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CINE MIGUEL URABAYEN

Cuando los gángsters eran famosos

Actualizada Miércoles, 19 de agosto de 2009 - 04:00 h.

E NTRE 1930 y 1935, en plena depresión económica, Estados Unidos tuvo una explosión de violencia producida por algunos gangsters a los que la prensa empezó a llamar "enemigos públicos". Entre ellos, John Dillinger tan famoso por sus atracos a bancos y fugas de cárceles que fue considerado por el jefe de la nueva policía federal J. Edgar Hoover como el objetivo número 1 a capturar o abatir.

Hollywood se hizo eco de la popularidad de los gangsters y les dedicó varias películas en los mismos años de su apogeo y, después, a lo largo del siglo XX. Así, Dillinger apareció en obras tituladas con su nombre en 1945 y 1973. En las pantallas de TV, también dos veces, 1960 y 1991. Y ahora el director Michael Mann muestra el final de su violenta vida en la recién estrenada en España.

Enemigos públicos se ha basado en el libro que Brian Burrough publicó en 2004. Su título era más largo, Enemigos públicos; la mayor oleada de crímenes en Norteamérica y el nacimiento del FBI, 1933-1934 y contaba cinco historias sobre gangsters, uno de ellos Dillinger. El propio Mann, Ronan Bennet y Ann Bideman han escrito el guión que a pesar de algunos cambios sobre varios incidentes fue aprobado por el autor de la obra, más amplia en su enfoque según dicen quienes la han leído.

Director e intérpretes

Como recordarán muchos aficionados, Michael Mann ha realizado una docena de películas desde 1981 (aparte de sus obras para TV) pero en su corta filmografía para la pantalla grande hay algunos títulos de excelente técnica e intensa acción, como El último mohicano (1992), Heat (1995) y Colateral (2004) por citar solo tres. Precisamente, acción es lo que ofrecía el libro de Burrough en sus más de 600 páginas. Se comprende que Mann haya preferido limitarse a Dillinger como figura principal.

Enemigos públicos tiene a su favor varios elementos importantes. El primero es la elección inesperada de Johnny Depp como Dillinger. Actualmente, Depp es uno de los actores más importantes de Hollywood debido a sus interpretaciones del capitán Jack Sparrow en la trilogía de los Piratas del Caribe. Pero eso, desde su punto de vista, fue un accidente. A él le interesa más el drama que la comedia, los personajes extraños más que los normales. Así que habrá aceptado con gusto el papel del salteador de bancos que murió en una celada del FBI a los 31 años.

El interés del reparto continúa con Christian Bale en el papel del detective Purvis, encargado por su jefe Hoover de detener a Dillinger a cualquier precio. Su aspecto severo va bien al papel. La francesa Marion Cotillard, ganadora del Oscar a la mejor actriz del año pasado, encarna a Billie Frechette, amante de Dillinger. Es la parte sentimental de una película muy dura. Y el interés continúa con Billy Crudup como el jefe del FBI (el guión señala su gusto por el poder), y una serie de secundarios bien elegidos para sus personajes.

Otro aspecto donde Michael Mann muestra su habitual perfeccionismo es el de la ambientación. No solo son los sombreros, trajes, peinados femeninos, coches en las calles y habitaciones de casas y hoteles. Mann incluso nos ofrece una locomotora de vapor de exactamente la época evocada. Y también el avión de pasajeros más característico de aquellos años, no sé si resucitado por efectos digitales o utilizando un modelo bien tomado por las cámaras.

Pero el detalle que quizá interese más a los aficionados a películas antiguas de gangsters (por ejemplo Scarface, la de 1932) es el de los subfusiles Thompson que aquí utilizan todos, policías y ladrones, en tiroteos donde se vacían cargadores enteros (los redondos eran de 50 balas, los de petaca de 20 o 30). Por cierto, los Thompson también eran conocidos como "pianos de Chicago".

Moderar las expectativas

Aunque uno aprecie como se merecen la interpretación y los adecuados ambientes logrados por Mann, eso no significa ignorar algunos puntos dudosos que moderan el entusiasmo inicial, producido por el rápido e intenso comienzo en la prisión. Después veremos otros episodios de acción violenta filmados de forma no tan clara, con movimientos de cámara manual demasiado rápidos y confusos.

Respecto a la interpretación, Johnny Depp hace un Dillinger de carácter poco claro. No es ningún asesino y parece sentir cierta justicia en robar a los bancos en aquellos años de depresión económica. Y también le gustaba la fama e interés que sus atracos producían en el público. Todo eso está bien pero no se acaba de entender su carácter que, según vemos, le hace vivir el presente sin querer pensar en el inmediato mañana. Puede que anticipara su muerte, pero Depp no da esa sensación. Los dos anteriores Dilliger que recuerdo (Lawrence Tierney y Warren Oates, de 1945 y 1973) eran más crueles y claros en sus respectivas interpretaciones.

En la ambientación, el reproche está en que Mann parece olvidar la situación social del país durante los 14 meses de la acción (de mayo 1933 a julio 1934). Todo lo que vemos son coches muy nuevos, grandes bancos y hoteles lujosos. No aparece gente en paro o pidiendo alguna ayuda en las calles, como ocurrió en la realidad. Y esto es importante porque explica que Dillinger fuera mirado con simpatía por muchas personas angustiadas y furiosas.

Al final, apoyándose en un hecho real, Mann muestra a Dillinger en el cine, viendo una película Concretamente, Manhattan Melodrama (en España se título, precisamente, El enemigo público número 1) con Clark Gable, William Powell y Mirna Loy. Mann intercala en sus escena planos del rostro de Depp/Dillinger que contempla interesado, con un asomo de sonrisa, a Clark Gable interpretando a un gangster y sacrificándose por un amigo. Depp está bien en esa escena.

Lo que resulta poco creíble es la frase de Dillinger que Michael Mann utiliza para cerrar su película. Parece pensada por los guionistas para terminar con un toque sentimental.

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John Dillinger (Johnny Depp, derecha) y un cómplice huyen después de atracar un banco. UNIVERSAL

El agente Harry Purvis (Christian Bale) se prepara para capturar a Dillinger en un cine de Chicago. UNIVERSAL


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