Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa Boletines
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
    Navarra
A PUNTA SECA | FERNANDO PÉREZ OLLO

Doctor arqueólogo ameno y militante

Libro estupendo, legible y refrescante sin mengua del rigor en los datos y opiniones

Actualizada Sábado, 15 de agosto de 2009 - 04:00 h.

H ace sesenta años, Dioses, tumbas y sabios, de C.W.Ceram, seudónimo de Kurt Wilhelm Marek (1915-1972), alcanzó éxito editorial sorprendente y justo. Marek, periodista alemán, redactor (1946-49) de Die Welt, ejerció la crítica literaria y cinematográfica y dirigió (1946-1952) las publicaciones de Ernst Rowohlt. Aquel libro, escrito entre 1945 y 1949 y que le mereció fama mundial, se subtituló aquí La gran aventura de la arqueología.

El original alemán no decía gran aventura sino novela (Roman), que no siempre son lo mismo. La edición española (Destino, 1953) ostentó prólogo de Luis Pericot García (1899-1978), catedrático entonces en la Universidad de Barcelona. Pericot, que logró introducir Prehistoria y Arqueología como materias obligatorias en Filosofía y Letras, reconocía que "El investigador o especialista suele mirar con recelo toda intrusión, en su campo de trabajo, del aficionado, del literato o del reportero. No debe culpársele de este sentimiento receloso. Es natural que sea un poco egoísta y un mucho vanidoso, pues sin este contrapeso del egoísmo y de la vanidad no se explicarían los esfuerzos, la paciencia, la renunciación a una vida normal muchas veces a que se ve obligado el que cultiva con pasión una ciencia (.). irrita al especialista que el primer llegado, con suficiente habilidad, lea unas cuantas monografías y escriba el libro o la síntesis en la que aquél ha soñado muchas veces sin atreverse a realizarlo". De modo que, como arqueólogo de proyección internacional, recibió el libro de Ceram "con cierto despego": "Todos deseamos que nuestros descubrimientos se conozcan, pero sólo en la forma y momento que nos plazca, como si aquellos constituyesen un tesoro particular del que somos avaros y que sólo pocas veces deseamos ver compartidos. Y en pocas ciencias se produce un fenómeno de avaricia del autor con tanta intensidad como en la Arqueología, estudio sin trascendencia práctica en la vida de los pueblos y coto bastante cerrado que aparece al profano como un conjunto abstruso del que emergen únicamente algunas obras bellas. Pero esta posición es injusta y no pasa de ser, por fortuna, una reacción instintiva que hemos de vencer". Para el ilustre arqueólogo catalán, la laguna más seria de Ceram era que no entraba "en los descubrimientos prehistóricos en sentido estricto".

Daniel Casado Rigalt (Madrid, 1973) confiesa de entrada que sigue la huella de Ceram y pese a que entre uno y otro "hay algo más que distancia generacional", les "une un objetivo común: conmover al lector en capítulos que trascienden las piedras y des mitifican la Arqueología de los grandes tesoros". Este libro, afirma Casado, "despierta la conciencia arqueológica de un país que no sabe dónde pisa y que, hasta hace poco, ha tenido las ruinas por castigo y las leyendas por dogma". Mucha seguridad en sí mismo parece. Ahora, Casado, hijo de dos conspicuos periodistas, licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Navarra (1996)y doctor en Arqueología por la de Madrid (2005), sí demuestra que a la gente -y a no pocos responsables públicos, culturales o no- les ha traído al fresco saber qué pisan y no valoran lo que pueda esconder el subsuelo. Y eso lo hace con prosa fresca, descarada, brillante y eficaz, muy Rigalt. Las metáforas no rebajan el rigor de los juicios técnicos y de la historia arqueológica -glorias y fraudes, de Atapuerca al Cerro de los Santos- y de sus nombres, sobre los que no maquilla la opinión. Algunos ejemplos: "La Dama de Elche es a la cultura ibérica lo que el Cid a la Reconquista, Viriato a la lucha heroica contra Roma o la Preysler a Porcelanosa". "Los legionarios (romanos) fueron siempre muy meapilas". "Así se le amontonen sedimentos de légamo y calendarios de olvido, Ampurias seguirá emitiendo radiaciones arqueológicas eternamente". "El arqueólogo (Eduardo Peralta) sospechaba que el "descabello cántabro" había tenido lugar por aquí, en los valles centrales, donde hoy sólo hay brañas desangeladas, páramos inhóspitos y escarpes calizos". "Por encima de todo, el personal de a pie sigue considerando los yacimientos arqueológicos como santuarios perfumados de misticismo. Muchos aprovechan la visita para susurrar plegarias, por si suena la flauta". "La arqueología es inherente a la paz. Cuando estalla la guerra, bastante tiene uno con salvar el pellejo. Yacimientos arqueológicos y museos lo tienen más difícil, porque no pueden salir corriendo." "La que fuera capital de Lusitania (Mérida), es hoy paraíso de arqueólogos y migraña de constructores". Tal tono es inimaginable en un informe arqueológico, de prosa profesoralmente árida, si no pedregosa, incluso en libros capitales como Arqueología española, de J.R.Mérida (1929), que acreditó su maestría en Numancia y Mérida, nada menos.

En general, Casado prodiga más aplauso a los arqueólogos españoles que a los foráneos, entre los vapulea a Schulten. Pero precisa bien su valía y quiénes venían a arramblar y aprovecharse de la ignorancia, la incuria y el necio afán de lucro nacionales, manifiesto no sólo en la deslumbrada venta de piezas, sino en el reciente furor inmobiliario. "Definitivamente, el ladrillo está reñido con la Historia", dice a propósito de la ciudad visigótica alumbrada y en buena parte machacada a conciencia en la Vega Baja toledana. "El avance voraz del ladrillo (empeñado en hacer de Toledo un apéndice periférico de Madrid) es incompatible con la parsimonia arqueológica. El tiempo es nuestra impaciencia. Los edificios de pelotazo inmobiliario se han construido bajo la consigna del "aquí te pillo, aquí te mato". La Historia, todo lo contrario. (...) Constructores y administradores recurren a menudo a una modalidad acorde con los tiempos: la arqueología de urgencia (...) No es más que una tibia compensación para curarse la conciencia y contentar a todos. El patrimonio arqueológico sigue desangrándose por culpa del hormigón.(...) Empieza a echarse de menos una ley de memoria arqueológica que no haga distinciones de víctimas ni de épocas. Las ruinas también sufren".

En otras palabras, sin recurrir a las Partidas, Casado es un arqueólogo militante, no un estudioso aislado en su burbuja curiosa, dispuesto a admitir la función ancilar de su ciencia. Al revés: "la Historia pone la letra y la Arqueología pone música" (p. 179). Casado no tendría empacho en decir que, si en nombre de la libertad se perpetran tantos crímenes, el presunto interés público sirve de burladero legal para tropelías sin cuento, sin remedio y sin respuesta, porque al hombre común -aun flamante titulado superior- le deja frío un yacimiento, igual que casi siempre a los gobernantes, aunque éstos se llenen la boca -y más en campaña- con la cultura y la historia milenaria de su lugar, que sólo les interesan para hacerse fotos.

Libro estupendo, útil, oportuno, refrescante y combativo, de grata legibilidad, apenas mellada por alguna errata aislada -sabia por savia (pág. 184),moda actual : punto y final (178) o error: habemus Rex por Regem (224).

Diariodenavarra.es no se responsabiliza ni comparte necesariamente las ideas o manifestaciones depositadas en las opiniones por sus lectores La discrepancia y la disparidad de puntos de vista serán siempre bienvenidos mientras no ataquen, amenacen o insulten a una persona, empresa, institución o colectivo, revelen información privada de los mismos, incluyan publicidad comercial o autopromoción y contengan obscenidades u otros contenidos de mal gusto.
Diariodenavarra.es se reserva el derecho a decidir las noticias que admiten comentarios de los lectores.

Atención: Tu petición no ha sido procesada correctamente. Comprueba que has rellenado todos los campos obligatorios correctamente y vuelve a intentarlo.

(*) Todas las opiniones que tengan rellenados estos campos pueden aparecer publicadas en el periódico impreso

Mérida, la "Pompeya española", de los vestigios sepultados a la realidad viva, en dos siglos. EUSEBIO MINA/ARCHIVO


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar con muy poca publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra