Cuatro años tenía Isaac Albéniz (1860-1909) cuando debutó en público en el Teatro Romeo de Barcelona. Una parte del público protestó ruidosamente. Aquello tenía que tener gato encerrado, un niño tan pequeño no podía ser tan virtuoso al piano. Pero lo era. Albéniz es uno de los grandes compositores y pianistas más virtuosos de la historia de la música española. Se le compara con Chopin, Liszt (de quien fue alumno) o Ravel. Vivió en Bruselas, Londres, París, Madrid, Barcelona... pasó por todos esos lugares como una esponja musical. Ya tenía toda una fortuna a los 23 años. Aquejado de nefritiws crónica, se retiró en 1908 a Cambo-les-Bains, en el sur de Francia, donde murió un año después.
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