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ALPINISMO DE RAÍZ MIKEL ZABALZA

Reflexiones en la hora de la verdad

Actualizada Jueves, 24 de septiembre de 2009 - 04:00 h.

N O puedo evitar un cosquilleo en el estómago ante el inminente intento que se avecina. La aclimatación a mi juicio ha sido algo precipitada y demasiado dura. En el intervalo de los últimos diez días solo hemos descansado dos. El día 5 de septiembre llegamos al campo base (5.500m) pero yo bajé con Ramón (el periodista que nos acompaña) a Thasi zon (4.300m) ya que se encontraba bastante mal. Subí de nuevo al base el día 8 y para el 18 ya estamos durmiendo a 7.500 metros.

Todo demasiado precipitado, pero el ímpetu y la aparente buena aclimatación de mis compañeros me arrastran a seguirles sufriendo más de la cuenta. Lo que hemos hecho en dos salidas, mi cuerpo lo hubiese asimilado mejor en tres y en vez de en diez días en quince.

El caso es que damos por concluida la fase de aclimatación. Ahora toca descansar, recuperar algún kilo perdido y que el cuerpo responda positivamente al estímulo que le hemos dado. En estos diez días el tiempo ha sido estupendo y esto, sin duda, ha determinado nuestro frenético ritmo.

El camino para llegar a los 7.000 metros en la ruta normal fue fácil ya que la expedición japonesa tenía equipado el tramo y, más importante, la huella estaba abierta.

Entre los 7.000 y los 7.500 metros la cosa fue más dura: nieve profunda, cambiante y costrosa. Mis compañeros abren la traza y sólo el seguirles me supone un gran esfuerzo. Voy retrasado con la aclimatación respecto a ellos.

Hacemos un corte en la pendiente y colocamos nuestra minúscula tienda de 2 kilos de peso, y para dos personas, en la que dormimos "ensardinados". El espacio es tan reducido que yo por ejemplo, que duermo en el centro, lo tengo que hacer con las piernas cruzadas o de costado. A la tarde ya estamos instalados y bromeamos con nuestra situación, la aparente cercanía de la cumbre y la deliciosa cena que tenemos que ingerir (puré de patatas).

A la noche el viento empieza a soplar con fuerza y voy notando cierta presión en la cabeza, enciendo la linterna frontal y compruebo mis temores. La tienda está casi sepultada por la nieve, que se ha ido acumulando entre la pendiente y la tela. Y el interior está también lleno de nieve que se ha colado por los respiraderos.

Son las 0:30 horas. Me pongo los botines (las carcasas están fuera) y, cazuela en mano, me pongo a escarbar desesperadamente en busca de la pala y las carcasas. Hace muchísimo frío y temo congelarme los pies. Al fin recupero la pala y todo es más fácil, el ritmo cardiaco se me dispara y tengo que parar cada poco. Juan me releva y acaba de limpiar la nieve que amenazaba con hundir nuestra tienda.

El viento se calma por unos instantes y nos relajamos en nuestro sueño ligero. Al rato, el viento se incrementa de nuevo y en pocas horas estamos otra vez casi sepultados. Repetimos la operación al amanecer. Recuperamos todo el equipo y descendemos al collado Norte, un campo privilegiado al abrigo del viento del oeste. Valoramos la situación y decidimos bajar hasta el Base Avanzado de la ruta normal para recuperar mejor antes de deshacer los 25kilómetros de camino, con el mochilón, hasta nuestro Campo Base. Ahora sólo espero que nuestros mermados cuerpos se recuperen. Ser fiel a los principios éticos de uno mismo a veces es duro.

La extraordinaria cordada navarra formada por Mari Abrego y Josema Casimiro consiguieron grandes logros en los años 80 y 90 (1ª nacional al K2 en el 86 con un estilo impecable, arista Cassin al McKinley, cara sur del Aconcagua..). Ellos intentaron en cinco ocasiones el Everest siempre fieles a sus principios; sin oxígeno, sin porteadores de altura y huyendo de masificaciones de las vías normales en primavera. No tuvieron suerte, pero su forma de hacer y entender el alpinismo ha sido un buen espejo en el que mirarse. En montaña, como en tantas otras cosas de la vida, lo importante no es a donde llegamos sino cómo lo hacemos.

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Comentarios
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  • Aupa esos mendizales!! Mucha suerte en vuestro intento.Iruña

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