega a ser santo?

Acreditar un milagro es un proceso que exige una ardua labor de documentación. Entrevistarse con los médicos, con familiares, recabar testimonios, elaborar una exhaustiva biografía de la figura, etc.

Aún y todo, esto no es suficiente. El hecho milagroso se aborda en segunda instancia, pero hay un paso previo. "Yo comienzo por elaborar una cronología de su vida. Hay que buscar que cada etapa y cada paso esté lo suficientemente documentada", explica Lizaso. "Si hay vacíos de información, pueden crear problemas para que la el proceso siga adelante". El objetivo es corroborar que es una persona que ha vivido las virtudes cristianas (virtudes teologales: fe, esperanza y caridad; virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza; etc.). Hay que acreditar que el fiel las vivió en grado "heroico", de ahí que se conozcan como virtudes heroicas. Así es declarado venerable.

El segundo paso es el milagro. Si se aprueba que ha existido, esa persona será beatificada. "Y si hay un nuevo milagro probado después de la beatificación, es cuando llega la canonización para llamarle santo", apostilla Lizaso.

Tres instancias distintas

¿Y quién valida el milagro? ¿Quién lo da por bueno? Sigamos un caso concreto, el del alemán Eustaquio Kugler, (1867-1946), de Regensburg. "Un hombre con una vida extraordinaria", advierte Lizaso. "Afrontó más de 30 interrogatorios de la Gestapo, y ninguna bomba cayó nunca donde él estaba", resume. El milagro parte a raíz del caso de un técnico de calefacción. "Llevaba una camioneta con todas las herramientas de trabajo, y tuvo un accidente gravísimo", explica Lizaso. "Dio varias vueltas de campana, las herramientas volaron por todo el vehículo y el coche quedó completamente destrozado. Aterrizó a 100 metros de distancia. Tan aparatoso fue que vinieron dos ambulancias y un helicóptero. Él técnico salió totalmente ileso, por su propio pie, en ningún momento perdió el conocimiento e, incluso ¡condujo él mismo de vuelta a casa el coche de un amigo y al día siguiente fue a trabajar!", insiste el postulador. Este trabajador, a raíz de la enfermedad de un amigo, era muy devoto de Eustaquio Kugler. "El día anterior había estado rezándole y encomendándose a él", apostilla Lizaso.

Una comisión técnica compuesta por 7 personas elaboró una serie de conclusiones, todas apuntando a lo inexplicable del suceso. Después llegó el turno de la Comisión de Teólogos. "En esta caso eran nueve, de distintas orientaciones. Los postuladores ni sabemos quiénes son", informa el navarro. "Cada uno da su juicio individualmente y se llega a una conclusión final", sigue. "Hubo uno que no se mostró favorable, pero era solo uno, así que se aprobó", apunta.

Es entonces cuando entra en juego la labor la Congregación de Cardenales y Obispos, en la que participan unos 25. "También se vota individualmente. En este caso hubo mucha discusión. Se llegó, incluso, a pedir una explicación técnica más detallada y concreta", revela. "Así que hubo que contratar a un especialista para que aclarara todas las dudas. Al final, fue aprobado", concluye. Aunque no sea necesaria una unanimidad, sí se requiere un amplio consenso para que la causa prosiga. "Habrá gente que pueda pensar que no se trata más que de casualidades", asume Lizaso, "pero teológicamente la casualidad no existe", argumenta. Si todos estos pasos se van superando, la causa llega al Papa. Un proceso completo suele ser muy largo, alargándose incluso durante décadas. "El del beato Olallo ha duró 19 años", apunta Lizaso. Por ello, suele haber muchas causas en espera. "Se pueden aprobar unas 15 ó 20 al año, no más", informa.

No suelen iniciarse muchos procesos que no tengan visos de llegar a buen puerto. "Para cuando una institución decide impulsarlo, es un caso muy escogido", asegura el postulador. En muchos de los que se quedan por el camino, el problema reside en la falta de documentación, no en las dudas sobre la verdadera santidad del sujeto. "La causa de la fundadora de las Hermanas de la caridad de Santa Ana (María Rafols) estuvo paralizada durante muchos años porque habían detectado que se había falsificado alguna documentación. Luego ya se pudo limpiar todo", ejemplifica Lizaso. "El Vaticano es muy exigente. El Papa no quiere que haya ninguna sombra, que no se cuelenada", apostilla.

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Félix Lizaso Berruete, con Daniela Cabrera Ramos, la niña cubana que sanó de un cáncer terminal gracias a la intercesión del beato José Olallo Valdés. CEDIDA


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