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MUSICA

Los recuerdos del tenor García Leoz

Esteban García Leoz, el tenor navarro que falleció recientemente en Madrid, tenía muy presente en sus memorias a Olite, su pueblo natal, lugar en el que vivió decenas de anécdotas y en el que comenzó una prometedora carrera en el canto

Actualizada Martes, 29 de septiembre de 2009 - 04:00 h.
  • MARÍA ANTONIA ESTÉVEZ . MADRID

NAVARROS de Madrid, familiares, amigos de su mundo musical y del de sus hijos, ambos cantantes, discípulos y amigos del restaurante La Castafiore, donde hasta comienzos de agosto estuvo dando clases a sus camareros/cantantes, todos se congregaron el pasado martes en San Fermín de los Navarros para despedirse de tenor navarro Esteban García Leoz.

Fue un funeral muy especial donde los sentimientos, como no podía ser menos en una familia de músicos, afloraron en todo un recorrido sonoro que desde el Introito hasta el final de la misa recordaron a los presentes la biografía del tenor fallecido.

Pocos mesesantes de su muerte García Leoz recibió el homenaje del Colegio de Médicos de Madrid en el que el tenor navarro, con sus 96 años interpretó, todavía con voz espléndida, varias de sus canciones más queridas. Aquel día y ante un grupo de amigos, García Leoz desgranó muchos de sus recuerdos de su infancia en Navarra. De la tienda de embutidos familiar, de sus catorce hermanos, "aunque nueve eran los que más convivimos", de los coros que había en las parroquias del Olite de su tiempo "muy competitivos entre sí, el de santa María y el de San Pedro. A veces terminábamos a golpes. Yo era del San Pedro", donde recordaba la voz de un bajo extraordinario. "Jamás oí cantar a nadie como él. No recuerdo su nombre, se apellidaba Lerga. Y un gran barítono fue Antonio el pastelero".

Le llamaban, "el chato de la Benigna", y recordó cómo hizo de crío El Barberillo de Lavapiés. Recordaba muy bien cuánto le gustaba jugar a remonte y cómo cantaba por la calle cuando iba al trabajo familiar. "Bajaba a las cinco de la mañana al matadero a matar los cerdos que teníamos para la semana y yo bajaba casi siempre solo de niño por la carretera y me daba miedo. Por eso cantaba a voz en grito, para espantar el miedo. Pero despertaba a medio pueblo.". También recuerda cómo acudía a Tafalla, también muy crío, a recoger los cerdos que traían desde Pamplona en un camión para varios pueblos. "Y yo los llevaba caminando hasta Olite: eran seis, ocho cerdos los que me llevaba pero no recuerdo haberme topado nunca con un cerdo díscolo: todos eran muy obedientes, sólo que como solían ser muy pesados, igual tardaba cinco horas en llegar a Olite. Además se entretenían en las charcas y en las fuentes porque a los cerdos les encanta el agua. Lo malo era cuando los teníamos que llevar al matadero. Entonces sí que se resistían porque sabían muy bien, no sé cómo, que iban a morir".

Recuerda que cobraban cinco reales por matar un cerdo y descuartizarlo "pero como entonces la gente era muy pobre, casi siempre nos quedábamos sin cobrar.".

Cuando su hermano Jesús, el músico de la familia, se fue a América, "mi padre me pasó el cuchillo para que yo matara los cerdos". Debía de tener 13 años. Nos contó que desde muy crío fue al colegio de las monjas. "Nos llamaban los cagoncillos".

Cuando cumplió seis años fue a las escuelas. "Mi primer maestro fue un tal Irisarri y su hijo fue muy buen amigo mío. Un tal Ustárroz puso un cortapapeles muy afilado de punta en la silla del maestro. Se dio un pinchazo terrible pero por más que hizo, no se enteró quien había sido. Nos puso en fila con la vara en alto pero no confesamos ninguno. Éramos de otra raza".

Con quince años llegó otro maestro. "Se llamaba Onori y le gustaba mucho la zarzuela y me dijo (yo ya cantaba en el coro): "vamos a montar una zarzuela". Y puso en pie La cartujana. Tuvimos un éxito escandaloso en el teatro de Olite porque a pesar de ser tan pequeño aquel Olite, tenía un teatro y dos cines".

"Mi padre era el administrador de unos señores que tenían finca en Beire y una vez me llevó para vigilar la cosecha de uno de los medieros del que sospechaba que se quedaba con parte del cereal. Y así era: averigüé que mientras los sacos de los demás casi ni se podían atar, en los suyos sobraba un palmo. Cuando le llamé la atención salió tras de mí como un loco con un cuchillo enorme".

Esteban se examinó de Magisterio en Pamplona, cursando sus estudios a la vez que la mili. "Como mi padre no quería que estudiara, me alisté voluntario en el ejército. Allí di algunos conciertos de canciones y también en el casino Eslava cantando las canciones de Miguel Fleta que escuchaba en la radio. En Pamplona yo cantaba en el Orfeón de Remigio Múgica, con el que ya había cantado cuando estaba en el pueblo porque me llamaban para reforzar los conciertos importantes. Y cuando hacía la mili Múgica consiguió que me dieran permiso por la mañana para que pudiera estudiar magisterio".

Al terminar la mili realizó varios viajes por pueblos navarros. "Canté en Funes, en Falces, en Carcastillo. Cantaba en los cines, después de la película, como se estilaba entonces. Y yo cobraba el 70% del suplemento que pagaban los que se quedaban al concierto"

Esteban Leoz fue el último tenor que cantó en el Teatro Gayarre de la Plaza del Castillo. "Fue en una obra, El lebrel blanco. Lo organizó todo Rafael García Serrano que era de nuestra pandilla. Yo intervine en la obra y canté allí varias canciones, la última Princesita".

Leoz recordó con especial cariño a Juan Eraso. "Juanito era amigo mío del orfeón. Su familia tenía una tienda de tejidos en Elizondo y me invitaron a pasar unos días con ellos. Hicimos un concierto allí y todo el dinero recaudado me lo dio Juanito para el viaje porque yo me quería venir a Madrid a trabajar como maestro. El padre de García Serrano, don Eladio, era supervisor de magisterio, y me buscó unas clases particulares. Con esa ayuda para vivir, me fui a ver a Miguel Fleta. Estuvo muy acogedor y me dijo que cantara una romanza de Doña Francisquita, Por el humo se sabe dónde está el fuego. "Muy bien chiquito", me dijo. Y me dio una carta para la Diputación para que me dieran una beca para estudiar en el Conservatorio. Allí había un profesor de canto muy famoso que había tenido una academia en Alemania y en Estados Unidos y me dijo que podría darme clases particulares. Yo no tenía un duro y él buscó la solución facilitándome conciertos en su casa que organizaba una sociedad que se llamaba Los amigos de Mozart".

Poco después empezaría su carrera profesional que le llevaría a cantar zarzuela por toda España. En los años cuarenta montó su propia compañía de ópera. Poco recordó de esa época. Sólo que trajo a Beniamino Gigli, "que cantó en Santander una Bohème inolvidable" y a Tito Schipa que canto un Werther en Zaragoza con gran éxito. "Italia estaba en plena guerra mundial y fue fácil conseguir a los buenos cantantes italianos".

La compañía de ópera le duró toda una década. Recuerda que la llevó a Pamplona en cinco ocasiones. "Canté en el nuevo Gayarre y acudió toda mi familia de Olite. "En Pamplona, si mal no recuerdo. cantamos Rigoletto, Manon y Fausto, que la tuvimos que repetir por la insistencia del público."

El pasado agostó suspendió como otros veranos sus lecciones a los camareros /cantantes de La Castafiore. "En agosto cerramos como cada año", dijo Paca Fernández, su propietaria, gran amiga de Leoz, "y quedamos en vernos a la vuelta del curso. Esteban andaba muy ocupado a la vuelta del verano porque preparaba un concierto que tenía que dar en el Teatro Real organizado por Gregorio Marañón que es uno de sus patronos. Hasta el último momento, como ves, fue fiel a la pasión de su vida que fue cantar".

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Estaban García Leoz fue el último tenor que cantó en el teatro Gayarre de la Plaza del Castillo. ARCHIVO


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