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FIESTAS

Cuando el torero no surge de la necesidad

En el ruedo Tafallés se dieron ayer cita hasta cuatro dinastías toreras: la de los dominguines, la de los Teruel, la de los Campuzano o la de la familia Palomo.

Actualizada Martes, 18 de agosto de 2009 - 04:00 h.
  • MARIANO PASCAL . TAFALLA

EL hambre o la necesidad ya no hacen toreros. Las nuevas generaciones de matadores llegan al traje de luces de forma vocacional. Una vez en la rueda de la profesión llegan, en el mejor de los casos, el éxito y el dinero. Ayer hacían el paseíllo tres matadores madrileños: uno de ellos figura desde los tiempos de la escuela y otros dos hijos de toreros.

De los cambios que ha sufrido el toreo sabe un rato José Antonio Campuzano. El maestro de Gerena lleva en los toros muchos años. Algunos como figura, otros como coletudo esforzado y ahora como hacedor de toreros.

Campuzano aguardaba el comienzo de la corrida en funciones de apoderado de Ángel Teruel. Recibía los saludos de los aficionados tafalleses, que recordaban sus paseíllos a la vera del Cidacos. Un cartel donde figura su nombre está expuesto de forma destacada en las nuevas instalaciones del apartado.

Campuzano lanzó la carrera de Sebastián Castella. Ahora intenta hacer lo mismo con la de Teruel . "La vida es una noria, volvemos a Tafalla", decía el de Gerena.

De recortar a subalterno

También ha dado muchas vueltas la vida profesional de Jesús Arruga. El maño, tercero en la cuadrilla de César Jiménez, tiene un pasado taurino más vinculado a los festejos populares que a los vestidos de plata.

El ganadero de casta navarra Fernando Ganuza recordaba las finales de recortadores en las que Arruga rivalizaba con valerosos navarros en la pugna por el Campeonato de España.

Arruga se encontraba ayer arropado por su familia, y en barrera se encontraba su hijo Jesús, un rubiales de casi dos años.

Su jefe, el matador César Jiménez, se mostraba un tanto cansado por los kilómetros recorridos en las últimos días. El calor hacía mella en el de Fuenlabrada, pues durante la corrida su mozo de espadas le llenó el vasito de plata alternando agua con coloridas bebidas isotónicas.

Las ganas de Palomo

Sebastián Palomo llegaba a Navarra tras haber toreado la víspera en Málaga. Los kilómetros no hacían mella en el matador: "¡Qué son diez horas de coche si luego puedo matar una corrida de toros! Los toreros nos vestimos de luces para que el público se divierta y salga contento de la plaza".

Tras cortar las dos orejas del quinto, Palomo dio una coreada vuelta al ruedo. Recibió del público varios obsequios: desde botellas de cava hasta el bolso de alguna aficionada de barrera. Palomo, al ver caer el bolso , fingió llevárselo bajo la chaquetilla.

El matador no conoció que le había tocado en suerte el toro que había herido a Javier Hermosilla hasta finalizada la corrida. Su rostro, alegre por el éxito, mudaba en preocupado al preguntar por el estado del Pamplonés. "El toro ha sido muy bueno, pero si ha dado esos problemas en el encierro bien muerto está, ahora sólo deseo la recuperación del corredor".

Dos Teruel toreros

Los genes toreros brotan en Ángel Teruel desde su nacimiento. En el madrileño se juntan las sangres Teruel y Dominguín. Y no podría disimularlo porque, vestido o no de luces, tiene planta de torero. Teruel venía de actuar en Marbella, donde las cosas le habían rodado muy bien. "Esta profesión es dura para todos, sobre todo para quienes nos queremos abrir paso".

Al ser preguntado sobre si su familia se había desplazado a verlo contestó con elegancia torera: "vendrán los justos y los cabales".

Y uno de esos cabales es su tío. Pepe Teruel, que en los carteles se anunciaba como "El Pepe", nació en el madrileño y castizo barrio de embajadores . La noria de la vida, de la que hablaba Campuzano, lo llevó a vivir a Corella que es donde actualmente reside.

Pepe disfrutó, y sufrió, desde el callejón con la actuación de su sobrino. Nervioso, daba consejos a Ángel sobre colocación y distancias, pero sobre todo le daba ánimos antes y después de cada toro.

Al finalizar el festejo Ángel se lamentaba de su fallo a espadas "he intentado hacer las cosas como las siento, con verdad y pureza, pero debo aprender a matar y mejorar mucho con el estoque".

Y tras los que salían andando iba en volandas Sebastián Palomo. El universitario, que prefiere vestirse de torero antes que ejercer de economista o de abogado, llevaba la palabra satisfacción escrita en el rostro.

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Ángel Teruel liándose el capote de paseo junto a sus subalternos JAVIER SESMA


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