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CRÍTICA DE CINE | MIGUEL URABAYEN

Humor y tragedia

Actualizada Miércoles, 12 de agosto de 2009 - 04:00 h.

D OS observaciones previas: 1) Mein Führer se rodó en 2006 y comenzó su carrera comercial en los primeros meses de 2007, con su presentación en el Festival de Berlín en febrero de hace dos años. Se fue estrenando en varios países durante los meses siguientes y en los sucesivos de 2008. Solo ahora ha llegado a nuestras pantallas.

Su retrasado estreno puede sorprender a los aficionados que recuerden al gran actor Ulrich Mühe (el policía de La vida de los otros) fallecido el 22 de julio de 2007. Se trata pues de una película con Mühe anterior en un año a la premiada por el Oscar a la mejor extranjera de 2007.

2) Mein Führer es una comedia sobre personajes y hechos históricos que formaron parte del mayor drama de la Historia. Más de un espectador puede preguntarse si tratarlos con humor excede lo admisible. El tema es complicado pero debe tenerse en cuenta que, limitándonos al cine, hay varios precedentes, empezando por El gran dictador realizada por Charles Chaplin entre 1937 y 1939 (citada por el cartel de la propia película germana). Ernst Lubitsch también caricaturizó a los nazis y a Hitler en To be or not to be (1942). Y más recientemente, el italiano Roberto Benigni hizo una comedia (La vida es bella, 1997) con los terribles campos de concentración como escenario principal de su comedia. Ahora se trata de una caricatura alemana sobre su propio y amargo pasado.

La película

La acción comienza a finales de 1944. El Dr. Goebbels, ministro de Propaganda del Reich encuentra que el Führer está deprimido y cree que necesita reaccionar dando un discurso al pueblo alemán como en sus mejores tiempos. Pero la guerra va muy mal para Alemania y Adolf Hitler lo sabe. Será difícil que recupere su antigua energía. Sin embargo, Goebbels tiene una idea original. Consiste en sacar del campo de concentración al profesor judío Grünbaum, experto en tratar a los actores, para que levante el ánimo del Fuhrer con sus bien probadas técnicas. Una vez que lo tiene delante, le ofrece la libertad de él y de su familia a cambio de que reanime a Hitler.

La idea de Goebbels -y del director-guionista Dani Levy- es más profunda de lo que parece. A las objeciones de Martin Bormann de cómo se le ocurre poner al Führer en manos de un judío, el ministro responde que precisamente eso puede hacer reaccionar a Hitler. El odio le devolverá su energía. Y la escenificación del discurso a la multitud en un Berlín destruido (oculto bajo escenarios), tranquilizará a los ya desesperados alemanes.

Pero las cosas no serán tan sencillas y veremos que el tratamiento psicológico aplicado por Grünbaum a su extraordinario paciente produce inesperadas consecuencias. En esos incidentes es donde podemos encontrar motivos de reproche. Porque el director Levy mezcla humor y drama con poca habilidad. En vez de quedarse en pura comedia imposible (por ejemplo, el episodio de la afirmación de Hitler sobre la cobardía de Grünbaum y de todos los judíos), la película intercala escenas serias del protagonista con su familia. Y a pesar de la comicidad -a veces de humor grosero- con que se trata el carácter del Fúhrer, se siente uno escéptico ante la explicación de Grünbaum sobre sus causas. La supuesta violencia sufrida en la infancia, aunque fuera cierta, no bastaría para explicar la complicada manera de ser de Adolf Hitler

Intérpretes

La película no solo describe al Führer, también a sus principales ministros. El único divertido e interesante es el personaje de Goebbels, bien interpretado por Silvester Groth y convertido aquí en hombre cordial y traicionero en una intriga sólo insinuada. El guión de Levy no saca partido de los demás personajes históricos, salvo un pequeño intento al presentar a Himmler con un brazo escayolado en el saludo nazi. Por cierto, quizá Levy lo ignore pero la idea visual de petrificar ese símbolo político la tuvo antes el director español Carlos Saura, aplicada a un falangista en La prima Angélica (1974). Hacía falta valor porque entonces Franco todavía estaba en el poder.

El encargado de representar a Hitler es Helge Schneider muy popular en Alemania como actor teatral, de cine y de televisión. Además, es compositor de música (puede tocar varios instrumentos) y de canciones, algunas de gran éxito en años recientes. Desde el punto de vista de los productores es la estrella de la película. Sin embargo, sea por la dificultad de encarnar al Führer -el maquillaje resulta demasiado aparente- o porque el tono caricaturesco ya esté exagerado en el guión, queda mucho mejor Ulrich Mühe como el profesor Grünbaum. Y así ha debido pensarlo el director porque la película se abre y se cierra con su rostro en un gran primer plano.

La ambientación es interesante por la mezcla de escenas documentales y las preparadas para la película. La recreación de la Cancillería del Reich, construida en estilo monumental por Albert Speer, se ve en algunos planos generales. Después, la acción se centra en el despacho del Führer, mostrando sus grandes dimensiones. Pero lo más notable son las escenas panorámicas de Berlin, al principio. Son ruinas muy realistas, obra de los equipos técnicos digitales que ha supervisado Frank Schlegel, según dicen los títulos

Pienso de nuevo en si es apropiado o no tratar con trazos gruesos de pintura humorística una tragedia como la del nazismo y dando vueltas al tema recuerdo algo importante. Charles Chaplin declaró después de la guerra que si hubiera conocido las acciones de Hitler y sus secuaces en Alemania al tiempo que él hizo El gran dictador, no la hubiera realizado. Tenía razón. Hay hechos que no pueden ser tratados con humor. Para mí, la realidad evocada por su caricatura borra las posibles sonrisas que pueda producir.

EN RESUMEN: UNA FANTASÍA CÓMICA SOBRE CÓMO UN PROFESOR JUDÍO ES SACADO DEL CAMPO DE CONCENTRACIÓN PARA QUE TRATE A ADOLF HITLER DE UNA FUERTE DEPRESIÓN. EL DIRECTOR Y GUIONISTA MEZCLA DE FORMA POCO HÁBIL ESCENAS DE DRAMA Y GOLPES CÓMICOS, NO TODOS DELICADOS. BUENA INTERPRETACIÓN DE ULRICH MÜHE, EL FALLECIDO ACTOR QUE CONOCIMOS EN LA VIDA DE LOS OTROS.

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El profesor Grünbaum (Ulrich Mühe) intenta animar a Hitler (Helge Schneider). BADITRI


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