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SUCESOS

La vida después de las llamas en Reta

"Reta era un polvorín. Es milagroso que no haya habido ninguna desgracia personal"

Actualizada Miércoles, 12 de agosto de 2009 - 04:00 h.
  • RUBÉN ELIZARI . PAMPLONA

LAS llamas ya se han apagado en Reta pero el fuego sigue aún muy vivo en la mente de los vecinos de esta localidad del valle de Izagaondoa, uno de los pulmones de la Comarca de Pamplona. Hoy se cumplen tres semanas desde que los cerca de 60 habitantes de este pueblo tuvieron que ser desalojados de sus casas, convertidas durante unas horas en un islote rodeado por el fuego.

Las 825 hectáreas calcinadas y ennegrecidas por el incendio de Izagaondoa no son las únicas que necesitarán tiempo para que vuelva a rebrotar la vida. A los vecinos de Reta también les hará falta la ayuda del tiempo para olvidar las horas más angustiosas de sus vidas y donde algunos , como Javier Zandueta Ayesa, de 64 años, pensaban que el pueblo donde habían nacido desaparecería del mapa. Una de las vecinas de Reta señala que algo así no se olvida nunca. "Marcará un antes y un después".

El dolor de José Luis

Un incordioso dolor en el brazo derecho de José Luis Itoiz Ardanaz, jubilado de 73 años, le recuerda todos los días la tarde del 23 de julio, cuando tuvo que coger una rama atada a un palo para, a golpes, intentar salvar algunos de sus manzanos: "Hicimos todo lo que pudimos y un poco más. El incendio ha sido un impacto muy grande", cuenta. Su médico le ha recomendado andar, pero sentado en el poyo de su casa, dice que no tiene ganas porque el monte está negro. "Lo que sí tomo son antiinflamatorios", dice.

Las únicas medicinas que alivian a Javier Zandueta Ayesa, de 64 años, son sus hijos y sus nietos que le visitan estos días. Ellos consiguen que se olvide de que el fuego engulló un nogal o un cerezo que plantó su abuelo, José Zandueta, hace más de un siglo. "Da mucha pena que un pinar tan antiguo, ya estaba cuando yo nací, sea pasto de las llamas", cuenta. "Uno de mis hermanos ha removido la tierra quemada para aliviarnos un poco el dolor de corazón y que no tengamos que recordar continuamente el fuego".

Cuando este antiguo trabajador de Estampaciones Mayo recuerda la tarde del 23 de julio, agradece la labor de los helicópteros: "Sin ellos el fuego habría desaparecido", dice. Y además, habla de milagro e intervención divina. "Reta era un polvorín. Es milagroso que no haya habido ninguna desgracia personal", dice.

El jardín de su finca se encuentra presidido por una imagen de San Fermin del mismo tamaño que el que alberga la capilla de San Lorenzo y elaborada con hierro forjado: "Lo que ninguno de nosotros pensábamos era que el fuego fuese a bajar del monte al pueblo, y menos, tan rápido. Teníamos las llamas en la misma puerta de casa. Pero de repente, cambió la dirección del viento, y se detuvo. Ahí está la marca", explica señalando unos arbustos.

Piden que se repueble

Precisamente Javier fue quien telefoneó a Silvia Llorente Lavanda de que había un incendio: "No te asustes. Hay un incendio", le dijo. Vecina de Zaragoza, Silvia Llorente y su hermana María Esther, pasan todos los fines de semana y vacaciones en el corazón de Izagaondoa: "No me importa el valor material de lo que hemos perdido: varias parras o árboles de laurel, sino el valor sentimental, todo lo que nos costó sacarlo adelante. Solemos ir a pasear por un pinar cercano, pero ya no está. Nos duele mucho que haya pasado todo esto", comenta.

Otra vecina, señalaba ayer por la tarde que su retina aún no ha acabado de acostumbrarse al nuevo paisaje que ha dejado el incendio ante su ventana. "La verdad es que es algo realmente muy triste. El incendio nos ha dejado una sensación rara. Cuando llueve, aún entra a las casas un intenso olor a quemado. Ojalá esto no se olvide nunca. Ahora solo esperamos que el Gobierno de Navarra repueble la zona y recupere su aspecto original. Y dejemos de acordarnos de todo lo que hemos perdido y ya no está. ".

Claudia Palop Garayoa, de 4 años, junto a su hermana, Silvia, de 2. Al fondo, los montes quemados. JESÚS GARZARÓN

Javier Zandueta Ayesa, natural de Reta, y de 64 años, explica que el fuego estuvo a punto de alcanzar su vivienda. CALLEJA

Las hermanas Silvia y María Esther Llorente Lavanda, vecinas de Zaragoza ayer, en Reta. CALLEJA


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