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    Navarra
MÚSICA SANTI ECHEVERRÍA

Nómadas musicales y pasión por el ritmo

Actualizada Viernes, 7 de agosto de 2009 - 04:00 h.

E L cuarteto Nomhadas, afincado en Barcelona aunque con procedencias mexicanas, gallegas y catalanas, presentaron en el primer concierto del ciclo Escena 2009buena parte de los temas de su disco En la búsqueda y algunos otros de los que será su próximo trabajo que están preparando.

Y al margen de agradar y llevar de la mano con su propuesta musical a propios y extraños, si algo dejaron claro fueron dos importantes conceptos musicales: su pasión por el ritmo y su falta de complejos para jugar y disfrutar con la música. Con una puesta en escena entregada y feliz contagiaron en progresión geométrica una actitud, una visión y una filosofía de música reivindicada con el propio hecho de la esencia de ella misma como lenguaje universal y con el mensaje livianamente poético pero en clave de denuncia.

"Yo quiero solo amor militante, la vida siempre grita hacia delante. Mira como ondea el aire, de un mismo color en todas partes" anunciaba como buen ejemplo de sus mensajes el tema Solo un paso, en una serie en las que podían sumarse otras canciones como En la búsqueda, Yo las alas, Ik, etc. Porque les gusta hablar del amor, la entrega y la lucha aunque siempre con un enfoque positivo y transmitiendo su mensaje en diferentes lenguas como el maya, sánscrito, catalán, gallego, inglés y castellano.

En Civican el cuarteto enarboló y fue desarrollando una enorme capacidad de hacer su propio ritmo de la suma y maceración de todos esos ritmos de medio mundo que han absorbido en lo que ellos mismo llaman Global Groove. Su música está por encima de las etiquetas y mezcla las raíces hindúes y orientales con el pop, Hip-Hop, flamenco, folk, drum & bass, reggae, funk, cantos indígenas, etc. Sabe mezclar lo acústico y orgánico con lo electrónico en un ejercicio sin reglas ni fronteras desde el espíritu celta a la mezcla flamenco-andalusí.

La voz de Karma sabe buscar inflexiones orientales, hindúes o mediterráneas con un ataque potente y entregado al que sólo a veces se le echa en falta un poco de sosiego. Eso sí, Karma supo contagiar con su actitud, su simpatía y su entrega artística y personal, además de resolver parte del acompañamiento melódico con el toque del sitar, sin aspavientos en cuanto a calidad en la ejecución pero con suficiencia. Su compañero de fatigas desde el comienzo del proyecto, el mexicano Chango Real, era la máquina del rimo en una batería emplazada como completo set de percusiones con marimba y otros instrumentos de exótico sonido.

En el bajo, el otro charro apodado El oso le completaba como cuarta pata de esa silla rítmica. Y para rematar, el sonido nómada de El meigo llenaba el espacio sonoro con sus embrujados toques de didgeridoo.

No hubo lugar ni para reproches ni para falta de entrega, porque entre el público se unieron a estos nómadas musicales desde los más maduros hasta los jóvenes que habían estado con ellos desde los primeros compases.

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Karma, la voz del cuarteto Nomhadas, tocando el sitar. S.E.


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