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LA DESAPARICIÓN DE MARÍA PUY PÉREZ

El confesor que necesitaba el asesino de Mª Puy

Las relaciones personales de José Mª Morentin eran nulas. Le rechazaban familia, vecinos, amigos. La Policía Foral creyó que una persona tenía que acercarse a él, escucharle. Y pensó en un agente. Tras meses de encuentros, le ha confesado el crimen

Actualizada Viernes, 26 de junio de 2009 - 12:37 h.
  • LAURA PUY MUGUIRO . PAMPLONA

EL policía abandonó la estancia durante un segundo para pronunciar la frase esperada en los últimos ocho meses. "Me ha dicho que mató a María Puy y que la enterró en Sesma", dijo a sus compañeros de Investigación de la Policía Foral. El lunes, José Mª Morentin Duarte, la ex pareja de María Puy Pérez Ezpeleta, cerraba con su confesión la incógnita de qué había ocurrido con la vecina de Estella.

Sus palabras en la comisaría de Pamplona no eran fruto del azar ni del cansancio por llevar detenido desde el sábado tras haber protagonizado un altercado en Lodosa. Eran fruto del trabajo de aquel policía, de las numerosas llamadas de teléfono y encuentros mantenidos desde enero, tantos que el policía se convirtió en su confesor, tal vez el que Morentin necesitaba para decidirse a hablar. "Morentin siempre ha sabido que era policía, que no estaba con él para ser su amigo", cuentan fuentes cercanas a la investigación.

Empatizar con Morentin

Y supo que era policía desde el primer contacto, telefónico. El agente había participado en los interrogatorios de octubre, cuando fue detenido por los únicos cargos que había contra él (uno, incumplir la orden de alejamiento y estar con María Puy), y le telefoneaba al salir Morentin de la cárcel, en enero. "Mira, éste es mi número de móvil. Si necesitas algo, me llamas", le dijo el agente. Los responsables del Área de Investigación se habían dado cuenta de que necesitaban a alguien que se acercara a él. "Sus relaciones personales eran nulas". Su familia, sus vecinos, su entorno, le rechazaban. No se relacionaba con nadie, no tenía el amigo con quien hablar. Y pensaron que esa persona fuera un agente. Se fijaron en este policía porque, con sus habilidades personales, podía empatizar con Morentin, "mantener un "feeling"". Tenían aficiones similares, "cosas de coches, motos, buceo", y eso también podía ayudar a que Morentin se relajara. "El agente se lo tomó como un reto. Podía ocurrir que no diera resultado, pero también que surgiera un indicio de dónde buscar a María Puy, que era el objetivo: saber dónde estaba". Había un riesgo: que Morentin siguiera con sus versiones varias y no saliera nada claro de allí.

Pero Morentin "encontró en el agente a la única persona que le escuchaba, con la que relacionarse, pues no tenía con quién hacerlo". De enero a este lunes, la relación evolucionó, de muy esporádica al inicio hasta casi diaria al final. La mayor parte de aquellos encuentros, "para tomar un café, para dar un paseo", fueron vigilados, "por precaución".

Conversaron de múltiples cosas, de temas económicos, de compraventa de bienes... "Hasta que los sentimientos empezaron a aflorar". No era la primera vez que Morentin manifestaba que se acordaba mucho de María Puy cuando el agente comenzó a convencerle de que "tenía que quitarse ese peso de encima", decirle dónde estaba la mujer, por lo que contaba que la quería, por lo religioso que era ("hablaba mucho de Dios"), por la familia de María Puy, por lo tranquilo que se iba a quedar. "Se trataba de aprovechar los momentos vulnerables para convencerle de que hablar iba a ser para él un alivio".

En el último mes, el policía creyó que tal vez confesara. Que fuese antes o después iba a depender de un detonante. "Faltaba ese algo para que hablara". Y llegó la detención del sábado en Lodosa, "el detonante". Los compañeros del agente llegaron a pensar si la confesión era una nueva versión. Pero el policía había pasado ya muchas horas con él en seis meses y sabía que era la realidad.

Dos agentes trabajando en torno a una de las fosas en las que han aparecido restos humanos. MONTXO A.G.


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