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Condenado a 15 años un anciano que mató a su mujer en Gran Canaria

El tribunal ha sentenciado al acusado a trece años de prisión por un delito de homicidio y a otros dos años por otro delito de malos tratos habituales en el ámbito familiar

Actualizada Viernes, 31 de julio de 2009 - 19:46 h.
  • AGENCIAS. Las Palmas de Gran Canaria

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas ha condenado a 15 años de cárcel a un hombre de 88 años de edad acusado de asesinar a su mujer de 74 años el 10 de abril de 2006, tras asestarle una puñalada mortal en el corazón con un cuchillo de cocina de ocho centímetros de afilada hoja, durante una discusión en el domicilio de una de sus hijas en Santa Brígida (Gran Canaria).

La sentencia, dada a conocer por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, condena al octogenario Francisco Cruz Alba --el preso más anciano de España en prisión preventiva-- a la pena de 13 años de prisión como autor criminalmente responsable de un delito de homicidio y dos años de cárcel por un delito de malos tratos habituales en el ámbito familiar, ambos en grado de consumación, con la concurrencia, en relación con el primero, de la agravante de parentesco. Asimismo, la Sala impone al acusado la privación del derecho a la tenencia y porte de armas por dos años y la prohibición de aproximarse a menos de 500 metros de sus cuatro hijas o de comunicarse con ellas en cualquier forma por plazo de cinco años, por el delito de malos tratos habituales, además del abono de las costas procesales, incluyendo expresamente las de la acusación particular, y a que indemnice a cada una de sus hijas con 50.000 euros. Contra dicha resolución cabe interponer recurso de casación en el plazo de cinco días. La Fiscalía había solicitado imponer al anciano 23 años de prisión.

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas considera como hechos probados que Francisco Cruz Alba contrajo matrimonio con su mujer, con la que tuvo cuatro hijas, a las que "en todo momento sometió a su total control generando una situación de miedo y dominación constante en ellas". Así, señalan que el octogenario, sometió a su fallecida esposa durante los 56 años que duró su matrimonio a un "trato degradante y vejatorio consistente en dirigirle incluso en presencia de sus hijas expresiones como "tonta", "ignorante" y "vieja arrugada" y propinarle puñetazos o agarrarle fuertemente por el cuello".

Las amenazó con "rajarlas"

Del mismo modo, en diversas ocasiones, les dijo a su mujer y a sus hijas que "iba a matarlas y, de hecho, siendo éstas aún pequeñas, huyeron del domicilio familiar dado que Francisco les dijo que si al regresar estaban aún allí las rajaría". Todo ello después de que, por un pequeño incidente en la casa, arrojase una botella de vino a la cabeza de su mujer, si bien no llegó a golpearla al poder esquivarla. En otras ocasiones fueron sus hijas las que sufrieron, de forma reiterada, los golpes a manos de su padre y de hecho una de ellas, en una ocasión por lo menos, fue golpeada por él mediante el uso de un cinturón y de una zapatilla. "En todo momento el acusado les advertía que si el barco se hundía se hundía toda la tripulación y usaba expresiones tales como: "os voy a matar a todas, os voy a rajar a todas", con el fin de crear en su esposa e hijas un estado de temor constante, que incluso hoy se mantiene en algunas de sus hijas", añade la sentencia.

La Sala sostiene que este tipo de situaciones "se repitieron constantemente aún cuando las hijas terminaron por abandonar el domicilio familiar y el matrimonio se trasladó a Málaga, teniendo que refugiarse la mujer, víctima de nuevas agresiones y expresiones como las relatadas, en varias ocasiones en casa de sus hijas, huyendo de su marido". No en vano, en la Semana Santa del año 2001, y también como consecuencia de una discusión conyugal, el acusado, tras insultarla y propinarle diversos golpes, "cogió a la mujer por el pelo, la arrastró escaleras abajo y retorciéndole las manos le dijo: "Más daño te voy a hacer"". Tras ello, y una vez que acudió al domicilio la policía --avisada por una de las hijas con la que su madre había podido hablar brevemente mientras estaba encerrada en su dormitorio-- la mujer abandonó la casa y se trasladó a Las Palmas de Gran Canaria con la finalidad de interponer la oportuna demanda de divorcio, algo que finalmente no hizo ante las promesas de cambio de Francisco Cruz.

Tras regresar la mujer a Málaga el acusado mantuvo su conducta, verbal y físicamente, hacia su esposa hasta que, en los primeros meses del año 2006, y tras un nuevo altercado, la mujer aprovechó que la había dejado sola en el dormitorio unos instantes, abandonó la casa dirigiéndose primero a una pensión y después a Palma de Mallorca donde vivía otra de sus hijas, cuyo domicilio era desconocido por su padre y donde se presentó "muy delgada, con una importante depresión y con magulladuras".

Una tragedia

En esos momentos el acusado inició su búsqueda acudiendo a la policía, a la que dijo que su mujer, que "era muy fea y que ni para puta servía", le había abandonado, y llamando, de forma constante y diaria, en varias ocasiones, a sus hijas a quienes, reclamaba información de su paradero afirmando que si no regresaba con él "iba a ocurrir una tragedia". Posteriormente, la mujer viajó a Las Palmas de Gran Canaria debido a que el marido de una de sus hijas estaba muy enfermo y contactó con Francisco Cruz Alba haciéndole saber que su yerno había fallecido.

El acusado, de inmediato, cogió un vuelo a Gran Canaria y una vez aquí, ya en el velatorio, comenzó a reclamarle que volviese con él diciéndole que "no podía vivir" sin ella. Finalmente, y aunque en un principio pasó la noche en casa de una de sus hijas logró trasladarse hasta la de otra, donde dormía su esposa. Sobre las nueve de la mañana del día 10 de abril de 2006, tras salir de la casa su hija para efectuar gestiones relacionadas con el fallecimiento de su esposo, el acusado inició una conversación en el jardín con su mujer, a resultas de lo cual lloriqueaba a su nieto ante las condiciones impuestas por su abuela para retomar la relación.

Dijo que ella le había "despreciado"

En un momento dado, el anciano "cogió un cuchillo, de unos ocho centímetros de hoja, y, con la finalidad de acabar con su vida, se lo clavó fuertemente en el tórax a su mujer atravesándole el corazón". Aunque la mujer fue intervenida quirúrgicamente en un centro hospitalario de la capital grancanaria falleció una hora después como consecuencia de las lesiones ocasionadas por el acusado. La víctima, antes de morir, pudo llamar a su nieto, que se encontraba en la cocina, al que dijo: "Me ha clavado un cuchillo" viendo en ese momento a su abuelo Francisco Cruz Alba con el cuchillo, ensangrentado, en la mano, arma que le arrebató. Mientras trataba de auxiliar a su abuela lo oía decir: "Ves como no podía vivir sin ti" y cómo a otra persona que acudió al lugar, una vez que le preguntó la razón por la que la había apuñalado, le respondió que "lo había despreciado".

La Sala estima en su sentencia que el acusado, presenta un cuadro pre-demencial, con una personalidad "muy machista que ha ido incrementándose con la edad, con una personalidad desestructurada pero sin que ello llegue a afectar, de alguna forma, a sus capacidades cognoscitivas o volitivas".

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