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LUIS MIGUEL GARCÍA FUNDADOR Y ACTOR DE LA COMPAÑÍA TEATRO CORSARIO

"He aprendido a hablar gracias al teatro clásico"

Luis Miguel García (Valladolid, 1961), licenciado en Historia medieval, decidió "colgar los bártulos" de historiador para cargar con los de actor. Así, junto a otro licenciado y tres médicos, fundó en 1982 la compañía teatral Teatro Corsario.

Actualizada Viernes, 31 de julio de 2009 - 04:00 h.
  • A. Z. L. . PAMPLONA

Teatro Corsario, compañía especializada en piezas clásicas, actúa esta noche a las 22.30 horas en el claustro de San Pedro de Olite, por el que desfilarán los personajes de la obra de Lope de Vega, El caballero de Olmedo; entre ellos, al que da vida Luis Miguel García, el cómico y trágico Tello, hombre de confianza de "la gala de Medina, la flor de Olmedo".

¿Cree que los espectadores siguen conectando con el teatro que llamamos clásico?

A diferencia de otros países como Gran Bretaña o Italia, que han mantenido la tradición durante siglos, en la Península Ibérica se produjo un corte en el siglo XVIII por la Ilustración mal entendida, que cercenó el teatro lopesco y no se recuperó hasta el siglo XX. El problema es una falta de tradición después de haber tenido la mejor tradición de Europa.

¿Es este un buen momento para apostar por este tipo de teatro?

Sí, porque todavía hay grandes historias por contar. Yo siempre digo que Lope sería el mejor guionista de Hollywood de la historia. En España sería imprescindible que hubiera varios montajes de La vida es sueño para tratar de conquistar a un público joven que viera sobre las tablas un espectáculo escrito en 1635 que sigue hablando de nosotros mismos. Los textos hay que versionarlos, hacerlos accesibles, sin descuidar la forma, que es lo que va a conseguir atraer al público.

¿Los festivales pueden ser una ayuda para incentivar estas representaciones?

Montar una obra clásica conlleva muchos costes y los festivales han sido de gran ayuda. Han dado la oportunidad durante años de ver espectáculos de este tipo y de demostrar que pueden gustar, aunque el oído tiene que acostumbrarse al verso. El festival de teatro clásico de Olite, al que traemos la obra El caballero de Olmedo, es uno de los festivales que está ya muy consolidado, a pesar de ser todavía muy joven.

¿Es un desafío representar esta obra tantas veces representada?

Al contrario, es un acicate. Se puede ir aprendiendo de otros montajes y dar una visión "nueva". Y, sobre todo, tratar de enganchar al público, de ganarlo y no defraudarlo. No hay que quedarse a medias. Ese es nuestro trabajo como profesionales.

¿Dónde reside la fuerza de esta obra?

Tiene varias cosas fundamentales, como es, por ejemplo, la historia de amor y el cainismo, esas rencillas entre pueblos que hoy en día aún siguen estando presentes. También tiene otra cosa estupenda: el personaje de Tello, que comienza siendo un Sempronio, un gracioso al uso de Lope de Vega, y termina convirtiéndose en el personaje trágico de la obra. Todo esto, al mezclarse y madurarse, adquiere una gran fuerza, aún mayor si se une el elemento musical. No se trata de algo convencional, sino de algo sorprendente.

¿Qué supone para un actor hacer teatro clásico?

El verso es un enorme corsé que hay que aprender a desentrañar. Hay que buscar el sujeto, el verbo principal, encabalgar para aflojar los hipérbatos... Hay que darle a todo su sentido, porque el mayor problema y la mayor virtud de un actor es hablar. Muchos actores no saben lo que dicen; yo he aprendido a hablar con el teatro clásico.

Para muchos directores y actores, Lope de Vega es su dramaturgo predilecto del Siglo de Oro. ¿Es también su caso?

De Lope de Vega adoro muchas cosas. Sobre todo adoro su espontaneidad y su capacidad para escribir. Pero nunca diría que es el único. Calderón tiene cosas increíbles como su concepción de la escena, su visión del teatro, algo que Lope no tiene. Y la obra Don Gil de las calzas verdes, de Tirso de Molina, cuando la leí, me pareció la mejor comedia que se había escrito nunca. De todos modos, sí que es cierto que para un actor y teatrero, sin duda, quien tiene todos los parabienes, es Lope de Vega.

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Luis Miguel García caracterizado como Tello y Borja Zamorano como don Alonso. TEATRO CORSARIO


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