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POP/ROCK | SANTI ECHEVERRÍA

Miramos demasiado tiempo al cielo

Actualizada Viernes, 14 de agosto de 2009 - 04:00 h.

U NA vez más, el tiempo pamplonés jugó fuerte y a la contra, con ganas de estropear uno de los conciertos punteros del ciclo Escena 2009 en Civican. De nuevo en este verano el pasado miércoles hubo una bajada térmica de alrededor de quince grados acompañada de un tormentón de los de aquí, con aparato eléctrico incluido. Da igual saber cuántos litros cayeron por metro cuadrado en una hora.

La organización hizo bien los deberes, los técnicos probaron y pusieron todo el material a cubierto y a buen recaudo del aguacero y el grupo, aún siendo miércoles y viajando desde Madrid a contrarreloj, tenía todas las ganas del mundo de tocar. La lluvia se resistía y no se rendía. Así que en el momento en que dejó de ser más que pelma (a las 21.55 horas aproximadamente), la organización dio el banderazo de salida. Pero para esa hora ya se había mirado demasiadas veces al cielo y el que se sabía que podía ser un concierto con récord de asistencia quedó en una digna representación de público de 350 y 400 personas. Por lo que pudimos presenciar, los nueve músicos que se subieron al escenario hubieran dado el mismo concierto ante sólo cinco personas. La entrega y el derroche de energía y simpatía -y de profesionalidad- fue intachable.

Alamedadosoulna se comportó como lo que es, una máquina perfectamente engrasada y preparada para el directo, al que parece que le tienen tomado el pulso milimétricamente. Su puesta en escena fue fantástica porque no hubo momento para el respiro. En su explosión de ska, reggae, toquecitos de soul y un instrumental arrebatador, los de Alameda de Osuna dieron su particular recital de la importancia de saber que el escenario puede estar cuadriculado y que es realmente importante la posición que se ocupa en cada momento, cada detalle que se hace, la actitud, la interacción entre dúos, tríos, subgrupos y el total en escena. Además, también se mostraron como esos chiquillos que se emocionan traviesamente cuando descubren una novedad sobre lo establecido. Y sobre su guión en escena se desparramaron e improvisaron para disfrute propio y de los que estamos con ellos. Porque con Alamedadosoulna se está o no se está. Sin duda que son arrebatadoramente contagiosos, pero siempre hay grados de implicación. Ellos apelan para que la interacción del público con su show sea total, constante. La húmeda tarde-noche no ayudó nada de nada. Pero a pesar de todo lo lograron y se metieron a la concurrencia en el bolsillo, no sólo por sus continuos "números" escénicos, también por su "humor" visual, su ironía, su poderío instrumental -justo en medida, sin fuegos artificiales y basado en los buenos arreglos- y la chispa de unas letras que apelan con mesura a nuestro análisis de una sociedad y una forma de vida con demasiadas preguntas y cuestiones sin resolver. Alamedadosoulna lo hizo bien, muy bien. Y no tuvo suerte. Se merece otra oportunidad, quizá a cubierto, que ya sabemos cómo se las gasta el clima local. Puede ser ¿en septiembre? Estén atentos a sus pantallas.

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