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SOCIEDAD

Una huerta en la residencia

El trabajo en la huerta es mas que una simple actividad para Miguel. Le aporta "vida"

Actualizada Miércoles, 5 de agosto de 2009 - 01:46 h.
  • LUIS CARMONA JUANMARTIÑENA . PAMPLONA

QUIÉN espera encontrar un huerto rebosante de tomates, lechugas, puerros cebollas, calabazas y remolachas en el centro gerontológico? Seguro que casi nadie. Miguel San Martín Aragón, de 86 años, soltero y natural de Senosiáin, ha trabajado el campo desde los siete años bien como agricultor, bien al cuidado de ganado. La pasión por el campo le llevó a preparar un espacio de tierra para el cultivo de temporada.

Labor y entretenimiento

Miguel San Martín entró como residente del centro gerontológico Amma Argaray hace cinco años. Desde entonces, Miguel no ha detenido su actividad ni un solo día. La huerta que en la actualidad trabaja surgió en 2005, cuando Santiago Garde, director del centro, preguntó a Miguel por alguna actividad con la que pudiera entretenerse, ya que no participaba en las actividades de ocio que el centro organiza. Garde le enseñó el terreno que hoy cultiva. "Empezamos con una pala y un par de azadas. El terreno no lo habían preparado, pero al comprobar que la tierra la podíamos mover sin gran esfuerzo nos pusimos a labrarla", dijo San Martín, aunque en aquel primer año de la huerta no pudo hacer "gran cosa". Aun así, agradece mucho el apoyo recibido por parte del director.

San Martín madruga mucho, pero no le importa nada. Varios días a la semana se levanta a las 5 de la mañana para aprovechar el día y las primeras horas de luz, que son las mejores para regar las plantas junto con las del anochecer. Este año, San Martín comenzó sembrando la huerta a finales del mes de abril y, ahora, tiene verduras de temporada que empezará a recolectar en un par de semanas.

Antes de ampliar el cultivo al lugar actual, el primer año, en un espacio destinado a macetas de flores, este vecino del valle de Ollo propuso sembrar algunos puerros, cebollas y tomates. Desde aquel día, en el que un par de metros cuadrados mantenían entretenido a San Martín, el tamaño de la huerta ha aumentado de tal forma que recoge en su interior una considerable cantidad de plantas de hortalizas: lechugas, tomates, puerros, cebollas, remolachas... Y también calabazas y calabacines. Todos estos productos, cultivados de forma natural y tratados con mimo y mucho esmero, San Martín los reparte a los trabajadores del centro, enfermeras y médicos; amigos; los propios residentes para quienes se preparan ensaladas; y sus familiares, hermano y sobrinos, que se lo agradecen de corazón y dicen que "están muy buenos".

Recuerdos y esfuerzo

San Martín rememora con cariño sus años mozos, cuando trabajaba duro en Senosiáin con su padre. "Trabajé mucho con ganado, en casa había 30 vacas y hasta 400 ovejas. Yo cuidaba de los corderos. También teníamos varios centenares de gallinas, una veintena de conejos y unos 20 cerdos" declaró San Martín. Además, recordaba que cada hembra porcina tenía "unos doce cochinillos" y que por la venta de cada uno de ellos recibían 11.200 pesetas hace cuarenta años. "Pasé muchas horas en el campo labrándolo con bueyes. Sembrábamos de todo: trigo, maíz, cebada, legumbres...", dijo San Martín.

Este hombre, nacido en 1923, siente nostalgia y tristeza por el trabajo en el campo. En su opinión, la aparición de las granjas para el ganado y la producción intensiva de carácter industrial han provocado la paulatina disminución de agricultores y ganaderos en los pueblos y que generaciones venideras trabajen en el campo. "Antes utilizábamos layas y azadas para labrar. Después introdujimos la maquinaria con el tractor", recordó San Martín. Y aunque la maquinaria "ayuda mucho", cree que algunos adelantos han provocado la reducción de las labores en el campo. En estos días en los que aumenta el número de ciudadanos en paro por la crisis, San Martín insiste en que "sin esfuerzo y trabajo no se puede conseguir el pan". Y que con el trabajo se mantiene "vivo" y en actividad.

La última vez que trabajó con esfuerzo en Senosiáin fue a finales de la década de los noventa, poco antes de trasladarse a Pamplona. Desde que hace cuatro años le permitieran sacar adelante la huerta dentro de la residencia, San Martín ha sufrido algún hurto esporádico en su cultivo, lo que le enfada un poco. "Aquí, trabajo solo, porque comedores hay muchos pero trabajadores..." dijo refiriéndose a los amigos de lo ajeno. "En más de una ocasión han entrado en la huerta y me han quitado un par de kilos de tomates y cebollas para dárselos a sus familiares". Pero, aunque le den algún que otro disgusto, San Martín sabe perdonar y no tiene ningún problema en ofrecer los frutos de su trabajo a quién se lo pida con amabilidad.

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Miguel San Martín junto a sus plantas de tomate en la huerta que cuida con mucho mimo.


Comentarios
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  • Pues mira,yo conozco una residencia en Burlada que aparte del jardin(muy mono)tiene una zona vallada que tal vez la podrian dedicar al residente en vez de sacarle otro partido mas eurista......todos los dias me topo con la valla
  • Felicidades al Director de esa residencia por trabajar y desarrollar estas actividades. Como profesional, lo conozco y se merece una gran felicitación. Es entusiasta y siempre está volcado en mejorar la calidad de vida de sus residentes, buscando cualquier posibilidad de estimularles y animarles. La huerta no sólo es un entretenimiento para su cuidador; los residentes y sus familias encuentan un gran aliciente en acercarse a ella para seguir su evolución (a veces, los más dependientes desplazándose con gran esfuerzo por su parte). Lo dicho, felicitaciones al Sr. Garde, porque con los pocos medios que los familiares vemos que a veces le pone su empresa, a la que no felicitamos, consigue mantener un gran centro.Suelo ir de visita al Amma de Argaray
  • Me parece una gran idea. Creo que por ese camino vamos bien. Por favor no más invernaderos por la zona del Arga.carmen
  • Deberían promocionar este tipo de actividades en las residencias. Es una terapia ocupacional muy satisfactoria y agradable. Y si, además, se cosecha algo...En algún sitio leí que con este tipo de actividades, en concreto con huertos, la calidad de vida de las personas mayores mejoraba mucho, y el gasto farmacéutico, consecuentemente, se veía muy reducido. Y el coste de habilitar unos rencles en los jardines es practicamente cero. tafallensis

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