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RAMÓN IRIGOYEN

La vuelta a Cuevas del Valle

No sabía yo que, cuando uno escala un monte, se ve esa inmensa variedad de verdes

Actualizada Lunes, 17 de agosto de 2009 - 04:00 h.

A los diez días del incendio que, tras surgir casi simultáneamente en Arenas de San Pedro y Santa Cruz del Valle, ha arrasado casi 4.000 hectáreas en la ladera meridional de la abulense sierra de Gredos, vuelvo a Cuevas del Valle, un municipio que tuvo el fuego a dos pasos de sus viviendas.

Veo los montes calcinados y me vienen a la memoria estos versos que aprendí en una gramática del bachillerato: "Estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora, / campos de soledad, mustio collado, / fueron un tiempo Itálica famosa". Los versos son, creo, de Fernández de Andrada, un dato que, en estos momentos, siento no poder comprobar.

Para describir la desolación actual de estos montes, que hasta el trágico 28 de julio, eran maravillosamente verdes, habría que tener la vena, tan dotada para las lágrimas, del latino Virgilio, el autor de las Geórgicas que, en esta obra, cantó excelsamente las delicias y las crudezas de la vida rural. Me viene a la memoria la subida que, emulando a Petrarca, el primer occidental que dejó constancia por escrito de su ascensión alpina del Mont Ventoux -y a pie, y no como los ciclistas, en el Tour, en bici-, me viene a la memoria la subida, digo, de la calzada romana, que, partiendo de Cuevas lleva al puerto del Pico, hice cinco días antes del incendio.

Sería difícil encontrar a alguien menos aficionado que yo a escalar montes. Pero aquel jueves, 23 de julio, probablemente confundido por el fantasma de aquel cura covachero que, en el siglo XVII, denunció ante la Inquisición a su paisano Francisco Rama por haber trabajado en domingo -algo que, por cierto, la guarda del precepto dominical de no trabajar los domingos el cura no la cumplía, ya que celebraba misa y predicaba-, empecé a dar un pequeño paseo por la calzada romana. Cuando me quise dar cuenta, estaba picado conmigo mismo y continué subiendo, despacio pero con constancia, y contra todo pronóstico, llegué a la cumbre del puerto del Pico, situado a 1.362 metros sobre el nivel del mar. No sabía yo que, cuando uno escala un monte, se ve esa inmensa variedad de verdes, y se oyen esos trinos de pájaros que nos dulcifican los oídos a quienes vivimos en ciudades envenenadas por la contaminación acústica. Además, pasear por Gredos depara un placer supremo. Levanta mucho la autoestima toparse con una cabra hispánica -y en Gredos hay aún bastantes- y con una mariposa, y poder decir al instante, sin miedo a equivocarte: "esa es la cabra y esa es la mariposa". En mi subida a la calzada romana no tuve la suerte de toparme con ninguna cabra y, en consecuencia, no tuve ocasión de identificarla. Pero sí vi muchas mariposas y me animaba reconocerlas al instante sin vacilación.¡y sin error! Me acordé, naturalmente, de Nabokov, tan genial novelista como gran cazador de mariposas. Lo recordé con el cazamariposas con que aparece en algunas fotos y no pude reprimir, en la onda del cura inquisitorial de Cuevas, de condenar su caza de bellas y frágiles mariposillas.

El viernes, siete de agosto, declinaba la tarde en Cuevas y se iba a cumplir aquello de "y las sombras caen cada vez mayores de los altos montes" que dice Virgilio en una de sus Églogas.En ese momento en que ya caían las sombras -y Virgilio lo dice así en latín: "maioresque cadunt altis de montibus umbrae"-, el concejal del Ayuntamiento de Cuevas, Alberto Fernández Prieto, y el gran animador cultural Horacio González, luchaban con cables e instrumentos musicales preparando el concierto que iba a dar Mariano Montoya. Este espléndido cantaorcautivó con su inmenso arte a la audiencia que asistía en la plaza de la Constitución. Mariano Montoya, como el más inspirado profeta del Antiguo Testamento, lanzó una febril condena de los pirómanos a quienes increpó con un arte que era como para quitarse el sombrero, la camisa y hasta la falda escocesa. Mariano Montoya, además de magnífico cantaor,es un excelente pintor y regenta un bar, donde prepara afrodisiacos adaptados a la edad del cliente y donde la marcha intensa está siempre garantizada. Es el bar que frecuenta el grupo rockero de las Cinco Villas, The Ollas,que ya ha triunfado, entre otras plazas, en Cuevas, Mombeltrán, Villarejo y Santa Cruz del Valle.

Vi desde Cuevas, desde Arenas de San Pedro, desde Santa Cruz, desde el puerto del Pico y desde el parador de Gredos los estragos atroces del incendio, y recordé este verso del gran Edmundo de Ory, equiparable en calidad poética al mencionado verso de Virgilio: "el humo que en la loma se amotina".

Hay docenas de personas a las que este incendio ha destrozado. En el poemario Talladas piedras padreel espléndido poeta covachero Santos Jiménez, a quien tanto ha afectado este incendio, ha escrito: "Pero nosotros estamos / todos perros / mordiendo estrellas / en noches / de viento".

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